Las cartas de amor todavía se escriben
¿Por qué se nos hace necesario hablar hoy de amor? ¿Qué secreto no termina de decirse allí cuando insistimos en susurrar una palabra que lo exprese? ¿Cuáles son las razones por las que, pese a estos tiempos signados por los "amores líquidos", la palabra de amor insiste en decirse?
22 Abril 2012 Seguir en 

Las cartas de amor de hombres y mujeres célebres (como las firmadas con sangre de Lugones a Emilia Cadelago; las de Napoleón a Josefina; las apasionadas de Henry Miller a Anais Nin; las melancólicas de Kierkegaard a su amada Regina; las de Gala, primero a Paul Eluard y, luego, a Dalí; las de Oscar Wilde a su amado Lord Alfred Douglas, y tantas otras), publicadas la mayor parte de las veces contrariando el deseo de intimidad de quienes las escribieron, dan testimonio y vienen a decir de esa necesidad de escritura y poesía que el amor tiene.
Cartas de amor enviadas hoy por hombres y mujeres comunes, en este nuevo lenguaje de signos y abreviaturas escritas en los e-mails de las computadoras o en breves mensajes de texto de teléfonos celulares; susurros de amor dichos al oído a través de la ensordecedora música en los boliches; poemas que siguen cantando al amor, vienen a confirmarnos que, todavía hoy, la carta de amor es necesaria.
La palabra de amor pide decirse, pide expresar esa conmoción del cuerpo y del alma, esa vibración, esa resonancia que se produce entre dos que se aman, y que en ese amor encuentran esa inexplicable sensación de ser uno. El amor es ante todo una palabra que viene a decir de lo imposible, de esa imposible conjunción del sujeto y el cuerpo. Jacques Lacan dice que es imposible una relación de complementariedad de un sexo con el otro y que el amor viene a suplir ese imposible.
Amor y plagio
Las cartas de amor no cesan de escribirse. Estas cartas, "informes de la ausencia" según nos dice Benedetti, promesas de encuentro, intentos de atrapar lo inalcanzable del otro, se escriben cuando el corazón es alcanzado por la poesía haciendo que las palabras aparezcan donde antes no existían. ¿Qué viene a enseñarnos la carta de amor acerca del amor?
En El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármeta, Mario le confiesa a Neruda que está enamorado de Beatriz y le pide que le ayude a seducir a su enamorada, porque no le salen las palabras. El poeta le regala sus obras y Mario acude a esas palabras para hablarle a su amada. La carta de amor es un poema y es de quien lo usa, por eso no es plagio. ¿Quién, en su adolescencia, no usó algún poema prestado para enviar a su amado o amada? Aún recuerdo cuando salíamos en grupo con alguna rima de Becquer en el bolsillo para usarla si es que la situación se presentaba, o cuando le pedíamos a algún amigo, el que tenía más "labia", que hablara por teléfono o escribiera en nuestro nombre a alguna chica que nos "volvía locos".
Es la poesía la que habita al enamorado. Palabras nuevas, signo inequívoco de la irrupción del amor, fluyen en el intento por alcanzar el ser del Otro. Los latidos apresurados del corazón, la respiración agitada, el estómago que se cierra, dan testimonio de la inminencia del encuentro con el objeto que busca decirse en las palabras de amor.
En la obra del escritor francés Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac es un cortesano diestro con la espada y presto para el combate. Personaje noble capacitado para la oratoria y la persuasión amorosa, poseía además una enorme nariz. Roxana, la mujer a quien ama Cyrano, en realidad ama a Cristian, quien a su vez la ama, pero no puede escribir su carta de amor. "Soy muy torpe, y la vergüenza me mata", confiesa. Cyrano le propone prestarle su locuacidad, escribirle su carta de amor, a cambio de la belleza de Cristian. "Yo seré la inspiración que te falta, tu serás la belleza que no tengo". En un encuentro, Roxana le dice a Cristian "Tu alma ha vencido a tu belleza; ahora sólo te quiero por tu alma… Ahora adoro la belleza que no veo… pero que anida en ti". Es el alma de su amado lo que quiere poseer el enamorado.
El amor y el analista
¿Por qué nos interesamos los analistas en el amor? Por una parte nuestros analizantes no hacen más que hablar en sus análisis de sus cuestiones con el amor. Sus frustraciones y fracasos, las alegrías y tristezas de sus aventuras amorosas, sus encuentros y desencuentros están siempre presentes en el discurrir de los sujetos en el diván. Además, Freud situó desde los comienzos al amor de trasferencia como el motor y el obstáculo en la cura. Amor al analista que viene a reproducir en la escena del análisis los modos de amar y los conflictos con el amor que cada sujeto sostiene en su vida.
¿Cómo responde el analista frente a la demanda de amor? La regla de abstinencia sostiene el despliegue del "no hay relación sexual". El analista conducirá el análisis a la revelación de que cada amor despliega esa suplencia imposible de la relación sexual. En el final del análisis se produce, una caída del amor. En cuanto cae el amor ahora "soy esto", sin semblantes ni apariencias. Al final el sujeto dedica su vida a hacer algo con "eso", a inventar sus recursos, a buscar en la vida los objetos que lo causan, y algunas veces a encontrar en la contingencia de la vida alguna persona que logre que, una vez más, se escriba una carta de amor.
© LA GACETA Alfredo Ygel - Psicoanalista, profesor de la Facultad de Psicología de la UNT, miembro del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán.
Cartas de amor enviadas hoy por hombres y mujeres comunes, en este nuevo lenguaje de signos y abreviaturas escritas en los e-mails de las computadoras o en breves mensajes de texto de teléfonos celulares; susurros de amor dichos al oído a través de la ensordecedora música en los boliches; poemas que siguen cantando al amor, vienen a confirmarnos que, todavía hoy, la carta de amor es necesaria.
La palabra de amor pide decirse, pide expresar esa conmoción del cuerpo y del alma, esa vibración, esa resonancia que se produce entre dos que se aman, y que en ese amor encuentran esa inexplicable sensación de ser uno. El amor es ante todo una palabra que viene a decir de lo imposible, de esa imposible conjunción del sujeto y el cuerpo. Jacques Lacan dice que es imposible una relación de complementariedad de un sexo con el otro y que el amor viene a suplir ese imposible.
Amor y plagio
Las cartas de amor no cesan de escribirse. Estas cartas, "informes de la ausencia" según nos dice Benedetti, promesas de encuentro, intentos de atrapar lo inalcanzable del otro, se escriben cuando el corazón es alcanzado por la poesía haciendo que las palabras aparezcan donde antes no existían. ¿Qué viene a enseñarnos la carta de amor acerca del amor?
En El cartero de Neruda, la novela de Antonio Skármeta, Mario le confiesa a Neruda que está enamorado de Beatriz y le pide que le ayude a seducir a su enamorada, porque no le salen las palabras. El poeta le regala sus obras y Mario acude a esas palabras para hablarle a su amada. La carta de amor es un poema y es de quien lo usa, por eso no es plagio. ¿Quién, en su adolescencia, no usó algún poema prestado para enviar a su amado o amada? Aún recuerdo cuando salíamos en grupo con alguna rima de Becquer en el bolsillo para usarla si es que la situación se presentaba, o cuando le pedíamos a algún amigo, el que tenía más "labia", que hablara por teléfono o escribiera en nuestro nombre a alguna chica que nos "volvía locos".
Es la poesía la que habita al enamorado. Palabras nuevas, signo inequívoco de la irrupción del amor, fluyen en el intento por alcanzar el ser del Otro. Los latidos apresurados del corazón, la respiración agitada, el estómago que se cierra, dan testimonio de la inminencia del encuentro con el objeto que busca decirse en las palabras de amor.
En la obra del escritor francés Edmond Rostand, Cyrano de Bergerac es un cortesano diestro con la espada y presto para el combate. Personaje noble capacitado para la oratoria y la persuasión amorosa, poseía además una enorme nariz. Roxana, la mujer a quien ama Cyrano, en realidad ama a Cristian, quien a su vez la ama, pero no puede escribir su carta de amor. "Soy muy torpe, y la vergüenza me mata", confiesa. Cyrano le propone prestarle su locuacidad, escribirle su carta de amor, a cambio de la belleza de Cristian. "Yo seré la inspiración que te falta, tu serás la belleza que no tengo". En un encuentro, Roxana le dice a Cristian "Tu alma ha vencido a tu belleza; ahora sólo te quiero por tu alma… Ahora adoro la belleza que no veo… pero que anida en ti". Es el alma de su amado lo que quiere poseer el enamorado.
El amor y el analista
¿Por qué nos interesamos los analistas en el amor? Por una parte nuestros analizantes no hacen más que hablar en sus análisis de sus cuestiones con el amor. Sus frustraciones y fracasos, las alegrías y tristezas de sus aventuras amorosas, sus encuentros y desencuentros están siempre presentes en el discurrir de los sujetos en el diván. Además, Freud situó desde los comienzos al amor de trasferencia como el motor y el obstáculo en la cura. Amor al analista que viene a reproducir en la escena del análisis los modos de amar y los conflictos con el amor que cada sujeto sostiene en su vida.
¿Cómo responde el analista frente a la demanda de amor? La regla de abstinencia sostiene el despliegue del "no hay relación sexual". El analista conducirá el análisis a la revelación de que cada amor despliega esa suplencia imposible de la relación sexual. En el final del análisis se produce, una caída del amor. En cuanto cae el amor ahora "soy esto", sin semblantes ni apariencias. Al final el sujeto dedica su vida a hacer algo con "eso", a inventar sus recursos, a buscar en la vida los objetos que lo causan, y algunas veces a encontrar en la contingencia de la vida alguna persona que logre que, una vez más, se escriba una carta de amor.
© LA GACETA Alfredo Ygel - Psicoanalista, profesor de la Facultad de Psicología de la UNT, miembro del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán.







