"En las plataformas digitales están las formas más interesantes de expresión"

Su blog Ciega a citas tuvo 2,5 millones de visitas, se transformó en un exitoso libro y en una comedia televisiva que llegará a 44 países. ¿Cómo trabaja esta talentosa y joven escritora que dio a luz sus primeros textos en Internet?

VERSATIL, PERO OCUPADA. Si tuviera tiempo tendría tres identidades más, pero por ahora no puedo -confiesa Aguirre-. Ya las voy a tener.... BLOG.FUNDACIONTEM.ORG VERSATIL, PERO OCUPADA. "Si tuviera tiempo tendría tres identidades más, pero por ahora no puedo -confiesa Aguirre-. Ya las voy a tener...". BLOG.FUNDACIONTEM.ORG
08 Abril 2012

Por Hernán Carbolen

PARA LA GACETA - SALTO (PROVINCIA DE BUENOS AIRES).

- En Bestiaria, tu primer blog, trabajabas con los estereotipos de mujeres. Después se convirtió en tu primer libro. ¿Ese fue tu despegue, lo que te puso en conocimiento de la gente?
- Se podría decir que sí, pero también es lo primero que publiqué (tanto en internet como en papel). Pero todos los autores llegan a sus lectores cuando sacan las cosas del cajón y publican, en el formato que fuere, ¿no? Es la única manera. También Ciega a citas fue la primera ficción. El efecto Noemí es la primera novela. Siempre que cambiás, te presentás de nuevo.

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- Ciega a Citas, tu blogonovela, también se transformó en libro y se hizo una versión para la televisión, también muy premiada. Vos sos guionista, así que ese paso no te debe haber costado tanto. ¿Cómo trabajás las diferencias de uno y otro formato, en vista de la versatilidad de tus varias ocupaciones?
- Yo escribí el blog, luego lo adapté para el libro, y cuando llegó la serie no quise intervenir en los guiones. Yo ya estaba escribiendo El efecto Noemí y otras cosas; me había hecho pasar por el personaje de Ciega a citas casi dos años, era una etapa superada en aquel momento. Me gustó mucho el trabajo de los actores y los primeros capítulos, que eran muy redonditos. Creo que estuvo bien, ¿no? Creo que después, para mí, se cometieron errores graves de estructura que dañaron la intensidad y la verosimilitud de la historia. Pero en televisión pasa muchísimo, yo ya sabía que era una posibilidad muy grande. Las tiras diarias sufren mucho esas cosas.

- Vos estás muy integrada a los cambios en la escritura que le debemos a la tecnología. Lo que se podría llamar el "efecto Casciari".
- Empecé a escribir con internet, quizás por eso nunca lo entendí como un formato de segunda para quienes no podían acceder al papel, sino como la posibilidad de hacer cualquier cosa. Me gusta tanto que yo escribo cosas en internet que me niego a editar como libro porque me parece que están mejor ahí, en la red. También me gusta mucho leer online. Creo que en las plataformas digitales hoy están las formas más interesantes de expresión, las estéticas más nuevas, y los mejores contenidos. Muchos todavía no lo ven, como no lo vieron en los blogs hasta que algunos escritores consagrados se abrieron uno. Es triste, pero muchos necesitan que venga alguien de afuera a legitimarles todo.

- ¿Cuánto tiempo te lleva estar frente al monitor? Porque imagino que lo debés hacer para trabajar, para escribir, para corregir, subir los posteos...
- Soy bastante organizada para escribir. Escribo todos los días, de lunes a lunes, incluso en vacaciones, pero a la mañana siempre me dedico a hacer trámites (respondo e-mails, voy al banco, a la peluquería, al supermercado). Después como con mi marido y me pongo a escribir hasta las siete u ocho. En ese lapso de tiempo quizás trabajo bien o mal, nunca se sabe, pero yo estoy frente a la computadora sí o sí. Estoy con una película diez días, la dejo descansar y escribo una miniserie, entrego unos capítulos y mientras los leen y me hacen una devolución vuelvo a la película. Y una vez por semana escribo columnas y notas para ese mes. Cuando tengo demasiado trabajo, escribo todo el día. A veces, cada tanto, me rateo y me voy a la peluquería o al cine. Vivir de escribir es un privilegio en ese sentido. Soy muy libre.

- ¿Por qué a veces escribís con tu nombre real y otras veces con seudónimo?
- Me gusta muchísimo escribir con seudónimo. De hecho, Ciega a citas no fue mi única vez ni el blog mi único formato. Lo sigo haciendo y es una de las cosas que más me divierten. Si tuviera tiempo tendría tres identidades más, pero por ahora no puedo. Ya las voy a tener…

- Trabajás para agencias de publicidad, productoras audiovisuales y para varios medios gráficos y virtuales. ¿Sos un paradigma del freelancismo? - No sé si soy un paradigma pero es lo que siempre quise y planeé. Yo quería vivir de escribir en mi casa, en jogging, con la gata al lado. Escribo muchas cosas diferentes porque soy curiosa y todo me interesa, sí, pero también porque si viviera sólo del cine o sólo de los libros tendría una economía muy inestable. Hacer muchas cosas diferentes me permite ser libre. No hacer nada que no me guste, no pedirle nada a nadie, no tener que hacer lobby, ni sonreírle a quien no le quiero sonreír. Si algo no me gusta, agarro mis cosas y me voy, porque siempre tengo proyectos.

- En tu primera novela, El efecto Noemí, jugás ya no con los estereotipos de mujeres, sino con patrones y paradigmas de la masculinidad. ¿Te divertiste escribiéndola? ¿Cómo fue para vos meterse en el formato "tradicional" de la novela?
- Me divertí y sufrí mucho. Las dos cosas. No planeé escribir sobre hombres como antes tampoco planeé hacerlo sobre mujeres. Se me ocurrió esa historia y pensé en la forma más eficaz de contarla. Pero si hubiera sido mejor desde el punto de vista de un perro, lo hubiera hecho. Yo no suelo pensar en temas sino en historias puras, acciones, imágenes, personajes. Los guionistas no somos personas abstractas. © LA GACETA

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FRAGMENTO DE BESTIARIA

Por Carolina Aguirre

Roberto Arlt contó una vez que su padre lo castigaba de una forma terrible: cuando se portaba mal, en vez de zurrarlo de inmediato, le avisaba que le iba a pegar a la mañana siguiente y lo mandaba a dormir. Esta advertencia, que a primera vista parecía civilizada, implicaba un doble castigo, porque prolongaba de forma anticipada la golpiza, transformando la vigilia en un oscuro pasillo hacia el desastre.

Cada vez que tengo una clase de gimnasia por la noche, todo el día me acecha el mismo fantasma que a Kafka antes de irse a dormir. Las imágenes del gimnasio me persiguen como una nube gris. Desde que me despierto hasta que el reloj me avisa que es hora de ponerse las zapatillas, sólo pienso en una cosa: cuánto tiempo de libertad me queda hasta la clase.

Yo odio el gimnasio, aunque tenga que ir toda la vida.

Lo odio porque pone en evidencia mi vagancia, mi coordinación defectuosa y mis ganas de tirarme en la cama a atorarme con películas y masitas. Odio a los profesores aceitados que reparten esteroides entre alfeñiques resentidos y pichones de pisteros. Odio a las recepcionistas que les dicen "negri" a las clientas y les hablan como si las conocieran de toda la vida. Odio las bebidas energéticas, la música bolichera, los espejos que cubren las paredes y la cama solar.

Sin embargo, con toda mi bronca y mi pereza, no soy la peor de todas. Estoy un paso más arriba que la gorda caradura, que desaparece después de pagar la cuota, pero un paso más abajo que la gordita chanta, la vieja de madera, la turrita, la ilusa, la atletoide y cualquiera de las golondrinas que se van en abril.



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