La gran villa miseria

El Gobierno ha tomado al BCRA como una oficina más de su dependencia; le sustrae fondos genuinos y le inyecta más deuda. Miguel Ángel Rouco | columnista de DyN

BUENOS AIRES.- Mientras avanza la sanción legislativa de la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central (Cobcra), la comunidad de negocios comienza a manifestar una marcada preocupación por la abrupta caída del precio de los activos argentinos, al tiempo que se intensifica la fuga de capitales como consecuencia de la falta de respaldo de la moneda nacional.
No parece haber una vuelta atrás aun cuando vuelve a soplar viento de cola y la soja supera los U$S 500 por tonelada en Chicago.

"El gobierno cruzó un límite muy peligroso y no debió hacerlo. Esta reforma a la Cobcra es una invitación para la fuga de divisas y para la venta de cualquier tenencia en pesos", explicó un operador extrabursátil. Algo que parecía olvidado en los '70 y '80, la emisión monetaria sin respaldo, vuelve con toda su intensidad y ahora con el sustento legal aunque bajo un manto de ilegitimidad difícil de soslayar. En otras palabras, el gobierno ha tomado al BCRA como una oficina más de su dependencia y al igual que hace con la AFIP, la Anses o el PAMI, le sustrae fondos genuinos y le inyecta deuda que nunca le va a pagar.

El inicio de todo este dislate le corresponde a Néstor Kirchner con su peregrina idea de pagarle al FMI con reservas y luego con el pago a acreedores comunes en 2010 y 2011. Es decir, para el gobierno la deuda con el BCRA, la AFIP, la Anses o el PAMI no es deuda, es simplemente un asiento contable cosmético que nunca se cancelará. Es una serie ininterrumpida de fraudes que tiene como víctimas a los contribuyentes, los jubilados, los trabajadores y en definitiva, a toda la sociedad.

¿Qué pasaría si a un bono de la deuda se le quita la garantía? ¿Cuánto vale ese bono? ¿Es lícito y legítimo hacerlo? ¿Acaso no es un fraude al acreedor? Lo mismo ocurre con los billetes de pesos. Quitar respaldo a los pesos implica un fraude, una estafa a la sociedad argentina que es el acreedor del BCRA porque los billetes de pesos son pagarés que el organismo cancelará a su tenedor. ¿Cuánto valdrán esos pesos sin la garantía de las reservas?
Pero mientras esto ocurre, el gobierno no ceja en su esfuerzo por llevar adelante su empresa más importante que es convertir a la Argentina en una gran villa miseria. El avance sobre el capital privado está generando una fuerte descapitalización bursátil por temor a medidas de cuño autoritario como las sufridas por YPF.

Si a esa pérdida de capital le sumamos la pérdida de valor del signo monetario, nos encontramos que el precio de los activos argentinos está sufriendo una dramática caída en términos reales. De otro modo, hoy los precios de los activos productivos en la Argentina se encuentran a niveles de subasta. Es una tentación para cualquier inversor, la compra de una empresa argentina. Sin embargo, eso no se produce porque los factores de la producción -capital, tierra y trabajo-, han alcanzado valores superlativos, lo cual rehúye a la tentación de invertir en la Argentina.

Para colmo, el cerrojo aplicado a los insumos importados, la carencia de energía, la inseguridad física y la inseguridad jurídica suman más espanto entre los inversores que prefieren colocar su capital en otras playas.
A pesar de los controles fútiles, de tipo "Gestapo Criolla", sin inversión y con el gobierno gastando a un ritmo insostenible, financiado con emisión monetaria, la inflación se va a transformar en hiperinflación, con las lógicas consecuencias de mayor desigualdad y miseria. Las próximas discusiones salariales sólo servirán para blanquear un término de la ecuación que no ha sido considerado y que el gobierno pretende minimizar para lograr otra estafa sobre los salarios.

Todo el trasfondo de la reforma de la Cobcra como antes lo fue de la confiscación de los ahorros previsionales consiste en un modelo de gasto público monumental que ha hecho crisis y que necesita del combustible inflacionario para funcionar.

En la era de los Kirchner, el gasto público se ha duplicado superando en 2012 el 40% del PBI.

El modelo ha hecho crisis y la crisis se empezó a cobrar víctimas: trabajadores, jubilados, capital privado y en definitiva a toda la sociedad. Todos inequívocamente fueron estafados por la administración Kirchner. El costo de esa estafa se traduce en más inflación y más miseria.



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