Pisó la cancha y el estadio se vino abajo

La cancha de Bolívar y Pellegrini pintó una postal que se extrañaba hace tiempo: el público fue a recibir al ídolo Amaya y prometió hacerlo en la hora de la verdad.

POSTALES DE LA PRESENTACIÓN. Amaya entra al campo de juego en el que gritó tantos goles y los hinchas se lo recuerdan. LA GACETA / FOTO DE HÉCTOR PERALTA POSTALES DE LA PRESENTACIÓN. Amaya entra al campo de juego en el que gritó tantos goles y los hinchas se lo recuerdan. LA GACETA / FOTO DE HÉCTOR PERALTA
03 Marzo 2012
"Miren qué locura, miren qué emoción, hoy volvió el 'Tigre' Amaya a La Ciudadela para ser campeón". El grito de los hinchas sacudió la modorra de la siesta en Bolívar y Pellegrini. La fiesta volvió a San Martín. El hincha recuperó la alegría y eso se notó en cada rincón del club.

La llegada a la dirección técnica de uno de los últimos ídolos alteró la rutina y llenó los corazones de una hinchada que desde hace tiempo esperaba un envión anímico así. En La Ciudadela necesitaban una alegría de este calibre. En cada partido en que el equipo jugaba de local podía palparse que, a pesar de los buenos resultados, algo faltaba. La química entre el cuerpo técnico anterior y la hinchada nunca existió, y el clima no era el que se acostumbra a vivir en el "estadio más caliente del país". Ayer volvió el show.

Más de 300 hinchas se dieron cita para presenciar la primera práctica del "Tigre" como DT. Banderas, fuegos artificiales, papel picado y un aliento que no se cortó en ningún momento de la práctica, fueron la escenografía para una tarde distinta y que parecía olvidada en el arcón de los recuerdos. "Si este marco hay en una práctica, no quiero imaginarme lo que será el primer partido del 'Tigre'", dijo un dirigente.

Luego de la presentación ante la prensa, Amaya saltó al campo en compañía de los dirigentes y el estadio se vino abajo. Luciendo la camiseta número "9", que usó en su época de artillero, saludó a sus hinchas y posó para las fotos.

Este golpe de efecto puede resultar crucial en la dura etapa que se avecina. En San Martín saben que todos unidos pueden lograr el objetivo, y más aún si es de la mano del "Tigre", un ídolo que lleva el rojo y el blanco en el corazón.

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