Por Jose Ariel Ibañez 02 Marzo 2012
Buen tipo, humilde y fiel a sus raíces. Así es Miguel Amaya. En su época de jugador fue un delantero temible. Transpiró la camiseta de San Martín, se enamoró del club y lo quieren los hinchas. Como técnico, tiene un largo camino por recorrer pero ya dejó su huella. Los dirigentes se jugaron por él. Apostaron por el cambio. Saben que es la otra cara de la moneda si se lo compara con el DT saliente en todos los aspectos. Pero en La Ciudadela pueden quedarse tranquilos. Si bien en el fútbol nadie tiene la fórmula mágica del éxito, el "Tigre" cuenta con algo a favor: sabe dónde está parado.

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