FELICES. Cuidarle los ojos y los oídos al niño evita llanto y sufrimiento. REUTERS
09 Diciembre 2011 Seguir en 

Soportar las altas temperaturas de la ciudad es uno de los mayores desafíos del verano. Por eso, para aplacar el calor, grandes y chicos suelen optar por disfrutar del río, la pileta y la práctica de deportes y actividades acuáticas. Sin embargo, cuando el ingreso de agua en los oídos es constante, existe riesgo de que se desarrolle una patología conocida como "otitis de la pileta" u "oído del nadador". Esta afección aguda se presenta cuando el agua y la humedad disuelven la capa protectora del oído irritando la piel y facilitando -en el oído externo- el contacto con hongos y bacterias.
No se contagia
Limitar las horas de pileta sería ideal pero es difícil controlar las ansias de los chicos. "Generalmente, la otitis de pileta se presenta en los menores que pasan muchas horas en el agua, debido a la humedad y la maceración de la piel que favorece la aparición de gérmenes típicos de la temporada estival. Debo aclarar que no se trata de una infección contagiosa. La dolencia está estrechamente relacionada con la higiene y la predisposición de cada persona", alerta el otorrinolaringólogo Leopoldo Cordero, consultor del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.
Por su parte, Vicente Diamante, presidente de la Fundación de Otorrinolaringología, director del Centro de Implantes Cocleares (CIC) y miembro de la Sociedad Americana de Otología, explica: "por lo general, el primer indicio es la sensación de tener el oído tapado y la picazón, aunque la principal molestia es el dolor fuerte que se agudiza al masticar o tocar el lóbulo de la oreja. Este estado suele prolongarse de 24 a 48 horas".
Junto con el contagio de piojos y de hongos y con el pie de atleta, el "oído del nadador" conforma el grupo de las llamadas "afecciones estivales" que son sufridas, principalmente, por los niños.
Desarrollo y progresión
Cuando el agua queda atrapada en el canal del oído el conducto se humedece, se hincha y tiende a infectarse, ya que el pH del canal auditivo se modifica. La mayoría de los casos son provocados por bacterias comunes que, con ayuda del agua, crecen y se reproducen provocando la infección.
Entre los principales síntomas y manifestaciones se encuentran el dolor, que puede empeorar si la persona que padece la infección se toca la oreja; la picazón y el drenaje amarillento que se puede ver pero no suele salir al exterior.
Ambos especialistas aconsejaron no utilizar hisopos, ya que no sólo no limpian sino que, además, pueden favorecer el envío de esa sustancia hacia el interior del oído.
En opinión de los expertos, el principal peligro es el abordaje tardío, porque en caso de que la infección sea tratada desde el comienzo -mediante la administración de soluciones óticas y de determinadas medidas de higiene- es posible revertir el cuadro.
Usar alcohol
"Durante el verano -dijo Cordero- es prácticamente imposible tratar de que los chicos no estén en la pileta o que pasen en ella poco tiempo. Por eso, la mejor opción sigue siendo poner en práctica una adecuada higiene posterior de la zona del oído. Hay que utilizar alcohol para evitar la procreación de las bacterias. También es de suma importancia secar muy bien los oídos después de bañarse o nadar y jugar en la pileta o en el río".
Diamante, que también dirige el Instituto Superior de Otorrinolaringología (ISO), explicó: "si la otitis externa no se trata bien, el dolor aumentará y la infección podría hacerse crónica, perforando el tímpano y hasta causando sordera total. De ahí la necesidad de consultar al especialista, que se encargará de iniciar el tratamiento: empezará por la limpieza del conducto, la aplicación de gotas con antibióticos y le administrará algún analgésico en caso de que haya dolor".
No se contagia
Limitar las horas de pileta sería ideal pero es difícil controlar las ansias de los chicos. "Generalmente, la otitis de pileta se presenta en los menores que pasan muchas horas en el agua, debido a la humedad y la maceración de la piel que favorece la aparición de gérmenes típicos de la temporada estival. Debo aclarar que no se trata de una infección contagiosa. La dolencia está estrechamente relacionada con la higiene y la predisposición de cada persona", alerta el otorrinolaringólogo Leopoldo Cordero, consultor del Hospital de Pediatría Juan P. Garrahan.
Por su parte, Vicente Diamante, presidente de la Fundación de Otorrinolaringología, director del Centro de Implantes Cocleares (CIC) y miembro de la Sociedad Americana de Otología, explica: "por lo general, el primer indicio es la sensación de tener el oído tapado y la picazón, aunque la principal molestia es el dolor fuerte que se agudiza al masticar o tocar el lóbulo de la oreja. Este estado suele prolongarse de 24 a 48 horas".
Junto con el contagio de piojos y de hongos y con el pie de atleta, el "oído del nadador" conforma el grupo de las llamadas "afecciones estivales" que son sufridas, principalmente, por los niños.
Desarrollo y progresión
Cuando el agua queda atrapada en el canal del oído el conducto se humedece, se hincha y tiende a infectarse, ya que el pH del canal auditivo se modifica. La mayoría de los casos son provocados por bacterias comunes que, con ayuda del agua, crecen y se reproducen provocando la infección.
Entre los principales síntomas y manifestaciones se encuentran el dolor, que puede empeorar si la persona que padece la infección se toca la oreja; la picazón y el drenaje amarillento que se puede ver pero no suele salir al exterior.
Ambos especialistas aconsejaron no utilizar hisopos, ya que no sólo no limpian sino que, además, pueden favorecer el envío de esa sustancia hacia el interior del oído.
En opinión de los expertos, el principal peligro es el abordaje tardío, porque en caso de que la infección sea tratada desde el comienzo -mediante la administración de soluciones óticas y de determinadas medidas de higiene- es posible revertir el cuadro.
Usar alcohol
"Durante el verano -dijo Cordero- es prácticamente imposible tratar de que los chicos no estén en la pileta o que pasen en ella poco tiempo. Por eso, la mejor opción sigue siendo poner en práctica una adecuada higiene posterior de la zona del oído. Hay que utilizar alcohol para evitar la procreación de las bacterias. También es de suma importancia secar muy bien los oídos después de bañarse o nadar y jugar en la pileta o en el río".
Diamante, que también dirige el Instituto Superior de Otorrinolaringología (ISO), explicó: "si la otitis externa no se trata bien, el dolor aumentará y la infección podría hacerse crónica, perforando el tímpano y hasta causando sordera total. De ahí la necesidad de consultar al especialista, que se encargará de iniciar el tratamiento: empezará por la limpieza del conducto, la aplicación de gotas con antibióticos y le administrará algún analgésico en caso de que haya dolor".







