13 Julio 2003 Seguir en 
En todo el mundo, una de las últimas tendencias del mercado laboral es el aumento de la participación de la mujer en él. Sin embargo, como un efecto no deseado, persiste la falta de equidad: ellas ganan entre un 13% y un 23% menos que los hombres por el mismo trabajo. La pregunta es por qué todavía muchos gerentes prefieren no tomar trabajadoras si, sacando los trabajos que requieren un gran esfuerzo físico, tienen la misma capacidad, inteligencia y productividad que ellos.
En general, las mujeres suelen tener mayores porcentajes de ausentismo, porque son las encargadas de cuidar de la salud de los otros integrantes de la familia. Si el padre, el marido o el hijo se enferman, es ella la que falta para cuidarlos. Ello es así tanto cuando pasa algo menor -un resfriado-, como ante situaciones de verdadera gravedad. Esto no sucede en Estados Unidos, donde se queda en la casa quien tiene un sueldo menor. Si el esposo posee menores responsabilidades laborales que su esposa, es él quien se queda a cuida al hijo enfermo.
Al mismo tiempo y paradójicamente, la excesiva protección legislativa -prevé hasta el día femenino- terminó perjudicándolas. Porque, precisamente, estas ausencias justificadas son la que invocan muchas empresas en los hechos para no pagarles igual que a los hombres.
Además, suele creerse que el de la mujer es el segundo sueldo del hogar. Esto es porque se considera, erróneamente, que el hombre sigue siendo el principal sostén económico. Las cifras demuestran lo contrario: es altísimo el porcentaje de familias donde la cabeza es una mujer, por ser madre soltera, viuda, divorciada, etcétera.
Menor disponibilidad horaria
También se piensa que la mujer es más dispersa y que el hombre se concentra con mayor facilidad. A eso hay que sumarle que, mientras ellos disponen de todo el tiempo para viajar o prolongar las jornadas laborales, ellas tienen que volver al hogar, donde las esperan otras obligaciones. Suele pensarse, además, que no son buenas para los problemas técnicos y sí, en cambio, para ser docentes, investigadoras o vendedoras.
Desde lo psicológico, en general, las mujeres son más pasivas y se sienten culpables con mayor facilidad. Y son más vulnerables y más emocionales en sus respuestas. A ello se añade de que, en muchos casos, tienen un menor compromiso con el trabajo, a diferencia de los hombres, que todo lo supeditan a él.
Lo positivo es que cuando ingresan mujeres a ámbitos estrictamente masculinos aumenta el nivel cultural de una empresa, medido en modales, lenguaje y en las relaciones en general. También son más prolijas, detallistas y minuciosas. Por ello, se las prefiere para el armado de chips o de aparatos tecnológicos de precisión. Son más finas en los movimientos; ellos, en cambio, son de movimientos más amplios, fuertes y torpes.
También tienen más habilidades para las relaciones. Y eso genera mayor cohesión en los grupos mixtos. Además, son perfeccionistas y tienen más paciencia y perseverancia. Y son intuitivas y comprensivas, lo que les facilita las cosas a la hora de enfrentar y manejar conflictos.
El liderazgo femenino creció notablemente. Años atrás sólo un 3% de las empresas tenían mujeres en cargos gerenciales; hoy esa cifra oscila entre un 10% y un 13%. Y eso porque ellas son más democráticas y estimulan la participación de los otros: tienen la capacidad de compartir el poder y la información. Son buenas para motivar a los subordinados y aumentan su autoestima. Además, son más democráticas al tomar decisiones y pueden influir de forma más carismática sobre los otros.
La inserción de la mujer en el mundo de las empresas es positiva porque complementa las habilidades y capacidades del varón. En una organización equilibrada es bueno que haya hombres y mujeres, gente grande y joven. Ni unos ni otros en forma excluyente, porque cada uno aporta desde su experiencia y forma de ver la realidad al progreso de la organización.Graciela Chamut.
Psicóloga laboral-máster en Dirección de Empresas
En general, las mujeres suelen tener mayores porcentajes de ausentismo, porque son las encargadas de cuidar de la salud de los otros integrantes de la familia. Si el padre, el marido o el hijo se enferman, es ella la que falta para cuidarlos. Ello es así tanto cuando pasa algo menor -un resfriado-, como ante situaciones de verdadera gravedad. Esto no sucede en Estados Unidos, donde se queda en la casa quien tiene un sueldo menor. Si el esposo posee menores responsabilidades laborales que su esposa, es él quien se queda a cuida al hijo enfermo.
Al mismo tiempo y paradójicamente, la excesiva protección legislativa -prevé hasta el día femenino- terminó perjudicándolas. Porque, precisamente, estas ausencias justificadas son la que invocan muchas empresas en los hechos para no pagarles igual que a los hombres.
Además, suele creerse que el de la mujer es el segundo sueldo del hogar. Esto es porque se considera, erróneamente, que el hombre sigue siendo el principal sostén económico. Las cifras demuestran lo contrario: es altísimo el porcentaje de familias donde la cabeza es una mujer, por ser madre soltera, viuda, divorciada, etcétera.
Menor disponibilidad horaria
También se piensa que la mujer es más dispersa y que el hombre se concentra con mayor facilidad. A eso hay que sumarle que, mientras ellos disponen de todo el tiempo para viajar o prolongar las jornadas laborales, ellas tienen que volver al hogar, donde las esperan otras obligaciones. Suele pensarse, además, que no son buenas para los problemas técnicos y sí, en cambio, para ser docentes, investigadoras o vendedoras.
Desde lo psicológico, en general, las mujeres son más pasivas y se sienten culpables con mayor facilidad. Y son más vulnerables y más emocionales en sus respuestas. A ello se añade de que, en muchos casos, tienen un menor compromiso con el trabajo, a diferencia de los hombres, que todo lo supeditan a él.
Lo positivo es que cuando ingresan mujeres a ámbitos estrictamente masculinos aumenta el nivel cultural de una empresa, medido en modales, lenguaje y en las relaciones en general. También son más prolijas, detallistas y minuciosas. Por ello, se las prefiere para el armado de chips o de aparatos tecnológicos de precisión. Son más finas en los movimientos; ellos, en cambio, son de movimientos más amplios, fuertes y torpes.
También tienen más habilidades para las relaciones. Y eso genera mayor cohesión en los grupos mixtos. Además, son perfeccionistas y tienen más paciencia y perseverancia. Y son intuitivas y comprensivas, lo que les facilita las cosas a la hora de enfrentar y manejar conflictos.
El liderazgo femenino creció notablemente. Años atrás sólo un 3% de las empresas tenían mujeres en cargos gerenciales; hoy esa cifra oscila entre un 10% y un 13%. Y eso porque ellas son más democráticas y estimulan la participación de los otros: tienen la capacidad de compartir el poder y la información. Son buenas para motivar a los subordinados y aumentan su autoestima. Además, son más democráticas al tomar decisiones y pueden influir de forma más carismática sobre los otros.
La inserción de la mujer en el mundo de las empresas es positiva porque complementa las habilidades y capacidades del varón. En una organización equilibrada es bueno que haya hombres y mujeres, gente grande y joven. Ni unos ni otros en forma excluyente, porque cada uno aporta desde su experiencia y forma de ver la realidad al progreso de la organización.Graciela Chamut.
Psicóloga laboral-máster en Dirección de Empresas







