Déficit de confianza

La economía tiene problemas para arrancar. Los empresarios tucumanos actúan con cautela.

13 Julio 2003
A la economía de Tucumán le cuesta recuperarse. En cambio, los índices nacionales demuestran que al enfermo terminal le empezó a bajar la fiebre y está mejor.
Pero como todavía sigue muy grave, los empresarios tucumanos actúan con cautela, no invierten y esperan. Quieren ver qué pasará con el presidente Kirchner y con el próximo gobierno y por eso apenas ponen plata en inversiones a corto plazo, de rápida recuperación, o en los sectores muy rentables que se llenaron de plata con la devaluación.
Por el momento el dólar está quieto, con tendencia descendente, y las tasas de los plazos fijos se mantienen por debajo del 10%, pero el costo de los créditos se ubica en niveles escandalosos.
Por eso la confianza no se asoma con fuerza y los proyectos se postergan para 2004. Además, sin préstamos accesibles, con desocupación y con bajos ingresos, el consumo no se recupera, para desesperación de Economía, que otorgó aumentos salariales para inyectar y distribuir más dinero.
Sólo la desaparición de los Bocade produjo en Tucumán mágicos cambios en los manejos financieros de las empresas y en los hábitos de consumo de la gente. Los que manejaban papeles pintados en negro para evadir y para hacer negocios, y los asalariados que perdían plata con los bonos, han vuelto a los bancos.
Hay más consultas sobre apertura de cuentas y acerca del manejo de tarjetas para consumir, pero esto beneficia sólo a una reducida parte de la sociedad. El resto está sumergido en penosas situaciones que oscilan entre la pobreza y la más terrible indigencia.
En esta transición la realidad obliga a moverse con prudencia. No es factible que en el corto plazo se produzcan transformaciones de fondo, teniendo en cuenta que están pendientes acontecimientos resonantes como las elecciones de setiembre para renovar diputados y senadores nacionales; el posible acuerdo con el FMI, y el cambio de gobierno.
Las finanzas estatales no presentarán demasiados inconvenientes, pero la situación de la Municipalidad aparece envuelta en incógnitas y en interminables efervescencias políticas.
El mundo gira y la clase dirigente tucumana sólo tiene preocupaciones electorales. Mira para otro lado, como lo marcó el arzobispo Luis Villalba en su homilía.
Estas vacaciones se presentan como un símbolo penoso sobre cómo entró Tucumán al siglo XXI. Miles de turistas son testigos del caos que impera en la ciudad; de los caminos sin señalizar; de la suciedad que se extiende por todos lados y de la pobreza que el gobierno no puede esconder.
Para que la provincia pueda ser catapultada hacia el futuro se necesitan inversiones eficientes, que el sector privado no se achique,y que los funcionarios no se desentiendan de las empresas y de los problemas.
"Privilegian la individualidad egoísta por sobre el bien común", alertó el arzobispo, al exponer sus enormes inquietudes sobre la crisis de la educación.
Hay otros indicios que asustan. En el Encuentro de Responsabilidad Social Empresaria, que reunió a cientos de tucumanos, no aparecieron los políticos.
Los funcionarios demostraron que no les interesa conocer qué piensan y cómo se mueven otros sectores de la sociedad de Tucumán, que son indispensables para coordinar y consensuar políticas y acciones que permitan reflotar a la provincia.

Tamaño texto
Comentarios