Barack Obama no había cumplido un año de vida cuando el mayor mito femenino del siglo XX, Marilyn Monroe, enfundada en uno de esos vestidos que dejaban poco espacio a la imaginación y mucho a la ilusión, le cantara el Cumpleaños Feliz más sensual de la historia al presidente norteamericano, John Fitzgerald Kennedy.
No estaban solos, como tantos aseguran que estuvieron otras veces. Ese 29 de mayo de 1962, en el Madison Square Garden, el festejo por los 45 años del mandatario congregó a 15.000 personas. Entre todos los presentes, se evidenció la gran ausente: la primera dama, Jacqueline Bouvier, no asistió. Derrotada en el campo de la pasión, su desplante fue digno y sin escándalos, propio de plena guerra fría mundial.
La voz mínima de Monroe deslizó la canción de festejo directamente al oído de Kennedy, casi en un susurro. Todos enmudecieron, y lo envidiaron. En ese instante, el Happy birthday mister President quedó inmortalizado. Un año y medio después, no vivía ninguno de los dos protagonistas (nadie recuerda a los 14.998 restantes).
Con 10 meses, Obama gateaba y apenas se animaba a caminar con sus brazos extendidos a los costados, para no caerse. Ahora, 49 años después, sigue a la sombra de Kennedy en cuanto a la generación de una expectativa social y política de cambio en Estados Unidos, entrampado en la lógica del poder institucionalizado, en esa mecánica de una clase política que controla hasta al mismísimo Presidente. Nuevamente, hace equilibrio precario para evitar tocar el suelo. A él, le cantarán el Cumpleaños Feliz tradicional, sin margen para segundas interpretaciones. Y sin punto de comparación, como en tantos otros aspectos.
No estaban solos, como tantos aseguran que estuvieron otras veces. Ese 29 de mayo de 1962, en el Madison Square Garden, el festejo por los 45 años del mandatario congregó a 15.000 personas. Entre todos los presentes, se evidenció la gran ausente: la primera dama, Jacqueline Bouvier, no asistió. Derrotada en el campo de la pasión, su desplante fue digno y sin escándalos, propio de plena guerra fría mundial.
La voz mínima de Monroe deslizó la canción de festejo directamente al oído de Kennedy, casi en un susurro. Todos enmudecieron, y lo envidiaron. En ese instante, el Happy birthday mister President quedó inmortalizado. Un año y medio después, no vivía ninguno de los dos protagonistas (nadie recuerda a los 14.998 restantes).
Con 10 meses, Obama gateaba y apenas se animaba a caminar con sus brazos extendidos a los costados, para no caerse. Ahora, 49 años después, sigue a la sombra de Kennedy en cuanto a la generación de una expectativa social y política de cambio en Estados Unidos, entrampado en la lógica del poder institucionalizado, en esa mecánica de una clase política que controla hasta al mismísimo Presidente. Nuevamente, hace equilibrio precario para evitar tocar el suelo. A él, le cantarán el Cumpleaños Feliz tradicional, sin margen para segundas interpretaciones. Y sin punto de comparación, como en tantos otros aspectos.







