Mubarak se debate entre la Ley del Talión y la compasión
En El Cairo comenzará hoy el juicio penal contra el ex presidente, Hosni Mubarak, acusado de los asesinatos de cientos de manifestantes en las protestas de comienzos de año. La sociedad egipcia está profundamente dividida. Un hijo de Gaddafi prometió seguir combatiendo hasta que Libia esté libre. La paz es un objetivo aún distante en las convulsionadas ciudades sirias.
03 Agosto 2011 Seguir en 
EL CAIRO.- Asesino para unos, anciano enfermo para otros: la sociedad egipcia se muestra dividida ante el proceso que se iniciará hoy en el Tribunal Penal de El Cairo contra el ex presidente, Hosni Mubarak.
"El que ha matado debe morir", afirma Alaa Jaled, que perdió a su hermano gemelo el 27 de enero, en el tercer día de la revuelta popular que forzó la dimisión del mandatario dos semanas después. Al igual que Alaa, casi todos los familiares de los 850 muertos y de los 6.000 heridos durante la revuelta reclaman la aplicación de la ley del Talión.
Mubarak, de 83 años, deberá responder de las acusaciones de corrupción y asesinato, cargo que puede ser castigado con la pena capital. "No estamos seguros de que comparezca ante la Justicia pero, si no lo hace, nos encargaremos de juzgarlo nosotros mismos y entonces no habrá imparcialidad", amenaza Said Zidan.
Salwa Said Hanafi viste de negro, el color del duelo, como otras dos mujeres que se encuentran en la plaza Tahrir, epicentro del movimiento de protesta. Allí se reúnen a diario desde el 8 de julio, fecha en la que se inició una sentada organizada para reclamar, entre otras cosas, que se acelere el proceso contra los altos cargos del antiguo régimen. "Todos los responsables de la muerte de mi hijo deben ser juzgados, pero Mubarak y Adli son los más importantes", remarca.
Habib el Adli era ministro de Interior en el momento de la represión y lo acusan de haber ordenado el despliegue de francotiradores en los techos que rodean la plaza; también será juzgado desde hoy, además de Alaa y Gamal Mubarak, dos hijos del ex Presidente. También comparecerán ante el tribunal seis colaboradores de Adli, y un empresario próximo al anterior Gobierno, Husein Salem, sospechado de blanqueo de dinero, fraude, soborno, estafa y corrupción.
Enfermedad en duda
Las acusaciones contra el ex mandatario no dejan de crear controversia. "Es viejo y está muy enfermo; no es más que uno de los que participaron en la violencia", estima Um Ibrahim, de 62 años.
Las informaciones sobre el estado de salud de Mubarak son contradictorias. Su abogado, Farid el Dib, aseguró en junio que sufría un cáncer de estómago y, luego, que estaba en coma completo, lo que fue desmentido por el hospital de Sharm el Sheij, donde se encuentra Mubarak desde abril, cumpliendo prisión preventiva. Se confirmó que está depresivo y sin apetito, aunque su estado oficial es "relativamente estable".
Otros egipcios echan de menos el pasado. "Antes todo estaba mejor organizado y no había violencia. Gracias a Mubarak, Egipto ha conocido la paz durante 30 años", estima Mona Ahmed, lo que demuestra una cierta disminución del entusiasmo por la revolución y el temor a un nuevo giro en la situación.
Algunos militantes, como Jaled Bu Ali, prefieren hablar del futuro: "el proceso (judicial) no es la solución; hay cosas más importantes, como redactar una nueva Constitución o elegir un nuevo Parlamento". "Que se le juzgue y que se acabe. Queremos volver a nuestra vida normal", pide Sabrin Abi. (AFP)
"El que ha matado debe morir", afirma Alaa Jaled, que perdió a su hermano gemelo el 27 de enero, en el tercer día de la revuelta popular que forzó la dimisión del mandatario dos semanas después. Al igual que Alaa, casi todos los familiares de los 850 muertos y de los 6.000 heridos durante la revuelta reclaman la aplicación de la ley del Talión.
Mubarak, de 83 años, deberá responder de las acusaciones de corrupción y asesinato, cargo que puede ser castigado con la pena capital. "No estamos seguros de que comparezca ante la Justicia pero, si no lo hace, nos encargaremos de juzgarlo nosotros mismos y entonces no habrá imparcialidad", amenaza Said Zidan.
Salwa Said Hanafi viste de negro, el color del duelo, como otras dos mujeres que se encuentran en la plaza Tahrir, epicentro del movimiento de protesta. Allí se reúnen a diario desde el 8 de julio, fecha en la que se inició una sentada organizada para reclamar, entre otras cosas, que se acelere el proceso contra los altos cargos del antiguo régimen. "Todos los responsables de la muerte de mi hijo deben ser juzgados, pero Mubarak y Adli son los más importantes", remarca.
Habib el Adli era ministro de Interior en el momento de la represión y lo acusan de haber ordenado el despliegue de francotiradores en los techos que rodean la plaza; también será juzgado desde hoy, además de Alaa y Gamal Mubarak, dos hijos del ex Presidente. También comparecerán ante el tribunal seis colaboradores de Adli, y un empresario próximo al anterior Gobierno, Husein Salem, sospechado de blanqueo de dinero, fraude, soborno, estafa y corrupción.
Enfermedad en duda
Las acusaciones contra el ex mandatario no dejan de crear controversia. "Es viejo y está muy enfermo; no es más que uno de los que participaron en la violencia", estima Um Ibrahim, de 62 años.
Las informaciones sobre el estado de salud de Mubarak son contradictorias. Su abogado, Farid el Dib, aseguró en junio que sufría un cáncer de estómago y, luego, que estaba en coma completo, lo que fue desmentido por el hospital de Sharm el Sheij, donde se encuentra Mubarak desde abril, cumpliendo prisión preventiva. Se confirmó que está depresivo y sin apetito, aunque su estado oficial es "relativamente estable".
Otros egipcios echan de menos el pasado. "Antes todo estaba mejor organizado y no había violencia. Gracias a Mubarak, Egipto ha conocido la paz durante 30 años", estima Mona Ahmed, lo que demuestra una cierta disminución del entusiasmo por la revolución y el temor a un nuevo giro en la situación.
Algunos militantes, como Jaled Bu Ali, prefieren hablar del futuro: "el proceso (judicial) no es la solución; hay cosas más importantes, como redactar una nueva Constitución o elegir un nuevo Parlamento". "Que se le juzgue y que se acabe. Queremos volver a nuestra vida normal", pide Sabrin Abi. (AFP)







