Debe modificarse el manejo de los asuntos públicos

El reparto de dinero o comida de planes sociales nacionales se hace efectivo de manera bochornosa. (Por Hugo Ferullo).

06 Julio 2003
La crisis social de Tucumán se manifiesta de manera patética en desórdenes colectivos tan graves como la desnutrición infantil, o la aparición de verdaderos basurales que irrumpen de manera más o menos espontánea en distintos puntos de la ciudad. A esto se suma la sospecha más o menos generalizada del funcionamiento de verdaderas mafias que operan en este suelo con relativa impunidad, y en las que parece no faltar la contribución activa, directa o indirecta, de funcionarios estatales.
El reparto de dinero o comida de planes sociales nacionales se hace efectivo de manera bochornosa, siguiendo muchas veces la triste práctica del clientelismo político o dando lugar a la formación de enormes colas que llegan a ocupar virtualmente las 24 horas del día de muchísima gente.
Como la disciplina del trabajo está visiblemente relajada en muchas reparticiones públicas, resulta muy difícil imaginarse a la gestión de gobierno que termina aportando soluciones para estos enormes problemas. Por el contrario, más que solucionarlos, la sensación de buena parte de la población es que el gobierno es parte de muchos de los problemas, y no una parte menor.
Lo que Tucumán necesita del próximo gobierno es un verdadero cambio en la gestión de la cosa pública, capaz de hacer renacer la confianza de la gente en la probidad y la honestidad de los funcionarios más encumbrados de todos los poderes del Estado.

En favor y en contra
El futuro gobierno de José Alperovich cuenta a su favor con su propia promesa de cambio, nacida del reconocimiento explícito de las enormes falencias con que se vienen manejando muchos aspectos de la gestión pública.
Cuenta, además, con la legitimidad indiscutible que le da el claro triunfo en las urnas. Esto lo habilita -y en cierto sentido lo obliga- a liderar las reformas imperiosas para comenzar a salir de esta gigantesca crisis socioeconómica, que minó la confianza pública y redujo al mínimo las prácticas más elementales de las virtudes cívicas básicas.
En su contra figura que debe modificar un estilo de gestión de gobierno cuyos artífices fueron sus reconocidos socios electorales. Es por eso que la sociedad exigirá a la nueva administración la generación no de palabras sino de hechos contundentes. Sólo así podrá confiar en un cambio de rumbo del gobierno provincial, análogo al que el Néstor Kirchner impuso en los primeros meses en la Nación.

Tamaño texto
Comentarios