06 Julio 2003 Seguir en 
No se puede caer en la ingenuidad de pensar que, de un día para el otro, los graves problemas de la economía se pueden superar, sobre todo si se considera la magnitud de la crisis por la que atravesó y atraviesa la Argentina. Pero la realidad es que los principales problemas del país aún no se resolvieron. La tasa desempleo sigue muy alta, el cuadro social no mejoró, no se reestructuró la deuda ni el sistema financiero, no se reformó la estructura tributaria -en una economía que tuvo un abrupto cambio de precios relativos- y tampoco hay un esquema de política económica que dé un marco de mayor certidumbre.
Por otra parte, es difícil pensar que dada la parálisis crediticia la reactivación pueda transformarse en crecimiento sostenido, que es precisamente lo que se necesita de forma imperiosa.
Días pasados se anunció el lanzamiento de líneas de crédito desde el Banco Nación, una forma de instaurar por decreto el desarrollo del crédito. Algo es algo. Pero analizando con detenimiento la situación de las entidades financieras y de la economía en general, se advierte que aún no están dadas las condiciones para que vuelva el crédito bancario de largo plazo que posibilite motorizar la inversión productiva y genere fuentes de trabajo.
Más bonos del Estado
Hoy el sistema bancario afronta el siguiente cuadro: 1) Alta liquidez, que se refleja en la caída de las tasas de interés para colocaciones a plazo fijo. 2) Situación patrimonial indefinida, puesto que falta saber cómo se instrumentarán las compensaciones por la indexación asimétrica y por amparos. A ello cabría agregar que la solución a las compensaciones será otro bono del Estado en situación de quiebra. Un marcado descalce entre lo que devenga la cartera activa y la pasiva.
Hay que recordar que los bancos tienen en su activo un elevado volumen de títulos públicos que devengan CER más una pequeña tasa contra obligaciones, que deben pagarse a tasas de mercado; estas, si bien ahora son bajas, resultan onerosas comparadas con la tasa que generan los activos.
También hay que sumar la elevada morosidad, que en promedio alcanza al 25% del total de la cartera de préstamos. Concentrándose la mayor parte de los problemas de deudas bancarias en las grandes empresas, de las cuales muchas, pese a haber mejorada la situación de caja, están en cesación de pagos.
Sin poder de colocación
Todos los factores enumerados hacen que el sistema tenga una rentabilidad negativa. Con lo cual los bancos tienen que resolver una cuestión esencial: cómo sigue el negocio. Porque pese a tener una buena situación de liquidez no tienen opciones rentables de colocación de fondos.
Se espera que en los próximos meses se incremente la oferta de crédito, pero el problema también está por las condiciones de demanda. Es decir, oferta puede haber, y de hecho habrá más, pero sin adecuarse a los requerimientos de empresas y familias.
La situación laboral es mala -bajos salarios e inestabilidad-, lo que dificulta la demanda de crédito y más a largo plazo. El dilema es cómo sentar bases sólidas para el crecimiento sin crédito y, a la vez, cómo superar la restricción crediticia dada la persistencia de grandes problemas que todavía esperan solución.
El gobierno, para crear un clima de mayor confianza y avanzar con la reestructuración bancaria, creó -por decreto- la Unidad de Reestructuración Financiera, que estará encabezada por el Ministro de Economía. Esto se interpreta como un recorte de la autonomía del Banco Central, puesto que la Carta Orgánica del BCRA atribuye al directorio la facultad de solicitar planes de regularización y saneamiento a las entidades que presenten problemas. Pero dadas las atribuciones de la mencionada unidad se estarían sobreponiendo las funciones.
Problemas estructurales
Tampoco es realista afirmar que las recientes modificaciones introducidas por el BCRA en la norma de capitales mínimos (exige la integración de niveles mínimos de capital teniendo en cuenta distintos tipos de riesgo que asumen las entidades) facilitará el acceso al crédito. En definitiva, los bancos tienen problemas estructurales cuya solución depende de la evolución general de la economía y de la consistencia normativa que se aplique.
Por otra parte, es difícil pensar que dada la parálisis crediticia la reactivación pueda transformarse en crecimiento sostenido, que es precisamente lo que se necesita de forma imperiosa.
Días pasados se anunció el lanzamiento de líneas de crédito desde el Banco Nación, una forma de instaurar por decreto el desarrollo del crédito. Algo es algo. Pero analizando con detenimiento la situación de las entidades financieras y de la economía en general, se advierte que aún no están dadas las condiciones para que vuelva el crédito bancario de largo plazo que posibilite motorizar la inversión productiva y genere fuentes de trabajo.
Más bonos del Estado
Hoy el sistema bancario afronta el siguiente cuadro: 1) Alta liquidez, que se refleja en la caída de las tasas de interés para colocaciones a plazo fijo. 2) Situación patrimonial indefinida, puesto que falta saber cómo se instrumentarán las compensaciones por la indexación asimétrica y por amparos. A ello cabría agregar que la solución a las compensaciones será otro bono del Estado en situación de quiebra. Un marcado descalce entre lo que devenga la cartera activa y la pasiva.
Hay que recordar que los bancos tienen en su activo un elevado volumen de títulos públicos que devengan CER más una pequeña tasa contra obligaciones, que deben pagarse a tasas de mercado; estas, si bien ahora son bajas, resultan onerosas comparadas con la tasa que generan los activos.
También hay que sumar la elevada morosidad, que en promedio alcanza al 25% del total de la cartera de préstamos. Concentrándose la mayor parte de los problemas de deudas bancarias en las grandes empresas, de las cuales muchas, pese a haber mejorada la situación de caja, están en cesación de pagos.
Sin poder de colocación
Todos los factores enumerados hacen que el sistema tenga una rentabilidad negativa. Con lo cual los bancos tienen que resolver una cuestión esencial: cómo sigue el negocio. Porque pese a tener una buena situación de liquidez no tienen opciones rentables de colocación de fondos.
Se espera que en los próximos meses se incremente la oferta de crédito, pero el problema también está por las condiciones de demanda. Es decir, oferta puede haber, y de hecho habrá más, pero sin adecuarse a los requerimientos de empresas y familias.
La situación laboral es mala -bajos salarios e inestabilidad-, lo que dificulta la demanda de crédito y más a largo plazo. El dilema es cómo sentar bases sólidas para el crecimiento sin crédito y, a la vez, cómo superar la restricción crediticia dada la persistencia de grandes problemas que todavía esperan solución.
El gobierno, para crear un clima de mayor confianza y avanzar con la reestructuración bancaria, creó -por decreto- la Unidad de Reestructuración Financiera, que estará encabezada por el Ministro de Economía. Esto se interpreta como un recorte de la autonomía del Banco Central, puesto que la Carta Orgánica del BCRA atribuye al directorio la facultad de solicitar planes de regularización y saneamiento a las entidades que presenten problemas. Pero dadas las atribuciones de la mencionada unidad se estarían sobreponiendo las funciones.
Problemas estructurales
Tampoco es realista afirmar que las recientes modificaciones introducidas por el BCRA en la norma de capitales mínimos (exige la integración de niveles mínimos de capital teniendo en cuenta distintos tipos de riesgo que asumen las entidades) facilitará el acceso al crédito. En definitiva, los bancos tienen problemas estructurales cuya solución depende de la evolución general de la economía y de la consistencia normativa que se aplique.
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