17 Julio 2011 Seguir en 

Microrrelato
LA SEÑAL INVÁLIDA
JULIO RICARDO ESTEFAN
(La aguja de Buffon - Tucumán)
La profusión actual de libros de microrrelatos, subgénero narrativo de antigua data -que tiene como exponentes más divulgados en Hispanoamérica a Augusto Monterroso y Juan José Arreola entre otros, y en Argentina a J.L.Borges, Bioy Casares, Cortázar y Denevi- obliga a quien se aventura a su escritura a cumplir con los requisitos básicos de genuinidad: brevedad, concisión, originalidad e intensidad expresiva. Las características de calidad se emparentan más con los temas tratados, el ingenio y la habilidad para interactuar con el lector, el estilo, el carácter fragmentario de la narración -en la que se sugiere desde la alegoría y el elemento lúdico o el humor al sentido del microrrelato- y la ambigüedad semántica que ayuda a lograr su interpretación.
El libro de microrrelatos que presenta Julio R. Estefan está conformado por 49 unidades, 29 de los cuales -en una primera parte de la obra- están escritos en tercera persona, y los 20 restantes, en primera. En general, cumplen con las características de genuinidad. Los escritos en primera persona cumplen, también en su mayoría, con las características de calidad. Hay excelentes relatos como La señal inválida (localista y enigmático), Crítica, El relato de Eva y Lo fantástico y lo real (fino y reflexivo). Otros cumplen por su vigencia y actualidad, como Espécimen y Tiempos modernos. En cuanto a los primeros 29, hay una diferencia sustancial: algunos son muy buenos, como tres de ellos (Págs. 22, 23 y 24) en los que está presente una intertextualidad con el célebre minicuento de Monterroso ("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"). Cabe destacar el vuelo imaginativo en Laberinto, el humor sardónico en Tributo y la originalidad de Club de escritores. Pero hay otros, como Nueva gramática o Sin verbo I, que, por su carácter simplista, restan en vez de sumar.
Rescato del conjunto la hibridación producida con dichos populares y regionales, cuando Estefan los aborda con oficio, humor escéptico o un final sorpresivo. En ellos hay chispas de un sarcasmo que carnavaliza la solemnidad. En suma, un libro en su conjunto bueno, escrito con oficio y originalidad, pero que se podría haber optimizado realizando algunas simplificaciones de selección.
Horacio Semeraro
© LA GACETA
LA SEÑAL INVÁLIDA
JULIO RICARDO ESTEFAN
(La aguja de Buffon - Tucumán)
La profusión actual de libros de microrrelatos, subgénero narrativo de antigua data -que tiene como exponentes más divulgados en Hispanoamérica a Augusto Monterroso y Juan José Arreola entre otros, y en Argentina a J.L.Borges, Bioy Casares, Cortázar y Denevi- obliga a quien se aventura a su escritura a cumplir con los requisitos básicos de genuinidad: brevedad, concisión, originalidad e intensidad expresiva. Las características de calidad se emparentan más con los temas tratados, el ingenio y la habilidad para interactuar con el lector, el estilo, el carácter fragmentario de la narración -en la que se sugiere desde la alegoría y el elemento lúdico o el humor al sentido del microrrelato- y la ambigüedad semántica que ayuda a lograr su interpretación.
El libro de microrrelatos que presenta Julio R. Estefan está conformado por 49 unidades, 29 de los cuales -en una primera parte de la obra- están escritos en tercera persona, y los 20 restantes, en primera. En general, cumplen con las características de genuinidad. Los escritos en primera persona cumplen, también en su mayoría, con las características de calidad. Hay excelentes relatos como La señal inválida (localista y enigmático), Crítica, El relato de Eva y Lo fantástico y lo real (fino y reflexivo). Otros cumplen por su vigencia y actualidad, como Espécimen y Tiempos modernos. En cuanto a los primeros 29, hay una diferencia sustancial: algunos son muy buenos, como tres de ellos (Págs. 22, 23 y 24) en los que está presente una intertextualidad con el célebre minicuento de Monterroso ("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"). Cabe destacar el vuelo imaginativo en Laberinto, el humor sardónico en Tributo y la originalidad de Club de escritores. Pero hay otros, como Nueva gramática o Sin verbo I, que, por su carácter simplista, restan en vez de sumar.
Rescato del conjunto la hibridación producida con dichos populares y regionales, cuando Estefan los aborda con oficio, humor escéptico o un final sorpresivo. En ellos hay chispas de un sarcasmo que carnavaliza la solemnidad. En suma, un libro en su conjunto bueno, escrito con oficio y originalidad, pero que se podría haber optimizado realizando algunas simplificaciones de selección.
Horacio Semeraro
© LA GACETA







