16 Julio 2011 Seguir en 

"El alcohol, al ser una sustancia que se absorbe y se metaboliza, impacta en el organismo según esta metabolización. En cada persona los efectos son diferentes, y también depende de lo que la persona haya comido, del momento del día y de sus hábitos relacionados con el alcohol", aclara Gustavo Marangoni, médico especialista en alcoholismo, apenas arranca la entrevista. La especificación es para explicar para qué sirven los límites que cada país le pone al consumo de alcohol al volante.
Según el experto, todas esas variables difícilmente puedan transmitirse en una prohibición. Lo que, alrededor de todo el mundo, buscan las leyes de alcoholemia es un término medio para poder acusar o no judicialmente a un conductor que protagoniza un accidente después de haber bebido.
"Hay países que prefieren liberar a un sospechoso y otros apresarlo. Por eso algunos permiten hasta 0,80 gramos de alcohol en sangre, como EE.UU. y otros, como el nuestro, ponen límites a los 0,50. Hay gobiernos que exigen tasa cero de alcohol (Brasil). Cada país legisla de acuerdo con un criterio propio", apunta. El límite que impuso nuestro país es algo intermedio y, según el experto, es imposible de medir en cantidad de tragos. Cada bebida tiene una graduación específica: no es lo mismo tomar cerveza (5% de concentración de alcohol) o vino (12%) que una bebida blanca (42%).
Marangoni sostiene que lo mejor es que la persona que sale en auto no beba nada de alcohol. Sin embargo, cree que buscar una dosis cero de consumo en el conductor a partir de la ley no es viable. "Estudiando las culturas, estilos de vida y las capacidades de aceptación de las normas, entendemos que en nuestra sociedad no daría resultado una ley seca", resalta.
Sinónimo de diversión
La naturalización de la bebida alcohólica es la primera barrera en la lucha contra los accidentes de tránsito que se producen como consecuencia del consumo, aclara. "Para los chicos, alcohol es sinónimo de diversión. Y los adultos no tienen reparo con esas actitudes; la sociedad no cuestiona; al contrario, es permisiva. Esto queda en claro con los típicos mensajes de texto que detallan cómo zafar de los controles de alcoholemia. Los jóvenes no toman para disfrutar de la bebida, como ocurría antes; lo hacen para sentir los efectos", describe. "La consecuencia es lamentable: tenemos altísimos niveles de accidentes", explica.
Según el experto, todas esas variables difícilmente puedan transmitirse en una prohibición. Lo que, alrededor de todo el mundo, buscan las leyes de alcoholemia es un término medio para poder acusar o no judicialmente a un conductor que protagoniza un accidente después de haber bebido.
"Hay países que prefieren liberar a un sospechoso y otros apresarlo. Por eso algunos permiten hasta 0,80 gramos de alcohol en sangre, como EE.UU. y otros, como el nuestro, ponen límites a los 0,50. Hay gobiernos que exigen tasa cero de alcohol (Brasil). Cada país legisla de acuerdo con un criterio propio", apunta. El límite que impuso nuestro país es algo intermedio y, según el experto, es imposible de medir en cantidad de tragos. Cada bebida tiene una graduación específica: no es lo mismo tomar cerveza (5% de concentración de alcohol) o vino (12%) que una bebida blanca (42%).
Marangoni sostiene que lo mejor es que la persona que sale en auto no beba nada de alcohol. Sin embargo, cree que buscar una dosis cero de consumo en el conductor a partir de la ley no es viable. "Estudiando las culturas, estilos de vida y las capacidades de aceptación de las normas, entendemos que en nuestra sociedad no daría resultado una ley seca", resalta.
Sinónimo de diversión
La naturalización de la bebida alcohólica es la primera barrera en la lucha contra los accidentes de tránsito que se producen como consecuencia del consumo, aclara. "Para los chicos, alcohol es sinónimo de diversión. Y los adultos no tienen reparo con esas actitudes; la sociedad no cuestiona; al contrario, es permisiva. Esto queda en claro con los típicos mensajes de texto que detallan cómo zafar de los controles de alcoholemia. Los jóvenes no toman para disfrutar de la bebida, como ocurría antes; lo hacen para sentir los efectos", describe. "La consecuencia es lamentable: tenemos altísimos niveles de accidentes", explica.







