10 Julio 2011 Seguir en 

Después de predicar La Mala Nueva en la ciudad de San Google, Don Quijote de la Web encaminose hacia el Gran Imperio Facebook.
- Es mi deber -reflexionó- alertar al mundo cibernético sobre el peligro de que la Sagrada Internet caiga en las garras despiadadas de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: El Dinero, La Ambición, La Crueldad y El Poder.
Pero aconteció que poco antes de llegar a su destino, fuera interceptado por un extraño gentío que le impedía el paso. Se dieron a conocer como Los Ilustrados Piqueteros, la secta de Los Adoradores del Papel Impreso que luchaba ferozmente por defenderse del avance impetuoso e irreverente de la satánica Red.
-¡Apartaos, fantasmas del pasado, destructores de bosques, alimentadores de polillas!-Ya escuchamos de ti, Quijote Trucho, que sin pudor alguno mancillas el nombre del ilustre Caballero de la Triste Figura -le increpó el jefe de la secta papelera- Tu eres el falso salvador que pretendes evitar lo inevitable: ¡la muerte a esa maldita red que tanto ha dañado a la Humanidad con sus diabólicos encantos y hechicerías embrutecedoras!
Hizo una pausa y le advirtió enérgicamente:
-No permitiremos que pases por aquí. ¡Regresa al Infierno de donde provienes!
Don Quijote realizó un ampuloso gesto de resignación y les dijo.
-Escuchadme. Os pido un favor. Permitidme que os relate una interesante parábola que contiene una adivinanza. Si acertáis con la respuesta me retiro pacíficamente y prometo renunciar a mi prédica para siempre. En caso contrario vosotros despejaréis el camino. ¿Trato hecho?El jefe de Los Ilustrados Piqueteros asintió y Don Quijote les habló como sigue:
-Como ya sabéis, la civilización ha dado a luz un fascinante y revolucionario artefacto de alcance planetario. Es una especie de escenario público donde cualquiera puede escribir lo que le plazca. Desde un delicado poema o una teoría científica hasta las estupideces y groserías más repugnantes.
¡Y no tan sólo escribir, sino también presentar imágenes, algunas, las menos, verdaderas obras de arte y otras totalmente deleznables. Aunque lo más grave es que nada ni nadie puede censurar su contenido con eficacia ni impedir su propagación.
¿Podéis adivinar de qué artefacto tan poderoso y malvado estoy hablando?
Los rostros torvos de la Secta de los Adoradores del Papel tornáronse burlones y respondieron a coro:
-¡De la Maldita Internet, naturalmente!
Don Quijote brincó de alegría al tiempo que les decía apuntándoles con los dos brazos extendidos como espadas:
-¡Ay de vosotros, cavernícolas de mente estrecha. Yo no hablaba de la Web sino de la imprenta, de Gutenberg y de los libros? ¡De esos papeles impresos que fueron tan maltratados y estigmatizados a lo largo de cientos de años! ¡Y ahora vosotros estáis cometiendo el mismo pecado de incomprensión e intolerancia que habéis padecido! ¡Justamente el mismo pecado!Y sucedió que de inmediato Los Ilustres Piqueteros comprendieron, bajaron la cabeza y desordenada y silenciosamente se alejaron avergonzados.
Entonces, Don Quijote de la Web se puso nuevamente en marcha con la mirada en el horizonte donde ya se dibujaba la gigantesca silueta del Gran Imperio Facebook. © LA GACETA
- Es mi deber -reflexionó- alertar al mundo cibernético sobre el peligro de que la Sagrada Internet caiga en las garras despiadadas de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: El Dinero, La Ambición, La Crueldad y El Poder.
Pero aconteció que poco antes de llegar a su destino, fuera interceptado por un extraño gentío que le impedía el paso. Se dieron a conocer como Los Ilustrados Piqueteros, la secta de Los Adoradores del Papel Impreso que luchaba ferozmente por defenderse del avance impetuoso e irreverente de la satánica Red.
-¡Apartaos, fantasmas del pasado, destructores de bosques, alimentadores de polillas!-Ya escuchamos de ti, Quijote Trucho, que sin pudor alguno mancillas el nombre del ilustre Caballero de la Triste Figura -le increpó el jefe de la secta papelera- Tu eres el falso salvador que pretendes evitar lo inevitable: ¡la muerte a esa maldita red que tanto ha dañado a la Humanidad con sus diabólicos encantos y hechicerías embrutecedoras!
Hizo una pausa y le advirtió enérgicamente:
-No permitiremos que pases por aquí. ¡Regresa al Infierno de donde provienes!
Don Quijote realizó un ampuloso gesto de resignación y les dijo.
-Escuchadme. Os pido un favor. Permitidme que os relate una interesante parábola que contiene una adivinanza. Si acertáis con la respuesta me retiro pacíficamente y prometo renunciar a mi prédica para siempre. En caso contrario vosotros despejaréis el camino. ¿Trato hecho?El jefe de Los Ilustrados Piqueteros asintió y Don Quijote les habló como sigue:
-Como ya sabéis, la civilización ha dado a luz un fascinante y revolucionario artefacto de alcance planetario. Es una especie de escenario público donde cualquiera puede escribir lo que le plazca. Desde un delicado poema o una teoría científica hasta las estupideces y groserías más repugnantes.
¡Y no tan sólo escribir, sino también presentar imágenes, algunas, las menos, verdaderas obras de arte y otras totalmente deleznables. Aunque lo más grave es que nada ni nadie puede censurar su contenido con eficacia ni impedir su propagación.
¿Podéis adivinar de qué artefacto tan poderoso y malvado estoy hablando?
Los rostros torvos de la Secta de los Adoradores del Papel tornáronse burlones y respondieron a coro:
-¡De la Maldita Internet, naturalmente!
Don Quijote brincó de alegría al tiempo que les decía apuntándoles con los dos brazos extendidos como espadas:
-¡Ay de vosotros, cavernícolas de mente estrecha. Yo no hablaba de la Web sino de la imprenta, de Gutenberg y de los libros? ¡De esos papeles impresos que fueron tan maltratados y estigmatizados a lo largo de cientos de años! ¡Y ahora vosotros estáis cometiendo el mismo pecado de incomprensión e intolerancia que habéis padecido! ¡Justamente el mismo pecado!Y sucedió que de inmediato Los Ilustres Piqueteros comprendieron, bajaron la cabeza y desordenada y silenciosamente se alejaron avergonzados.
Entonces, Don Quijote de la Web se puso nuevamente en marcha con la mirada en el horizonte donde ya se dibujaba la gigantesca silueta del Gran Imperio Facebook. © LA GACETA







