10 Julio 2011 Seguir en 

Asombrosa productividad la de esta escritora estadounidense: ¡cerca de 50 novelas, además de libros de cuentos, poesía, teatro y otros textos que elevan la suma a cerca de un centenar de volúmenes! Dentro de la alta y sostenida calidad literaria que hace de Joyce Carol Oates (1938), frecuente candidata al Nobel, se establece una jerarquía que nos señala que ¡Mamá! no es una de sus grandes novelas, tal vez porque su perspectiva intimista la hace menos ambiciosa que, digamos, Angel de luz, impecable reescritura -muy siglo XX- de la tragedia de Agamenón y su progenie.
La rica ambigüedad del título en inglés se diluye: Mother, Missing, remite a los dos significados del participio presente missing, que puede tanto adjetivar a lo que se ha perdido como indicar que se extraña a lo que ya no está. No importa: los signos de exclamación del título en español, ¡Mamá!, dan cuenta de una emoción que va más allá de la relación puramente biográfica, que es lo que Oates busca textualizar. Nikki, protagonista y narradora, da cuenta del asesinato de su madre a manos de un delincuente a quien Gwen, la madre victimizada, procuraba ayudar. No es un relato policial: el asesino es identificado y la trama deriva hacia un fascinante encuentro de Nikki con quien fuera su madre, con su familia, con sus relaciones y con la vida en general, esa vida que alberga tanto lo bueno como lo malo y que exige decisiones a cada paso. Decisiones que llevarán a la joven treintañera a encontrarse además consigo misma.
Violencia y muerte
La violencia y la muerte son temas recurrentes en Oates. Esta vez, la conjunción de ambos señala el rumbo metafísico de la cuestión del porqué los buenos han de padecer el mal y han de sucumbir ante él. Y como en la vida real, este dilema no encuentra una respuesta racional satisfactoria, salvo la convicción de que se trata de una realidad que hay que enfrentar y que, tras recoger los restos del naufragio, hay que seguir adelante y construir el refugio que nos dé abrigo en la próxima tempestad.
Con espíritu crítico y aguda capacidad de observación, la autora explora a través de la protagonista, contestataria y poco convencional, los rituales funerarios habituales en su país. El ataúd, por ejemplo: "Es raro ver sólo una cabeza asomando por una reluciente caja de madera. Y los ojos de la cabeza cerrados, de modo que no puedes establecer contacto". Y más adelante, "Después del funeral (?) es natural que los asistentes tengan hambre". Y enumera los manjares que aguardan a los deudos. Todo eso es la superficie, la cara visible del adiós definitivo. Lo profundo, la ausencia, la carencia, vendrán después, cuando Nikki madure su duelo y comience a restar importancia a lo superficial, simbolizado por sus atuendos tipo punk.
¿Es ¡Mamá! una historia iniciática? En rigor, parecería no serlo, ya que la protagonista cuenta lo que le sucede en el año en el que ha cumplido los 31, pero comparte con el bildungsroman clásico el relato de una metamorfosis existencial como resultado de una experiencia crucial.
Envejecer
Oates es cuidadosa en la estructuración del relato, en el manejo de la información que va revelando al lector y es casi obsesiva en la consistencia de la caracterización: sus personajes viven y respiran, y hablan como se espera que hablen (siempre que el lector sea paciente con algunos españolismos que la traducción no puede soslayar). Los personajes se completan a través de contrastes recíprocos, en este caso filtrados por el discurso del personaje central, cuya ironía es la sal y la pimienta de sus observaciones. Su padre, ya fallecido, su madre, su hermana mayor, sus hombres, sus familiares, así como su trabajo, constituyen la trama vital que la ciñe, al tiempo que la define y le da sentido.
Joyce Carol Oates perdió a su mamá de 87 años, de muerte natural, poco antes de escribir esta novela. En una entrevista dijo: "Yo solía pensar que envejecer tenía que ver con la vanidad, pero en realidad tiene que ver con perder gente a la que uno quiere. Las arrugas son algo secundario". © LA GACETA
La rica ambigüedad del título en inglés se diluye: Mother, Missing, remite a los dos significados del participio presente missing, que puede tanto adjetivar a lo que se ha perdido como indicar que se extraña a lo que ya no está. No importa: los signos de exclamación del título en español, ¡Mamá!, dan cuenta de una emoción que va más allá de la relación puramente biográfica, que es lo que Oates busca textualizar. Nikki, protagonista y narradora, da cuenta del asesinato de su madre a manos de un delincuente a quien Gwen, la madre victimizada, procuraba ayudar. No es un relato policial: el asesino es identificado y la trama deriva hacia un fascinante encuentro de Nikki con quien fuera su madre, con su familia, con sus relaciones y con la vida en general, esa vida que alberga tanto lo bueno como lo malo y que exige decisiones a cada paso. Decisiones que llevarán a la joven treintañera a encontrarse además consigo misma.
Violencia y muerte
La violencia y la muerte son temas recurrentes en Oates. Esta vez, la conjunción de ambos señala el rumbo metafísico de la cuestión del porqué los buenos han de padecer el mal y han de sucumbir ante él. Y como en la vida real, este dilema no encuentra una respuesta racional satisfactoria, salvo la convicción de que se trata de una realidad que hay que enfrentar y que, tras recoger los restos del naufragio, hay que seguir adelante y construir el refugio que nos dé abrigo en la próxima tempestad.
Con espíritu crítico y aguda capacidad de observación, la autora explora a través de la protagonista, contestataria y poco convencional, los rituales funerarios habituales en su país. El ataúd, por ejemplo: "Es raro ver sólo una cabeza asomando por una reluciente caja de madera. Y los ojos de la cabeza cerrados, de modo que no puedes establecer contacto". Y más adelante, "Después del funeral (?) es natural que los asistentes tengan hambre". Y enumera los manjares que aguardan a los deudos. Todo eso es la superficie, la cara visible del adiós definitivo. Lo profundo, la ausencia, la carencia, vendrán después, cuando Nikki madure su duelo y comience a restar importancia a lo superficial, simbolizado por sus atuendos tipo punk.
¿Es ¡Mamá! una historia iniciática? En rigor, parecería no serlo, ya que la protagonista cuenta lo que le sucede en el año en el que ha cumplido los 31, pero comparte con el bildungsroman clásico el relato de una metamorfosis existencial como resultado de una experiencia crucial.
Envejecer
Oates es cuidadosa en la estructuración del relato, en el manejo de la información que va revelando al lector y es casi obsesiva en la consistencia de la caracterización: sus personajes viven y respiran, y hablan como se espera que hablen (siempre que el lector sea paciente con algunos españolismos que la traducción no puede soslayar). Los personajes se completan a través de contrastes recíprocos, en este caso filtrados por el discurso del personaje central, cuya ironía es la sal y la pimienta de sus observaciones. Su padre, ya fallecido, su madre, su hermana mayor, sus hombres, sus familiares, así como su trabajo, constituyen la trama vital que la ciñe, al tiempo que la define y le da sentido.
Joyce Carol Oates perdió a su mamá de 87 años, de muerte natural, poco antes de escribir esta novela. En una entrevista dijo: "Yo solía pensar que envejecer tenía que ver con la vanidad, pero en realidad tiene que ver con perder gente a la que uno quiere. Las arrugas son algo secundario". © LA GACETA







