De borrasca a tormenta

Unos U$S 10.000 millones se fueron del país en el primer semestre. En lo que queda del año habrá que pagar U$S 5.000 millones. Miguel Angel Rouco, columnista de DYN.

10 Julio 2011
BUENOS AIRES.- La fuga de divisas se está transformando en un problema para la administración Kirchner. Se calcula que en el primer semestre se fueron unos 10.000 millones de dólares de ahorros de argentinos que vislumbran un sombrío panorama económico poselectoral. Ello a pesar del gran ingreso de dólares por la exportación que a expensas de una demanda internacional de commodities agrícolas, le permite al Gobierno continuar con la fiesta de gasto y el consumo.

Semestre complicado

Sin embargo, el segundo semestre se presenta un poco más complicado. El ingreso de dólares ya no será el mismo porque la cosecha estará embarcada y porque el deterioro de los términos de intercambio están marcando una caída del 13% en un primer semestre excepcional. La salida de dólares se va a acelerar a medida que se acerquen las elecciones por el temor y la incertidumbre. En la proyección anual, algunos analistas están estimando una salida de capitales para todo 2011 superior a los 20.000 millones de dólares. Los vencimientos de la deuda pública obligarán al Gobierno a echar mano nuevamente a las reservas del Banco Central. En la segunda mitad del año, se estima que habrá que pagar unos 5.000 millones de dólares por obligaciones de la deuda.

Mientras tanto, lejos de abogar por una política de desendeudamiento, el Ejecutivo aumenta los pasivos de una forma llamativa. El Tesoro continúa con las exacciones a los distintos organismos del Estado donde ya lleva acumulado, sólo en este semestre, unos 6.000 millones de dólares de deuda. Paralelamente, el Banco Central -la otra ventanilla de la administración Kirchner-, amplió la emisión de Lebac y Nobac hasta llevar el pasivo total a unos 28.000 millones de dólares, que generan unos 3.500 millones de dólares de intereses anuales.

Los ingresos están mostrando que crecen de acuerdo con la dinámica inflacionaria y por la mejora de los precios de exportación -vía retenciones-, a un ritmo del 30%. Esta cifra deflactada muestra un crecimiento de apenas 3 o 4%, muy por debajo de la suba del PBI publicado por el Gobierno que al primer semestre del año muestra una expansión de la economía del 9%.

¿Dónde está la diferencia? En el termómetro de los precios. Con estadísticas oficiales de precios manipuladas, el PBI oficial termina siendo tan ficticio como los índices de precios oficiales. El virtual congelamiento de tarifas y el aumento del consumo obligan a aumentar los subsidios y las importaciones de hidrocarburos para mantener satisfecha la demanda. Esto se traduce en un aumento del gasto del Tesoro. Por otro lado, se van acumulando importantes pasivos contingentes con los proveedores del Estado que en algún momento pasarán a formar fila en las ventanillas del Palacio de Hacienda.

En las provincias

La situación no es menos complicada en las administraciones provinciales, donde los gobernadores siguen a pie juntillas la liturgia kirchnerista y se suman al festival de gastos y subsidios. El gasto público crece a un ritmo anual del 40% y se calcula que el gasto consolidado -Nación+Provincias-, orilla el 50% del PBI, unos 200.000 millones de dólares.

Por caso, y de un decretazo, se decidió aumentar el gasto en casi unos 800 millones de pesos. La burocracia -24 provincias que no alcanzan a cubrir el 40% de sus gastos, 15 ministerios con un millón de empleados públicos más que en 2003-; los subsidios -importación de hidrocarburos cuando en 2001 había autoabastecimiento-, y las prebendas -Fútbol para Todos, LCD para Todos, etc.-, "se comen" la mitad de todo lo que produce el país.

Y los números no son pocos. Esa cifra es la que destinan la mayoría de los países de la Unión Europea que gozan de un standard de vida y de servicios suministrados por el Estado muy superiores a los de la Argentina. En otros términos, la Argentina gasta como Holanda o Bélgica y provee servicios como el Congo o Chad. De vuelta con un aumento del gasto público nominal al 40% anual y una economía que crece en términos nominales al 35%, hay cinco puntos del PBI que deben ser financiados de alguna manera.

Hasta ahora, el Gobierno ha apelado al ahorro -público y privado-, y se lo ha devorado, de la misma manera que destruyó la industria del ahorro, para crear la burbuja artificial del consumo, con la connivencia del sector financiero, a tasas exorbitantes. La destrucción del ahorro conlleva la destrucción del crédito, porque el ahorro de hoy es el crédito de mañana.

Pero esta lógica económica poco le importa a los minúsculos intelectos de la clase política que sólo miran un horizonte electoral. ¿Las futuras generaciones? Poco importa. En todo caso merecerán alguna novela de ciencia ficción para la dirigencia política: El infantilismo al poder.

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