03 Julio 2011 Seguir en 
Recientes noticias revelan la gravedad de la crisis energética, con seria repercusión en las principales agroindustrias del NOA -como la azucarera y citrícola- por los faltantes de gas natural en el período crítico invernal de cada año. Si rescatamos las estadísticas de la Secretaría de Energía observamos la disminución progresiva de las reservas de gas, con una proyección que avizora serias dificultades de provisión para dentro de 10 a 12 años, que hoy se suplen con crecientes importaciones tanto de gas natural como licuado. La provisión de gas de los pozos del NOA no alcanzan y por ello se recurre a la importación desde Bolivia, que suministra casi un 25% de las necesidades regionales (se ubican entre 22 y 23 millones de m3/día). Pero hay un detalle importante: el gas de Bolivia viene con una tarifa preferencial, por debajo del precio internacional. El día que se ajusten esos valores, los aprietos de nuestras industrias serán mayores.
Durante la zafra 2010, los ingenios consumieron 100.560.000 m3/año de gas natural, lo que incluye molienda y destilerías. Pero es importante destacar la fuerte baja en el consumo de este combustible -producto de inversiones en nuevas calderas y mejor tecnología-, lo que permitió bajar desde los 180 millones de m3/año en 2000, a 173 millones en 2006, luego a 160 millones en 2007, pasando a 120 millones en 2009 y llegar a los 100 millones aludidos para 2010. Es decir, el consumo de gas natural mermó un 45.5% en 10 años.
Comenzar a trabajar ahora
La pregunta clásica es ¿qué hacer frente al panorama de creciente escasez? Hay respuestas positivas y alentadoras que requieren tiempo e inversiones, pero es necesario comenzar a trabajar ya. Desde 1980 a 1985 se conocen en la industria azucarera del Caribe que las calderas de los ingenios pueden funcionar correctamente con mezcla de bagazo y maloja (ahora lo llaman RAC) para evitar el costoso gasto del combustible adicional (fuel-oil o gas natural). Esto surgió luego de la gran crisis del petróleo, entre 1973 y 1975.
En 1995, Brasil retomó esa posta y lanzó para su industria azucarera un gran programa financiado por el PNUD y Copersucar -apoyados por el gobierno federal- denominado "energía generada desde la biomasa del bagazo y maloja para accionar turbinas de gas", con la finalidad de reducir a cero el combustible proveniente de fuentes fósiles. A partir de 2000 se sumó la industria azucarera de Colombia. Los resultados fueron impresionantes y hoy funcionan en Brasil varios ingenios con esta modalidad, e incluso generan mucha energía eléctrica que se vende a la red pública. El sistema tiene un punto de partida muy interesante, aún no desarrollado potencialmente en Tucumán y el NOA, y es que la maloja seca en el campo posee un poder calorífico superior (PCS) mejor que el bagazo, portador del 48-50% de humedad que sale de la molienda. Esos poderes caloríficos son, en promedio, de 3.700 cal/Kg versus 2.400.
Lo interesante es que aquellos países desarrollaron económicamente toda una logística de recolección y transporte de la maloja desde el campo al ingenio con buenos resultados. En Tucumán se comenzó tímidamente -a mi entender- a trabajar en ese sentido, pues existen las máquinas enfardadoras de maloja con rindes aceptables y las pruebas en calderas efectuadas por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) obtuvieron resultados positivos parecidos a los de Colombia. Las reuniones técnicas de la Satca (una entidad que agrupa a expertos en caña de azúcar) reflejan lo expresado.
Tres millones de toneladas de maloja
Lo más importante que podemos rescatar es que la disponibilidad total de la maloja en Tucumán, luego de la cosecha en verde, puede llegar a 3 millones t/año, y con las pérdidas lógicas del proceso quedan reducidas a 1,8 - 2 millones/toneladas/año. Efectuando la correspondiente equivalencia calorífica con el gas natural, surge que este residuo seco de la cosecha de caña puede suplir, junto con el bagazo, todas las necesidades de gas natural de los ingenios tucumanos valorada como m3/gas/equivalente por hectárea. La disponibilidad total oscilaría entre 200 y 377 millones de m3/gas, equivalente en el área cañera tucumana, según la metodología del cálculo y que está detallado en mi libro sobre Biocombustibles (edición 2009). Como se observa, es todo un desafío frente a lo que parece será una larga crisis -a través de los próximos años- de provisión de gas natural.
Este nuevo enfoque va a requerir inversiones, pero económicamente estará justificado.
Durante la zafra 2010, los ingenios consumieron 100.560.000 m3/año de gas natural, lo que incluye molienda y destilerías. Pero es importante destacar la fuerte baja en el consumo de este combustible -producto de inversiones en nuevas calderas y mejor tecnología-, lo que permitió bajar desde los 180 millones de m3/año en 2000, a 173 millones en 2006, luego a 160 millones en 2007, pasando a 120 millones en 2009 y llegar a los 100 millones aludidos para 2010. Es decir, el consumo de gas natural mermó un 45.5% en 10 años.
Comenzar a trabajar ahora
La pregunta clásica es ¿qué hacer frente al panorama de creciente escasez? Hay respuestas positivas y alentadoras que requieren tiempo e inversiones, pero es necesario comenzar a trabajar ya. Desde 1980 a 1985 se conocen en la industria azucarera del Caribe que las calderas de los ingenios pueden funcionar correctamente con mezcla de bagazo y maloja (ahora lo llaman RAC) para evitar el costoso gasto del combustible adicional (fuel-oil o gas natural). Esto surgió luego de la gran crisis del petróleo, entre 1973 y 1975.
En 1995, Brasil retomó esa posta y lanzó para su industria azucarera un gran programa financiado por el PNUD y Copersucar -apoyados por el gobierno federal- denominado "energía generada desde la biomasa del bagazo y maloja para accionar turbinas de gas", con la finalidad de reducir a cero el combustible proveniente de fuentes fósiles. A partir de 2000 se sumó la industria azucarera de Colombia. Los resultados fueron impresionantes y hoy funcionan en Brasil varios ingenios con esta modalidad, e incluso generan mucha energía eléctrica que se vende a la red pública. El sistema tiene un punto de partida muy interesante, aún no desarrollado potencialmente en Tucumán y el NOA, y es que la maloja seca en el campo posee un poder calorífico superior (PCS) mejor que el bagazo, portador del 48-50% de humedad que sale de la molienda. Esos poderes caloríficos son, en promedio, de 3.700 cal/Kg versus 2.400.
Lo interesante es que aquellos países desarrollaron económicamente toda una logística de recolección y transporte de la maloja desde el campo al ingenio con buenos resultados. En Tucumán se comenzó tímidamente -a mi entender- a trabajar en ese sentido, pues existen las máquinas enfardadoras de maloja con rindes aceptables y las pruebas en calderas efectuadas por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) obtuvieron resultados positivos parecidos a los de Colombia. Las reuniones técnicas de la Satca (una entidad que agrupa a expertos en caña de azúcar) reflejan lo expresado.
Tres millones de toneladas de maloja
Lo más importante que podemos rescatar es que la disponibilidad total de la maloja en Tucumán, luego de la cosecha en verde, puede llegar a 3 millones t/año, y con las pérdidas lógicas del proceso quedan reducidas a 1,8 - 2 millones/toneladas/año. Efectuando la correspondiente equivalencia calorífica con el gas natural, surge que este residuo seco de la cosecha de caña puede suplir, junto con el bagazo, todas las necesidades de gas natural de los ingenios tucumanos valorada como m3/gas/equivalente por hectárea. La disponibilidad total oscilaría entre 200 y 377 millones de m3/gas, equivalente en el área cañera tucumana, según la metodología del cálculo y que está detallado en mi libro sobre Biocombustibles (edición 2009). Como se observa, es todo un desafío frente a lo que parece será una larga crisis -a través de los próximos años- de provisión de gas natural.
Este nuevo enfoque va a requerir inversiones, pero económicamente estará justificado.







