03 Julio 2011 Seguir en 

Muertes dentro de las seguras fronteras de los barrios privados
Más asesinatos en un country en el nuevo best seller de Claudia Piñeiro
Esta es la quinta novela de Claudia Piñeiro, de las cuales la que alcanzó notable difusión es Las viudas de los jueves, llevada al cine y traducida a varios idiomas. Algunos de sus ingredientes se repiten en Betibú: su escenario central es un country, una mujer asume un papel detectivesco sin ser policía, el poder se mezcla con las pasiones y, por supuesto, hay un crimen. El que desencadena la trama, porque, en realidad, los muertos en forma violenta finalmente serán cinco, lo cual sitúa con holgura a la obra en el género del policial negro, actualmente el de mayor cantidad de cultores en la producción literaria local.
Como muchos de ellos, Piñeiro argentiniza sus historias. No sólo por el ámbito que eligió nuevamente, sino por las referencias políticas muy claras (época del gobierno de Menem), el uso de términos propios del habla porteña y secuencias que transcurren en un diario llamado El Tribuno, fácilmente asociable con uno de los grandes medios gráficos del país.
A su redacción pertenece Jaime Brena, veterano periodista de Policiales desplazado a la sección Sociedad, una forma de forzarlo a aceptar el retiro. Lo frena el llamado de un comisario amigo que le da una primicia: el poderoso empresario Pedro Chazarreta ha sido encontrado degollado en su casa del club de campo La Maravillosa, donde tres años antes también apareció asesinada su mujer. Resurge, pues, el experto en tales temas, pero no teniendo ya posibilidad de trabajar en este, lo hace en forma indirecta, a través de un joven colega recién iniciado en su anterior sección. Es su discípulo, y él mismo, en sus comienzos.
Enterado del resonante hecho, el dueño del periódico, Lorenzo Rinaldi, convence a su ex mujer, la escritora Nurit Iscart, de que se sume a la investigación, generando notas exclusivamente literarias a partir de lo que observa en el mismo country, donde él posee una casa. Iscart, protagonista plena de la novela, es Betibú, contracción de Betty Boop, el famoso dibujo creado en la década del 30. Es como la bautizó Rinaldi al conocerla, por el parecido de su cabello con el del personaje.
Con una singular estructura de episodios que se superponen (ocurren al mismo tiempo, pero en lugares muy distantes), la resolución de los cinco asesinatos -catalogados así después de pensarse en suicidios o accidentes- trae consigo no una sino tres coyunturas por completo impredecibles. Conforman lo mejor de la novela y tornan apropiado aquel aviso que se suele colocar donde se exhibe un film de suspenso: "Por favor, no cuente el final". © LA GACETA
Más asesinatos en un country en el nuevo best seller de Claudia Piñeiro
Esta es la quinta novela de Claudia Piñeiro, de las cuales la que alcanzó notable difusión es Las viudas de los jueves, llevada al cine y traducida a varios idiomas. Algunos de sus ingredientes se repiten en Betibú: su escenario central es un country, una mujer asume un papel detectivesco sin ser policía, el poder se mezcla con las pasiones y, por supuesto, hay un crimen. El que desencadena la trama, porque, en realidad, los muertos en forma violenta finalmente serán cinco, lo cual sitúa con holgura a la obra en el género del policial negro, actualmente el de mayor cantidad de cultores en la producción literaria local.
Como muchos de ellos, Piñeiro argentiniza sus historias. No sólo por el ámbito que eligió nuevamente, sino por las referencias políticas muy claras (época del gobierno de Menem), el uso de términos propios del habla porteña y secuencias que transcurren en un diario llamado El Tribuno, fácilmente asociable con uno de los grandes medios gráficos del país.
A su redacción pertenece Jaime Brena, veterano periodista de Policiales desplazado a la sección Sociedad, una forma de forzarlo a aceptar el retiro. Lo frena el llamado de un comisario amigo que le da una primicia: el poderoso empresario Pedro Chazarreta ha sido encontrado degollado en su casa del club de campo La Maravillosa, donde tres años antes también apareció asesinada su mujer. Resurge, pues, el experto en tales temas, pero no teniendo ya posibilidad de trabajar en este, lo hace en forma indirecta, a través de un joven colega recién iniciado en su anterior sección. Es su discípulo, y él mismo, en sus comienzos.
Enterado del resonante hecho, el dueño del periódico, Lorenzo Rinaldi, convence a su ex mujer, la escritora Nurit Iscart, de que se sume a la investigación, generando notas exclusivamente literarias a partir de lo que observa en el mismo country, donde él posee una casa. Iscart, protagonista plena de la novela, es Betibú, contracción de Betty Boop, el famoso dibujo creado en la década del 30. Es como la bautizó Rinaldi al conocerla, por el parecido de su cabello con el del personaje.
Con una singular estructura de episodios que se superponen (ocurren al mismo tiempo, pero en lugares muy distantes), la resolución de los cinco asesinatos -catalogados así después de pensarse en suicidios o accidentes- trae consigo no una sino tres coyunturas por completo impredecibles. Conforman lo mejor de la novela y tornan apropiado aquel aviso que se suele colocar donde se exhibe un film de suspenso: "Por favor, no cuente el final". © LA GACETA







