A la búsqueda de los ex compañeros de escuela

Un libro reconstruye vivencias y sueños de toda una generación y, a partir de esos testimonios, toca un réquiem a la educación pública. Por Avaro José Aurane.

03 Julio 2011
Tal como se plantea desde el título, 1968 - Quisimos ser es un libro escrito con plurales primeras personas. Y por ello, una de las virtudes de esta obra de Eliseo Alvarez (autor de Carlos Gardel. Biografía Autorizada y de El hombre que engañó a Kennedy) es que las múltiples voces que le dan cuerpo también vertebran distintos niveles de análisis. El autor ya lo anuncia en el prólogo. "Esta es la historia de la producción de un video documental sobre la escuela pública del Gran Buenos Aires, de cómo el proyecto se salió de los carriles previstos, se me fue de las manos y tomó vida propia", escribe quien fuera uno de los creadores y directores de América y CVN, la primera radio y el primer canal de noticias de la Argentina.
Si se lo hojea, 1968? parece entintado en la nostalgia de la infancia. En la rayuela, saltar la soga, las escondidas, la bolilla, la mancha, las figuritas, el elástico, el estanciero, las damas, el metegol, el flipper, el carrito de rulemanes, el volantín, el fútbol, la oca, la bici, el triciclo y el monopatín.
Pero es varias veces más que eso.
Si sólo se leen sus primeras 100 páginas, entonces cobra cariz de denuncia contra aquello de que todo tiempo pasado fue mejor, una mentira tan argentina como la carrera corta con salida laboral.
En los testimonios de quienes fueron los alumnos de primaria de la promoción 1968 de la Escuela Nº 11 de Villa Ballester, a pesar de sus diferentes condiciones sociales y culturales, surge el testimonio de toda una generación en la cual los padres que no maltrataban a sus hijos eran toda una excepción. "Aún hoy me genera cierta angustia trasladarme al ambiente de mi vieja casa: de pocas palabras, horas de juegos solitarios y con un grado de aburrimiento extremo. Esta circunstancia hacía que prefiriera estar en el colegio y no en Vicente López 1.171. No recuerdo los veranos con alegría, las vacaciones significaban muchas horas vacías", se confiesa el propio Alvarez. "Somos una generación criada por el autoritarismo".

Volver al pasado

Pero el trabajo del ex director de Canal (a) no se queda ahí porque no empieza en ninguno de estos hitos. Arranca durante un viaje a México en que Álvarez soñó con una compañerita cuyo nombre había olvidado. Lo que siguió fue, al regresar a la Argentina, ir a Villa Ballester, reencontrarse con un amigo, rememorar un apellido y, viejas guías telefónicas en mano, llamar a todas las familias Rossini. Hasta encontrarla: la de los ojos verdes se llamaba Julia. Y entonces comenzó la gran tarea: armar el rompecabezas. Encontrar a todos los que estaban en una foto vieja, para entrevistarlos y preguntarles qué fue de sus vidas. Qué de aquello que quisieron ser.
Fueron apareciendo de las más distintas maneras. Unos estaban emocionados, otros se mostraron tímidos, algunos rehuyeron o, directamente, se rehusaron. A una hubo que encontrarla en España y otra se vino desde Israel. Un compañero, lamentablemente, se había muerto.
Finalmente, además de los aportes de maestras, directoras y vecinos, 1968... reúne 32 testimonios e historias de los compañeros de la Once. Y cuando terminan de leerse sus relatos, a lo largo de las 210 páginas del volumen, se advierte que esa generación le está tocando un réquiem a esa escuela pública que ocupó un lugar central en los primeros años de la vida.
Es que las escuelas estatales estuvieron entre los más grandes bienes sociales de la historia argentina del siglo XX. En ellas, el hijo del obrero era compañero del hijo del comerciante, del hijo del profesional, del hijo del empresario y del hijo del industrial. Y todos se visitaban de cuando en vez para hacer los deberes. Y algunos seguían viéndose y ayudándose mucho tiempo después.
Cuando esa escuela se acabó, la sociedad se fue al descenso: se fue al infierno social. Porque perdió un ámbito de asociación inigualable. Y esto es así por una cuestión casi semántica: sólo hay sociedad cuando hay ámbitos que asocian.
De los 32 ex compañeros de la de la promoción 1968 de la Escuela Nº 11 de Villa Ballester, casualmente 11 chicas, inspiradas por todo lo que encontraron en la enseñanza pública, querían ser maestras en el futuro. El porvenir, sin embargo, encontró a la casi totalidad de ellos mandando a sus pequeños a colegios privados. © LA GACETA

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