Detenerse ante el televisor a mirar una entrevista de Jesús Quintero jamás será una pérdida de tiempo. Él es divertido, curioso, punzante, atrevido, ingenioso. Y en un momento dado lanza la pregunta pensada que generará el silencio. Es ese instante en el que hay que pensar para responder. Es el momento donde mueren los autómatas y comienza la cuenta del nocaut para el entrevistador. No hace falta gran originalidad, aunque sí un sabio manejo -y conocimiento- de la realidad. Este "Loco de la Colina", que nació en Huelva y que llegó como "El perro verde" a la Argentina y a Uruguay, suele repetir una pregunta cuando se enfrenta con algún genio del pentagrama: "¿Cuánto le debe la música a la droga?". Sea quien fuere el interlocutor, la respuesta demorará en llegar.
Cuando se traslada el mismo sentido de esa pregunta a las actividades institucionales y a sus protagonistas, el tiempo de espera dejará dando vueltas el "relojito", como cuando se un programa de la computadora se empaca y hay que "resetearla". ¿Cuánto le debe la política a los actos de corrupción?
Esta semana fue el turno de los radicales, que no pudieron evitar que trascendieran sus trapisondas. Los principales interlocutores de estos episodios sólo atinan a minimizar lo que debería condenarse. En las elecciones internas se burlaron -y se aprovecharon- de los muertos, haciéndolos votar; y de veteranos de las lides políticas, que ya vencidos por los años no pudieron ir a votar y, sin embargo, figuraron en las planillas como que sufragaron. Según el presidente del radicales, Federico Romano Norri, son vicios de la política. Roberto Sánchez, el experto volante devenido inexperto político, se lamentó por el papelón radical, pero justificó que cuando las diferencias son tan estrechas "cada uno recurre a las armas que tiene". Ambas reflexiones desnudan cierta aceptación de que las cosas son así, y es inevitable. Inexorablemente, la política traerá algún acto de corrupción. "¿Ves?, por eso nosotros no hicimos internas y salimos impolutos y los corruptos ahora son los radicales", comentó un candidato alperovichista.
En una elección cualquiera el que no tiene fiscales pierde. Puede haber conseguido más votos que nadie, pero si no tiene quien los defienda el día de los comicios o, mejor dicho, en el campo de batalla, perderá. Por arte de magia, desaparecerán los sufragios, resucitarán los muertos para sufragar o simplemente la urna se volverá una glotona capaz de engullir tantos votos como quiera el más poderoso. Allí, en la mesa donde se coloca la urna, es donde la transparencia y la honestidad ceden y se ponen al servicio de los corruptos. Las ideologías y los intereses comunes de las agrupaciones y de los partidos vienen dejando de ser el principal motor de los partidos políticos. Tanto es así que los fiscales cada vez cotizan más caro; y un candidato, antes de elegir el discurso con el que seducirá al electorado, junta billetes para defender los sufragios del hambre y de la intolerancia de los piratas.
En pocos clics
Las mañas o los "errores" de a poco van acostumbrándose al día a día y amortiguan las broncas y adormecen los músculos de la reacción. Hagamos un ensayo para ver cómo nos cuesta darnos cuenta de algunas cosas.
Prendé la computadora y entrá a www.tucuman.gob.ar. Hacé clic en "Guía de Trámites"; dentro del rubro "Categorías", ingresá a "Documentos personales". En la categoría "Ministerio de Gobierno y Justicia" hay que desplazarse hasta el detalle "Emisión de copias legalizadas de Actas". Una vez en este lugar hacé clic, e ir a "Observaciones generales". En esta instancia comienzan a bifucarse los caminos: si sos pobre deberás solicitar una Carta de Pobreza certificada por la Policía de Tucumán, pero deberás tener paciencia porque los cupos diarios en el Registro Civil no son muchos. Si, por el contrario, no sos pobre tenés que desplazarte por la página hasta "Costo del Trámite". Allí comprenderás que si pagás un Bono Contribución de $ 5 conseguirás el certificado. Hay que aclarar que, de acuerdo al movimiento del Registro Civil ese certificado le será entregado en el día o, a más tardar, al día siguiente.
Una vez entregado esos pocos pesos recibirás a cambio un pequeño talón del bono contribución que no cumple con ningún requisito de ley en materia de recibos ni de Facturación. Cuando vayás a retirar la copia legalizada de tu acta (de nacimiento, de matrimonio, etcétera) te mandarán al patio del Registro Civil, donde se distribuyen los documentos solicitados contra la entrega del pequeño cupón... que luego vaya a saber dónde va a parar. Por las dudas no preguntás por algún recibo porque la respuesta ya está preparada: "el trámite se realiza así, vaya tranquilo".
En síntesis, el Estado genera una serie de fondos que no tienen registro ni prueba para quien aporta esos emolumentos. El ejemplo descripto es el más simple, pero si repetimos la operación en otras áreas, como Personería Jurídica, no se entenderá por qué se proponen aportes voluntarios para una fundación fijados que pueden llegar a los $ 130 cuando la única exigencia legal es un estampillado de $ 1. Volvamos a empezar: regresemos a www.tucuman.gob.ar. En la línea superior volvé a hacer clic en Guía de Trámites. A la izquierda está el rubro "Categorías". Ahora apretá el ratón cuando la flechita esté sobre "Inscripciones, registros y publicaciones". Después entrá a "Fiscalía de Estado" y, finalmente, en "Constitución de Fundaciones". Ahora veamos donde dice "Costo del Trámite". Una vez allí podemos comprobar que para distintos trámites se requiere la presentación de formularios que son gratuitos de acuerdo a la ley, pero que el organismo en cuestión los somete a una contribución voluntaria dineraria a favor de la Asociación Cooperadora de la Dirección de Personas Jurídicas.
Los casos son más, pero no alcanzan las líneas previstas. No obstante, siempre se están generando fondos que:
Escapan al control del organismo previsto en la Constitución Provincial: el Tribunal de Cuentas. Sin perjuicio de ello, este órgano nada dice respecto de la ilegalidad de tales estructuras que se convierten en organismos para-estatales, ya que generan actividad dentro del propio Estado y de carácter cuasi obligatorio para los ciudadanos.
Se violan las Constituciones nacional y provincial al crearse, de hecho, contribuciones que no están respaldadas por ley.
El Estado delega facultades de percepción contributiva a sujetos del derecho privado, con el agravante de que tales fondos ingresan en propiedad de tales sujetos.
Se violan leyes y normas reglamentarias de la AFIP, en materia de facturación.
Se crean estructuras que podrían propender al enriquecimiento privado basándose en la actividad de base constitucional del Estado, sin que ello sea necesario.
Demasiada hegemonía
Cuando los músicos a los que interpeló el "Perro verde" consiguen recuperarse del nocaut, empiezan a responder. Esquivan como pueden la palabra droga, gambetean el vicio y el dolor. Escudriñan en su imaginación y sacan la palabra creatividad y genialidad hasta que sucumben y reconocen que existe una deuda, que a veces se pagan con la muerte o con la demencia.
Ya hemos aprendido que la democracia es el mejor de los sistemas, pero también habría que acostumbrarse a que la corrupción y la política se atraen como imanes. Por lo tanto, tal vez antes que negar esa relación tan simbiótica, tramposa y mentirosa habría que reconocerla para empezar a corregirla. Los "indignaos" en España, enarbolando los dichos de Stéphane Hessel -ese viejito lúcido que nació en Berlín en 1917-, advirtieron que los partidos mayoritarios se pelotean entre sí, pero comparten el poder para seguir poniendo la basura bajo la alfombra. Por eso exigen más minorías, más principios y se apoyan en sus reclamos convocados desde la cibernética.
En Tucson todavía se pelean a como dé lugar para no ceder la hegemonía; y, en vez de ponerle límites, se limita a los que no la toleran.
Cuando se traslada el mismo sentido de esa pregunta a las actividades institucionales y a sus protagonistas, el tiempo de espera dejará dando vueltas el "relojito", como cuando se un programa de la computadora se empaca y hay que "resetearla". ¿Cuánto le debe la política a los actos de corrupción?
Esta semana fue el turno de los radicales, que no pudieron evitar que trascendieran sus trapisondas. Los principales interlocutores de estos episodios sólo atinan a minimizar lo que debería condenarse. En las elecciones internas se burlaron -y se aprovecharon- de los muertos, haciéndolos votar; y de veteranos de las lides políticas, que ya vencidos por los años no pudieron ir a votar y, sin embargo, figuraron en las planillas como que sufragaron. Según el presidente del radicales, Federico Romano Norri, son vicios de la política. Roberto Sánchez, el experto volante devenido inexperto político, se lamentó por el papelón radical, pero justificó que cuando las diferencias son tan estrechas "cada uno recurre a las armas que tiene". Ambas reflexiones desnudan cierta aceptación de que las cosas son así, y es inevitable. Inexorablemente, la política traerá algún acto de corrupción. "¿Ves?, por eso nosotros no hicimos internas y salimos impolutos y los corruptos ahora son los radicales", comentó un candidato alperovichista.
En una elección cualquiera el que no tiene fiscales pierde. Puede haber conseguido más votos que nadie, pero si no tiene quien los defienda el día de los comicios o, mejor dicho, en el campo de batalla, perderá. Por arte de magia, desaparecerán los sufragios, resucitarán los muertos para sufragar o simplemente la urna se volverá una glotona capaz de engullir tantos votos como quiera el más poderoso. Allí, en la mesa donde se coloca la urna, es donde la transparencia y la honestidad ceden y se ponen al servicio de los corruptos. Las ideologías y los intereses comunes de las agrupaciones y de los partidos vienen dejando de ser el principal motor de los partidos políticos. Tanto es así que los fiscales cada vez cotizan más caro; y un candidato, antes de elegir el discurso con el que seducirá al electorado, junta billetes para defender los sufragios del hambre y de la intolerancia de los piratas.
En pocos clics
Las mañas o los "errores" de a poco van acostumbrándose al día a día y amortiguan las broncas y adormecen los músculos de la reacción. Hagamos un ensayo para ver cómo nos cuesta darnos cuenta de algunas cosas.
Prendé la computadora y entrá a www.tucuman.gob.ar. Hacé clic en "Guía de Trámites"; dentro del rubro "Categorías", ingresá a "Documentos personales". En la categoría "Ministerio de Gobierno y Justicia" hay que desplazarse hasta el detalle "Emisión de copias legalizadas de Actas". Una vez en este lugar hacé clic, e ir a "Observaciones generales". En esta instancia comienzan a bifucarse los caminos: si sos pobre deberás solicitar una Carta de Pobreza certificada por la Policía de Tucumán, pero deberás tener paciencia porque los cupos diarios en el Registro Civil no son muchos. Si, por el contrario, no sos pobre tenés que desplazarte por la página hasta "Costo del Trámite". Allí comprenderás que si pagás un Bono Contribución de $ 5 conseguirás el certificado. Hay que aclarar que, de acuerdo al movimiento del Registro Civil ese certificado le será entregado en el día o, a más tardar, al día siguiente.
Una vez entregado esos pocos pesos recibirás a cambio un pequeño talón del bono contribución que no cumple con ningún requisito de ley en materia de recibos ni de Facturación. Cuando vayás a retirar la copia legalizada de tu acta (de nacimiento, de matrimonio, etcétera) te mandarán al patio del Registro Civil, donde se distribuyen los documentos solicitados contra la entrega del pequeño cupón... que luego vaya a saber dónde va a parar. Por las dudas no preguntás por algún recibo porque la respuesta ya está preparada: "el trámite se realiza así, vaya tranquilo".
En síntesis, el Estado genera una serie de fondos que no tienen registro ni prueba para quien aporta esos emolumentos. El ejemplo descripto es el más simple, pero si repetimos la operación en otras áreas, como Personería Jurídica, no se entenderá por qué se proponen aportes voluntarios para una fundación fijados que pueden llegar a los $ 130 cuando la única exigencia legal es un estampillado de $ 1. Volvamos a empezar: regresemos a www.tucuman.gob.ar. En la línea superior volvé a hacer clic en Guía de Trámites. A la izquierda está el rubro "Categorías". Ahora apretá el ratón cuando la flechita esté sobre "Inscripciones, registros y publicaciones". Después entrá a "Fiscalía de Estado" y, finalmente, en "Constitución de Fundaciones". Ahora veamos donde dice "Costo del Trámite". Una vez allí podemos comprobar que para distintos trámites se requiere la presentación de formularios que son gratuitos de acuerdo a la ley, pero que el organismo en cuestión los somete a una contribución voluntaria dineraria a favor de la Asociación Cooperadora de la Dirección de Personas Jurídicas.
Los casos son más, pero no alcanzan las líneas previstas. No obstante, siempre se están generando fondos que:
Escapan al control del organismo previsto en la Constitución Provincial: el Tribunal de Cuentas. Sin perjuicio de ello, este órgano nada dice respecto de la ilegalidad de tales estructuras que se convierten en organismos para-estatales, ya que generan actividad dentro del propio Estado y de carácter cuasi obligatorio para los ciudadanos.
Se violan las Constituciones nacional y provincial al crearse, de hecho, contribuciones que no están respaldadas por ley.
El Estado delega facultades de percepción contributiva a sujetos del derecho privado, con el agravante de que tales fondos ingresan en propiedad de tales sujetos.
Se violan leyes y normas reglamentarias de la AFIP, en materia de facturación.
Se crean estructuras que podrían propender al enriquecimiento privado basándose en la actividad de base constitucional del Estado, sin que ello sea necesario.
Demasiada hegemonía
Cuando los músicos a los que interpeló el "Perro verde" consiguen recuperarse del nocaut, empiezan a responder. Esquivan como pueden la palabra droga, gambetean el vicio y el dolor. Escudriñan en su imaginación y sacan la palabra creatividad y genialidad hasta que sucumben y reconocen que existe una deuda, que a veces se pagan con la muerte o con la demencia.
Ya hemos aprendido que la democracia es el mejor de los sistemas, pero también habría que acostumbrarse a que la corrupción y la política se atraen como imanes. Por lo tanto, tal vez antes que negar esa relación tan simbiótica, tramposa y mentirosa habría que reconocerla para empezar a corregirla. Los "indignaos" en España, enarbolando los dichos de Stéphane Hessel -ese viejito lúcido que nació en Berlín en 1917-, advirtieron que los partidos mayoritarios se pelotean entre sí, pero comparten el poder para seguir poniendo la basura bajo la alfombra. Por eso exigen más minorías, más principios y se apoyan en sus reclamos convocados desde la cibernética.
En Tucson todavía se pelean a como dé lugar para no ceder la hegemonía; y, en vez de ponerle límites, se limita a los que no la toleran.







