BUENOS AIRES.- La noticia sobre un reconocimiento en materia periodística a la titular de Madres de Plaza de Mayo impactó en el mundo de los medios por lo injusto de la distinción. La decana de la facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, Florencia Saintout, resolvió entregarle a Hebe de Bonafini el premio Rodolfo Walsh en reconocimiento al "compromiso fehaciente con la verdad y los valores democráticos como sostén fundamental de su práctica con continuidad y coherencia". Pese a que la decana aseguró que se trata de algo que se había decidido antes del escándalo, lo más notable es que los motivos de la premiación no concuerdan con ninguna de las tres alternativas de mérito que la establece: "se premia la trayectoria profesional, la labor periodística del año y la mejor tesis de investigación periodística en ámbitos universitarios" del país.
Es verdad que con el caso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tampoco se cumplieron estas reglas, por lo que, como aquel, habrá que considerar este premio como una desmesura política de las autoridades de una Facultad más preocupada por formar militantes que periodistas. Así, al menos, lo asevera el último Informe de la Red de Observatorios Universitarios de Medios que capitanea La Plata y que se escandaliza porque varias publicaciones, todas las observadas, critican con sus más y con sus menos a la presidenta de la Nación.
Ese mismo trabajo hace una justa (y mínima) mención a la carencia de fuentes con que muchos medios se desenvuelven actualmente, "un claro ejemplo de las prácticas antiprofesionales de los medios oligopólicos", según su visión. Pero ocurre que Bonafini fue noticia hace unos pocos días también por un hecho de distorsión informativa, ya que probablemente para evitar que la mención de los $ 765 millones de los contribuyentes que el Gobierno le entregó a las Madres para construir viviendas salpique a la Presidenta, únicamente ella se prestó a ser fuente de tres o cuatro medios escogidos dentro del espectro oficialista (la otra "corpo"), negándole la entrada al ex predio de la ESMA a cronistas que probablemente no le iban a rendir pleitesía.
La discriminación de ingreso a un espacio público fue tan flagrante que bien pudo haber merecido entonces una denuncia de los medios al Inadi. Seguramente para apuntalar su valiente lucha de años y para darles el apoyo moral en este momento de confusión, las Madres podrían haber sido distinguidas por sus mil y un méritos, pero nunca a través de un premio destinado a "jerarquizar la enseñanza del periodismo en los ámbitos universitarios y a desarrollar el periodismo de investigación", como se lo promociona en la UNLP.
Darle el Rodolfo Walsh a Bonafini es exactamente igual que premiar al censor. De allí, el asombro.
Es verdad que con el caso del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tampoco se cumplieron estas reglas, por lo que, como aquel, habrá que considerar este premio como una desmesura política de las autoridades de una Facultad más preocupada por formar militantes que periodistas. Así, al menos, lo asevera el último Informe de la Red de Observatorios Universitarios de Medios que capitanea La Plata y que se escandaliza porque varias publicaciones, todas las observadas, critican con sus más y con sus menos a la presidenta de la Nación.
Ese mismo trabajo hace una justa (y mínima) mención a la carencia de fuentes con que muchos medios se desenvuelven actualmente, "un claro ejemplo de las prácticas antiprofesionales de los medios oligopólicos", según su visión. Pero ocurre que Bonafini fue noticia hace unos pocos días también por un hecho de distorsión informativa, ya que probablemente para evitar que la mención de los $ 765 millones de los contribuyentes que el Gobierno le entregó a las Madres para construir viviendas salpique a la Presidenta, únicamente ella se prestó a ser fuente de tres o cuatro medios escogidos dentro del espectro oficialista (la otra "corpo"), negándole la entrada al ex predio de la ESMA a cronistas que probablemente no le iban a rendir pleitesía.
La discriminación de ingreso a un espacio público fue tan flagrante que bien pudo haber merecido entonces una denuncia de los medios al Inadi. Seguramente para apuntalar su valiente lucha de años y para darles el apoyo moral en este momento de confusión, las Madres podrían haber sido distinguidas por sus mil y un méritos, pero nunca a través de un premio destinado a "jerarquizar la enseñanza del periodismo en los ámbitos universitarios y a desarrollar el periodismo de investigación", como se lo promociona en la UNLP.
Darle el Rodolfo Walsh a Bonafini es exactamente igual que premiar al censor. De allí, el asombro.










