El Tucumán político y la provincia real

Por Álvaro José Aurane 18 Junio 2011
Casi medio 2011 está muerto y según pasan los días se acentúa de manera cada vez más notable el Tucumán psicótico que construye la dirigencia. En esta suerte de bipolaridad inducida, la fase más exaltada es el Tucumán político. Es, justamente, aquel en donde los políticos -oficialistas u opositores- vuelcan todo su entusiasmo y todos sus recursos. El Gobierno hace meses que sólo vive allí. Y sale cada vez menos.

El Tucumán político tiene su propio mercado de compra y venta de dirigentes, donde el oficialismo monopoliza las operaciones de lealtades alquiladas y traiciones al mejor postor. Las tendencias de la semana indican que, en el Este, el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, desistiría de la postulación de su hijo homónimo (pero, atención: no retiraría su partido político). En el Oeste, en cambio, los últimos dos candidatos a intendentes que habilitó "Pirincho" (Fabián Elías en Alberdi, y "Coqui" Domínguez Trapani en Tafí Viejo, a quienes la UCR contaba hasta abril como sus potenciales postulantes) alarman a muchos candidatos a legisladores de la lista oficial.

Pero no es esta la mayor preocupación de las listas oficiales del Frente para la Victoria en el interior. La gran angustia es la "lealtad al cuadrado". Su origen: el régimen electoral prevé acoples sólo para cargos ejecutivos, no para los legislativos. Las consecuencias podrán verse en la confección de las boletas electorales que irán al cuarto oscuro.

Por un cuadradito...

En concreto, cada legislador alperovichista prepara en uno o varios municipios decenas de acoples con candidatos a concejales. El problema es que todas esas nóminas no van "enganchadas" a la que lidera Sergio Mansilla en el Oeste ni a la de Osvaldo Jaldo en el Este. Por el contrario, la boleta de cada acople lleva impresa, arriba a la derecha, la fórmula José Alperovich - Juan Manzur. Arriba y a la izquierda, va el candidato a intendente. Abajo a la izquierda, la nómina de ediles acoplados. Pero abajo a la derecha no va la lista oficial de legisladores, sino un cuadrado en blanco. Así que cada parlamentario de la lista oficial debe entregarle a cada uno de sus acoples miles de cuadrados cortados del Frente para la Victoria. Y debe rezar para que esos acoples suyos les sean fieles a esos cuadrados y no pongan los de otra lista.

Este es el germen de un planteo que se le hará a Alperovich apenas pasen los comicios: legisladores oficialistas le pedirán que reforme otra vez la Constitución.

La excusa, justamente, es que la Carta Magna debe habilitar el acople legislativo, porque de lo contrario pauta un sistema que alienta el voto en blanco parlamentario. Para el caso, en 2007, solamente en Tafí Viejo hubo unos 3.200 votos de acoples peronistas que no incluyeron ningún cuadrado con lista de legisladores de fuerza política alguna.

Rimas eternas

Para la Casa de Gobierno, esta demanda legislativa de otra enmienda sería la rima perfecta para el verso con el que promueven la habilitación de la reelección a perpetuidad. Alperovich -dice el soneto- debe tener la chance de seguir gobernando para no perder poder ni autoridad, aunque en realidad no vaya a usar esa posibilidad porque él es el prudente hombre de Estado. O sea, hay que reventar instituciones republicanas como la periodicidad de mandatos sólo por las dudas.

En el Tucumán político, todos trabajan por esa eternidad, con distintos disfraces. El último consiste en que no se puede sacar un porcentaje de votos menor al de los recién reelectos gobernadores Luis Beder Herrera (La Rioja) y Juan Manuel Urtubey (Salta). En nombre de esa sana competencia, Mansilla y Jaldo, que en 2007 acogían partidos municipales y comunales sin reparos, ahora priorizan los acoples de partidos de jurisdicción provincial hasta agotarlos. A diferencia de las otras, las agrupaciones provinciales sí pueden postular gobernador. O sea, quieren que en cada cuarto oscuro haya medio centenar de sábanas con votos de Alperovich, mientras cada opositor presenta sólo una o dos boletas.

El justicialismo puede abocarse a estos experimentos porque los otros habitantes del Tucumán político se comportan como buenos vecinos. La izquierda y la derecha, en sus fragmentarias variantes, trabajan solamente en apuestas unipersonales. Y en el centro, la UCR, segunda fuerza en los dos últimos comicios (las elecciones de parlamentarios nacionales de 2007 y de 2009), sacrificó decencias y coherencias en honor a su gran diosa: la Interna.

En un proceso signado por el pobre objetivo de dejar afuera de las listas a algunos dirigentes, el único resultado esperable era una miseria. Fue a votar, para definir las nóminas del radicalismo, el 0,8% del padrón general de la provincia. En realidad, fueron menos. De esa cifra hay que descontar las infladas urnas fraudulentas, denunciadas por los propios radicales. Y hay que restar a los muertos militantes, que fueron a votar.

¿Con qué cara las autoridades del radicalismo le reclamarán transparencia y calidad institucional al oficialismo? ¿Cómo van a explicar que la UCR acompaña acciones judiciales contra la recontra-reelección si, al mismo tiempo, postula concejales para un tercer mandato consecutivo? Exactamente, ¿cuál va a ser el discurso de campaña?

Mientras la UCR también se gana el agradecimiento de FR, de Esteban Jerez y de Osvaldo Cirnigliaro, entre los principales competidores del mercado electoral común de la oposición, Alperovich pudo dar rienda suelta a su desesperación por salir en una foto con Cristina. Esta semana, desafió las cenizas volcánicas y voló a Buenos Aires para mostrarse con la Presidenta y con el titular de la ONU. De regreso, no trajo nuevas obras: "los programas de la Nación ya no son como los de antes", reconoce un ministro a dieta. Léase, cada vez llega menos plata federal para trabajos públicos. Pero el mandatario le manifestó a su entorno que no volvió con las manos vacías: aseguró que la jefa de Estado le prometió que intercederá para que la diputada Stella Maris Córdoba ya no prosiga este año con su carrera por la gobernación. Sólo los hechos dirán si es así.

El otro Tucumán

No podía ser en otra ubicación.

Al frente de la Casa de Gobierno, capital del Tucumán político, puede verse la otra faz del Tucumán bipolar. La cara deprimida y depresiva. Ningún otro sino el Tucumán real acampa en la plaza Independencia.

Ahí están las madres de las víctimas del fracaso gubernamental en la lucha contra las drogas. Los padres de las víctimas de los crímenes impunes. Las víctimas mismas de estafas públicas con planes de viviendas estatales. Y los jubilados, que después de trabajar toda la vida, deben mendigar por el beneficio del 82% móvil, que hasta la Justicia ha dicho que les corresponde. Y están los hombres y las mujeres de la salud pública, reclamando sueldos dignos a los gobernantes de la prosperidad indignante.

La semana que viene, seguramente, se los verá en la TV nacional. Los autoconvocados del Siprosa planean cortar la avenida 9 de Julio en Buenos Aires, frente al Ministerio de Salud, cuyo titular es más conocido en el país por su millonaria declaración jurada de bienes antes que por sus políticas. Su sucesor en el Ministerio de Salud tucumano también cultiva los misterios: tras autorizar pagos de seis cifras a la fantasmagórica Funsal, la causa que investigaba el asunto se desvaneció como si fuera un espectro.

"A los autoconvocados los vamos a aguantar", confirmó otro ministro. Por eso, en nombre de "mediaciones" que él convoca y a la vez frustra, el Gobierno hace que los empleados de la salud pierdan tiempo. Y dinero. El haber testigo de la categoría A es de unos $ 3.600. Eso cobran los profesionales con al menos cinco años en el cargo. Para la B (kinesiólogos y enfermeros universitarios que no completaron la licenciatura) es de $ 2.700. Para la C (enfermeros de la escuela de ATSA), es $ 2.600. Para la D (auxiliares de enfermería y administrativos) y para la E (camilleros, choferes, personal de maestranza) es de $ 2.500. Y faltan restar los descuentos salariales "por inasistencia" de este mes.

Pero el Gobierno no va a aumentarles el sueldo. Después de asomarse a la ventana de su despacho, el mandatario ha dicho que si debiera subir los salarios de esos tucumanos abocados a salvar la vida de otros tucumanos, tendría que entregar la provincia e irse. Luego, seguramente, se regocijó con el paisaje del Tucumán político, donde aumentar la dieta de los legisladores, financiar el cada vez más caro edificio de la Legislatura, no construir con ese dinero el dique Potrero de las Tablas, adquirir un jet de lujo, y después otro más, es la muestra más elocuente de la justicia social y la redistribución de la riqueza. Y eso que, según el eslogan, queda mucho por hacer...

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