Gómez no justificó pruebas que la comprometen

La declaración de la ex novia del juez de Menores trajo nuevas incertidumbres en el juicio, a pesar de las polémicas acusaciones que realizó.

AGUSTÍN ARÁOZ. Era juez de Menores. LA GACETA / FRANCO VERA
AGUSTÍN ARÁOZ. Era juez de Menores. LA GACETA / FRANCO VERA
06 Abril 2011
Su abogado dice que terminó de cerrar casi todos los cabos sueltos que había en la causa. Los querellantes afirman que afianzó la hipótesis de la mafia policial. Para el defensor de dos ex policías, su relato se trató de una fábula. Lo cierto es que Ema Hortensia Gómez habló después de seis años, y contó su versión del crimen del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz. Pero muchos interrogantes aún permanecen abiertos, y pareciera que la ex agente no los responderá.

Gómez está acusada de ser una de las homicidas del juez. Habían sido novios durante casi ocho meses, y la relación había terminado dos semanas antes del crimen. El fiscal de Instrucción Guillermo Herrera creyó que el asesinato se produjo por una disputa sentimental, y también imputó al ex oficial Alejandro Darío Pérez por el homicidio. Según Herrera, Gómez y Pérez eran amantes.

Aún quedan varias dudas que la imputada no esclareció, y que la comprometen en la causa. ¿Por qué le envió un mensaje de texto a Pérez pidiendo ayuda? Gómez lo justificó afirmando que había consumido cocaína, pastillas y alcohol. Tuvo miedo por el peligroso cocktail que ingirió, y por eso envió el mensaje.

Pero si esa es su respuesta, no explicó cómo, con todas las sustancias que consumió, pudo estar lúcida para ir a una inmobiliaria y averiguar sobre un departamento, pedir teléfonos prestados, y llamar a un ex jefe para decirle que había conseguido trabajo. Tanto el agente inmobiliario como el comisario al que llamó, declararon que no había ninguna conducta extraña en la mujer.

¿Por qué dio positivo el dermotest que le realizaron?, es el segundo interrogante que Gómez no dilucidó. La ex agente no explicó si manipuló algún arma, ni tampoco rechazó la pericia. Su abogado Mario Mirra le preguntó a la bioquímica que realizó la pericia si era posible que los restos de pólvora hayan quedado en la mano de la imputada cuando tocó el cuerpo de Aráoz. La perito desestimó esa posibilidad.

Un rasguño

Cuando le realizaron la autopsia al magistrado, descubrieron una lesión en su cuello. En las uñas de Gómez se encontraron restos de piel, que luego se confirmó que eran de Aráoz. La ex agente dijo que, ese 26 de noviembre del 2004, al ver a su ex pareja con los ojos abiertos, pensó que estaba vivo. Por eso lo levantó, lo zamarreó, lo arañó. Así trató de justificar esa prueba en su contra. Pero la médica forense Yolanda Gordillo manifestó que el rasguño había sido realizado cuando el magistrado estaba vivo.

Según la versión que brindaron los ex policías de Banda del Río Salí Rodolfo Domínguez, Andrés Fabersani y Rubén Albornoz (imputados de incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento agravado) Gómez les dijo que recibió un llamado anónimo en el que le informaban que Aráoz estaba muerto. En su testimonio, se encargó de aclarar esa versión: "Nunca existió ese llamado anónimo", dijo Gómez.

Finalmente, la imputada afirmó que vivió amenazada; que la golpearon varias internas en los lugares donde estuvo detenida, como un mensaje para que no hablara. Tuvo miedo. Pero sus palabras abrieron nuevas dudas. Si no habló porque vivía amenazada, ¿por qué dijo que no le tenía miedo a Pérez y Fabersani? ¿A quién le tuvo miedo entonces? En definitiva, le tocará al Tribunal creerle o no.

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