Pimienta y sal

Por Gustavo Cobos, Redacción LA GACETA.

05 Abril 2011
Los bostezos se repitieron en las últimas jornadas. Los testigos no aportaban nada sustancial para esclarecer quién y por qué mató al juez Agustín Aráoz. Y nadie esperaba que de las declaraciones que faltan recibir aparezca la verdad.

El juicio comenzó con muchos condimentos. Acusaciones cruzadas, dedos que apuntaban amenazantes y miradas intimidatorias. Pero todo parecía quedar en el olvido.

Hasta que Ema Gómez decidió ayer culminar su declaración. Se sentó frente al Tribunal, y un silencio sepulcral se apoderó de la sala. Solamente se escuchaba la voz de Gómez y los dedos del presidente Pedro Roldán Vázquez sobre el teclado de su netbook. Cuando comenzó a hablar, Andrés Fabersani saltó hacia el escenario y se ubicó al lado de su abogado, Gustavo Morales. Fijamente miró a la ex agente durante los 20 minutos que declaró. Como una buena dosis de sal, las frases contundentes de la ex novia de Aráoz condimentaron la declaración. Pero al igual que el 14 de febrero, no terminó sus dichos. "No puedo seguir", dijo, y pidió un cuarto intermedio. El llanto y los gritos de Gómez, audibles desde la sala contigua, le pusieron el toque de pimienta a una jornada memorable.

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