Los estados de ánimo, termómetro del debate

CONCENTRACION. Durante las audiencias la tensión es muy marcada. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
CONCENTRACION. Durante las audiencias la tensión es muy marcada. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
15 Marzo 2011
Serios, simpáticos, preocupados, tristes, atentos o ausentes. Conforme transcurren los minutos, los rostros varían. En las jornadas, el humor de acusados y abogados se vio afectado por las declaraciones de los testigos que pasaron por el Colegio de Abogados.

Ayer no fue la excepción. Ema Gómez fue una de las que se dejó llevar por el momento y sonrió más de lo habitual. Ingresó a la sala seria y tranquila, pero a medida que los testimonios fueron dirigidos hacia los acusados de encubrimiento, se la veía más relajada, e incluso, de buen humor. En el cuarto intermedio que duró 50 minutos, charló con su padre, Carlos Alberto, en el bar mientras tomaba un cortado en jarrita. Su abogado, Mario Mirra, se mostró igual. Durante unos minutos se sentaron juntos y conversaron, entre risas, muy distendidos.

A la inversa, Gustavo Morales, abogado de Andrés Fabersani y de Darío Pérez, llegó con una gran sonrisa. Saludó a todos muy alegremente pero luego de interrogar al primer testigo, su rostro cambió. Las declaraciones que apuntaban a uno de sus clientes parecían haberlo puesto nervioso y borraron su sonrisa frecuente.

Del mismo modo, Rodolfo Domínguez tenía los ojos fijos en los ex policías que estaban cuestionando su actuación el día del crimen. Su seriedad y atención fue creciendo conforme corría el reloj.

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