Atravesó la capital para huir de su padrastro
Una niña de 12 años caminó desde el microcentro hasta el barrio 11 de Febrero para estar con su abuela y salvar a su hermana menor. "Tenían marcas en todo el cuerpo", dijo la abuela de las pequeñas, que por ahora estará a su cargo. No sabe qué será de ellas.
05 Febrero 2011 Seguir en 
P. no soportó más y tomó la decisión más importante en sus 12 años de vida. "Todo va a mejorar. Vamos a ser felices", le dijo a su hermanita, dos años más pequeña que ella. Así, con angustia y sufrimiento, comenzó un peregrinaje de casi cinco kilómetros para poder escapar del infierno de su casa, situada a pocas cuadras del microcentro, para internarse sola en el barrio 11 de Febrero, uno de los puntos más peligrosos de Villa 9 de Julio.
Allí, en ese vecindario, estaba su salvación. Su abuela la recibió con los brazos abiertos y la rescató del calvario que vivía en su vivienda, donde, según contó la pequeña, su padrastro la sometía a golpizas y maltratos psicológicos constantes.
"No se como se orientó, pero lo cierto es que no es común ver a una nena de su edad, que se vaya de su casa sola. Debe haber sufrido mucho", dijo F., abuela de la niña. Ahora, P. y su hermanita están junto a ella. Pero las tres saben que la situación aún no se ha solucionado. "Yo tengo problemas de salud; casi no puedo caminar. Y la Justicia no permite que las nenas se queden conmigo por mi enfermedad. Las quieren llevar a la Sala Cuna, pero tengo miedo de que terminen dándolas en adopción; y yo no quiero eso, porque son mi sangre", relató F. al borde de las lágrimas.
Según le contaron a LA GACETA en una dramática entrevista, P. soportó durante mucho tiempo golpes e insultos en su casa, ubicada a pocos metros del Centro Cultural Juan B. Terán. El jueves, aprovechando un descuido de su madre, le avisó a su hermana que se marchaba y comenzó a caminar. "Como a las 11, llegó llorando a mi casa y me dijo que su padrastro les pegaba a ella y a mi otra nieta. Por eso, fue a realizar la denuncia", narró conmocionada la abuela.
Luego, relató qué ocurría en la casa de P. "Mi hija está en un concubinato con un hombre que, hace un tiempo, salió de la cárcel. Él no quiere a mis nietas porque no son sus hijas. Ellas me contaron que les pegaba todo el tiempo. Tenían marcas en todo el cuerpo", dijo.
Las pequeñas le suplicaron a su abuela que haga lo posible por protegerlas y tenerlas a su lado. "Le tienen terror a su padrastro. Lo que me dejó tranquila fue que, en Tribunales, me dijeron que no se las iban a devolver a su madre, porque permitía que las golpearan. Encima, cuando estaba en la comisaría llegó mi hija con mi otra nietita y dijo que su esposo nunca les había pegado. Pero luego se ?pisó? y confesó que, de vez en cuando, les daba un cintarazo a las chiquitas", contó, indignada, la mujer.
Por orden de la fiscala Adriana Giannoni, las niñas permanecerán con la madre de su madre provisoriamente, según el informe policial. Además, la investigadora solicitó que se realicen estudios médicos para determinar si las pequeñas fueron golpeadas.
En la humilde vivienda propiedad de su abuela, las pequeñas encontraron el cariño y la contención que tanto necesitaban. Mientras duraba la entrevista, las dos hermanitas repartían besos y abrazos y asentían cada vez que su abuela murmuraba algo sobre la dramática situación.
La abuela vive con su marido y con otra de sus nietas. Ella quiere hacer lo posible por tener cerca a las criaturas, pero no parece que esto vaya a ser sencillo. "Voy a tratar de conseguir una media internación en el hogar Santa Rita. Quiero que ellas puedan estudiar, que reciban una buena educación y, los fines de semana, vengan a mi casa. Esa es una de las soluciones", conjeturó la mujer.
Ella no entiende cómo su hija dejó que sus nietas sean agredidas de tal manera. "Ella siempre defendió a su pareja, aunque sabe que él les pega, eso no puedo entenderlo. Siempre una madre quiere lo mejor para sus hijos. Yo tengo una gata que tuvo cachorros y se desespera cuando les pasa algo a ellos; en cambió a mi hija, que tiene uso de razón, no le importa que sus chiquitas sufran tanto", finalizó, al borde del llanto, la abuela.
Allí, en ese vecindario, estaba su salvación. Su abuela la recibió con los brazos abiertos y la rescató del calvario que vivía en su vivienda, donde, según contó la pequeña, su padrastro la sometía a golpizas y maltratos psicológicos constantes.
"No se como se orientó, pero lo cierto es que no es común ver a una nena de su edad, que se vaya de su casa sola. Debe haber sufrido mucho", dijo F., abuela de la niña. Ahora, P. y su hermanita están junto a ella. Pero las tres saben que la situación aún no se ha solucionado. "Yo tengo problemas de salud; casi no puedo caminar. Y la Justicia no permite que las nenas se queden conmigo por mi enfermedad. Las quieren llevar a la Sala Cuna, pero tengo miedo de que terminen dándolas en adopción; y yo no quiero eso, porque son mi sangre", relató F. al borde de las lágrimas.
Según le contaron a LA GACETA en una dramática entrevista, P. soportó durante mucho tiempo golpes e insultos en su casa, ubicada a pocos metros del Centro Cultural Juan B. Terán. El jueves, aprovechando un descuido de su madre, le avisó a su hermana que se marchaba y comenzó a caminar. "Como a las 11, llegó llorando a mi casa y me dijo que su padrastro les pegaba a ella y a mi otra nieta. Por eso, fue a realizar la denuncia", narró conmocionada la abuela.
Luego, relató qué ocurría en la casa de P. "Mi hija está en un concubinato con un hombre que, hace un tiempo, salió de la cárcel. Él no quiere a mis nietas porque no son sus hijas. Ellas me contaron que les pegaba todo el tiempo. Tenían marcas en todo el cuerpo", dijo.
Las pequeñas le suplicaron a su abuela que haga lo posible por protegerlas y tenerlas a su lado. "Le tienen terror a su padrastro. Lo que me dejó tranquila fue que, en Tribunales, me dijeron que no se las iban a devolver a su madre, porque permitía que las golpearan. Encima, cuando estaba en la comisaría llegó mi hija con mi otra nietita y dijo que su esposo nunca les había pegado. Pero luego se ?pisó? y confesó que, de vez en cuando, les daba un cintarazo a las chiquitas", contó, indignada, la mujer.
Por orden de la fiscala Adriana Giannoni, las niñas permanecerán con la madre de su madre provisoriamente, según el informe policial. Además, la investigadora solicitó que se realicen estudios médicos para determinar si las pequeñas fueron golpeadas.
En la humilde vivienda propiedad de su abuela, las pequeñas encontraron el cariño y la contención que tanto necesitaban. Mientras duraba la entrevista, las dos hermanitas repartían besos y abrazos y asentían cada vez que su abuela murmuraba algo sobre la dramática situación.
La abuela vive con su marido y con otra de sus nietas. Ella quiere hacer lo posible por tener cerca a las criaturas, pero no parece que esto vaya a ser sencillo. "Voy a tratar de conseguir una media internación en el hogar Santa Rita. Quiero que ellas puedan estudiar, que reciban una buena educación y, los fines de semana, vengan a mi casa. Esa es una de las soluciones", conjeturó la mujer.
Ella no entiende cómo su hija dejó que sus nietas sean agredidas de tal manera. "Ella siempre defendió a su pareja, aunque sabe que él les pega, eso no puedo entenderlo. Siempre una madre quiere lo mejor para sus hijos. Yo tengo una gata que tuvo cachorros y se desespera cuando les pasa algo a ellos; en cambió a mi hija, que tiene uso de razón, no le importa que sus chiquitas sufran tanto", finalizó, al borde del llanto, la abuela.









