Vamos, vamos, empecemos a prometer banalidades y a vender ilusiones que la gente ya comenzó a volver de vacaciones y hay que enloquecerla con afiches de gente linda, volantes, slogan vacíos y denuncias de corrupción. Vamos, vamos: hay que asegurarse que nos voten de tanto cansar por aparecer mucho y no porque nos conozcan de verdad. Vamos, que hay que arremangarse porque el calendario electoral se nos viene encima y hay que atornillarse más a los cargos o bien sacar el serrucho para cortar las patas de las bancas ajenas. Vamos que hay que convencer al ciudadano que sufraga que somos los buenitos y que la nuestra es la mejor propuesta -ah, empiecen a redactarla-; que la del otro no sirve, que es vacía, oportunista y demagoga. Vamos, epa, un poco más de imaginación en los mensajes, que parezcan sinceros o por lo menos que se entiendan a medias -la ambigüedad, a veces, también sirve-, hay que sacar ventajas como sea. Vamos, a buscar recursos para la campaña, que la "guita" la pongan otros, del bolsillo propio no sale nada para ponernos en oferta. Ah, y de última, busquemos al candidato que tiene más chances de salir airoso para acoplarnos: si no hay imán propio por lo menos que nos cobije la sombra del otro para sumar algo. Vamos, a prometer sin ponerse colorado, a prometer, a prometer, que la gente se olvida rápido después de lo que uno jura.
Sobre la arenga anterior hay que alertar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que es un relato ficticio, irreal, falso, engañoso, extremista, traído de los pelos. Usted, lector, puede decir: sí, como todo proselitismo electoral; estará en todo su derecho, y tal vez no se equivoque, y hasta puede que sea más ingenioso e irónico. Ahora bien, si lo cree... es problema suyo. Lo que es seguro, indiscutiblemente, es que la clase dirigente, toda, oficialistas y opositores de todo signo, han hecho política y proselitismo indirectamente desde las playas, los cerros o de donde fueron a descansar. Así es como hubo un concejal que, mojándose los pies a orillas del mar, leía los diarios y llamaba a la redacción para desahogar su bronca y criticar al adversario de los próximos meses. Algunos "molestos" como el edil están en campaña permanente, porque viven para la política. Ojo, viven para la política; no viven "de la política". Eso lo dijo usted, eh.
Aunque pensándolo bien, los sublemas -aquel sistema que pareciera ser del "jurásico" electoral provincial-, se convirtieron en los 90 en una suerte de posible "salida laboral". Hubo miles y miles de candidatos que se presentaron intentando arañar un puesto de concejal o de comisionado rural para "salvarse" y conseguir un sueldo. Claro, eran épocas de bolsillos vacíos, de un país económicamente en crisis, de mucha desocupación. Presentar un sublema no era muy difícil. Fue una alternativa, un sueño de empleo de cientos que se dieron de bruces con aquellos que mínimamente militaban y que eran un poco más conocidos, o que, por lo menos, contaban con los medios para "aparecer" un poco más y no ser "tan desconocido" para el que votó.
Amigos de columnas
Pero hoy, como el amigo dueño de esta columna dice: "Tucson es chico". Y nos conocemos todos. Además, producto de la reforma constitucional, que como suele repetir otro amigo, también columnista él, nació el día 6, del mes 6 del año 6 -¿diabólico no?-; apareció la reelección. Con el nuevo régimen político, a muchos se los conoce de tanto aparecer, porque ya llevan ocho años en sus puestos, y este año tienen la posibilidad de obtener un tercer mandato consecutivo. En una de esas, probablemente no sea una cuestión geográfica y que nos conocemos todos, sino que siempre son los mismos. Legalmente, esta circunstancia no merece reparos. La ley lo dice. Si usted quiere rematar y sugerir que "hecha la ley, hecha la trampa", será producto de sus neuronas. Es que a muchos la Constitución los ampara. Tal vez habría que haberle puesto comillas a esta última frase para que suene un poco irónica, pero es la verdad: la Carta Magna fue escrita así por los constituyentes, los únicos que se beneficiaron con el cambio introducido, por lo menos en cuanto a tener la chance de ser reelectos.
Si la Justicia no dice lo contrario y no pone una valla de contención a partir de algunos reparos políticos y planteos legales, el 28 de agosto sus nombres volverán a estar en algunas de las cientos de boletas electorales que llegarán al cuarto oscuro. No será una nueva oferta, sino la misma que de hace cuatro años. ¿Renovación en la política? Ese concepto, cargado de motivaciones y de identificación con una lucha militante, no existe. Si aparece es por casualidad, porque mirando bien el panorama, a los dirigentes que hoy están y que pueden seguir estando hasta se los puede nombrar de memoria, como esos equipos de fútbol históricos del siglo pasado cuya integración se recitaban: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. "La máquina", decía mi "riverplatense" viejo. O Boyé, Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez, le replicaba mi mamá "xeneixe".
Titulares y suplentes
No. No hay cambios. El banco de suplentes es extenso, pero la legalidad les impide acceder al campo de juego; son otros los competidores y los dueños de la pelota. Y no se lesionan. Como ejercicio democrático, ya que estamos en verano y que se hacen muchas recomendaciones sobre qué hacer en vacaciones en tiempo libre, le podemos sugerir que arme sus propios equipos de la Legislatura y del Concejo. Ah, no deje atrás a los intendentes, ellos también pueden ser los mismos. Arroje nombres. Si quiere divertirse, a cada "jugador" póngale un puntaje y en agosto haga cuentas, sume las figuritas que han resultado reelectas y vea cuántos puntos ha obtenido. Juegue al "gran DT de la democracia"; vamos, anímese, invite a sus amigos y arme grupos. A ver, a ver, ¿quién será el próximo gobernador? No sea tramposo, en este ítem ponga pocos puntos a José Alperovich. Tenga en cuenta, por ejemplo, las apuestas que se hacen cuando compite Barcelona: por la victoria del contrario conceden 14 euros (el caso de Hércules, de ayer) y 1,14 euros por el triunfo del equipo de Lionel Messi.
Cambio. He ahí una palabra que aparecerá asiduamente en los próximos meses. Se escuchará en boca de todos, en los oficialistas pero por la negación: "no cambie, siga con nosotros". También en la de los opositores: "cambie, pero por nosotros". Las jugadas están más que claras, no hay nada que inventar; por ahora. El alperovichismo mantendrá el mensaje de que lo mejor es seguir identificados con el Gobierno nacional, que el kirchnerismo hizo todo para la provincia crezca y que el mejor modelo para que Tucumán siga creciendo es que todo siga como está. Cuando se observa la cantidad de pedidos de acople al titular del Poder Ejecutivo, lo que se deduce es que por muchas cabezas cruza la idea de que habrá reelección o, por lo menos, como dijimos más adelante, los que huelen cómo será el final se cobijan a la sombra del que creen que ganará. A esto bien se le puede denominar "Operación contagio". Si Alperovich te bendice con el acople, estarás con un pie adentro. Por favor, es un chiste.
Los primos pobres
Desde la vereda de enfrente, las cosas son muy distintas. Claro que la oposición juega contra sus propias debilidades y pecados de identificación, debilidad que se acrecentó a partir de la acumulación de poder que supo concretar el gobernador. Casi los arrinconó, los dejó reducidos a pocos nombres, tantos que también pueden recitarse de memoria (como "cucaracha" Sánchez, Miguel Angel Pérez y "pamperito" Toledo. !qué delantera, papá!, permítanme el desliz). Son pocos caballeros y tendrán que enfrentarse a un gigantesco dragón. Pero se toparán con lo que hasta ahora parece una dificultad: motivar el cambio a partir de cuestionar la debilidad institucional -en términos políticos- del sistema, que degeneró casi en una autocracia. Un gran reto: cómo "colar" en la sociedad el mensaje de que hay que pelear por la calidad institucional, cómo advertir respecto de la necesidad de nuevos nombres en el escenario político y, sobre todo, cómo convencer que son mejores que los que están. El 2011, al que se dice año electoral por excelencia, otorgará al ciudadano una nueva oportunidad para expresarse en las urnas. El soberano hablará: por eso, al soberano... hay que seducirlo. Ojo, no a Berlusconi. Operativo "Tentación" en marcha. Todo vale.
Sobre la arenga anterior hay que alertar que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, ya que es un relato ficticio, irreal, falso, engañoso, extremista, traído de los pelos. Usted, lector, puede decir: sí, como todo proselitismo electoral; estará en todo su derecho, y tal vez no se equivoque, y hasta puede que sea más ingenioso e irónico. Ahora bien, si lo cree... es problema suyo. Lo que es seguro, indiscutiblemente, es que la clase dirigente, toda, oficialistas y opositores de todo signo, han hecho política y proselitismo indirectamente desde las playas, los cerros o de donde fueron a descansar. Así es como hubo un concejal que, mojándose los pies a orillas del mar, leía los diarios y llamaba a la redacción para desahogar su bronca y criticar al adversario de los próximos meses. Algunos "molestos" como el edil están en campaña permanente, porque viven para la política. Ojo, viven para la política; no viven "de la política". Eso lo dijo usted, eh.
Aunque pensándolo bien, los sublemas -aquel sistema que pareciera ser del "jurásico" electoral provincial-, se convirtieron en los 90 en una suerte de posible "salida laboral". Hubo miles y miles de candidatos que se presentaron intentando arañar un puesto de concejal o de comisionado rural para "salvarse" y conseguir un sueldo. Claro, eran épocas de bolsillos vacíos, de un país económicamente en crisis, de mucha desocupación. Presentar un sublema no era muy difícil. Fue una alternativa, un sueño de empleo de cientos que se dieron de bruces con aquellos que mínimamente militaban y que eran un poco más conocidos, o que, por lo menos, contaban con los medios para "aparecer" un poco más y no ser "tan desconocido" para el que votó.
Amigos de columnas
Pero hoy, como el amigo dueño de esta columna dice: "Tucson es chico". Y nos conocemos todos. Además, producto de la reforma constitucional, que como suele repetir otro amigo, también columnista él, nació el día 6, del mes 6 del año 6 -¿diabólico no?-; apareció la reelección. Con el nuevo régimen político, a muchos se los conoce de tanto aparecer, porque ya llevan ocho años en sus puestos, y este año tienen la posibilidad de obtener un tercer mandato consecutivo. En una de esas, probablemente no sea una cuestión geográfica y que nos conocemos todos, sino que siempre son los mismos. Legalmente, esta circunstancia no merece reparos. La ley lo dice. Si usted quiere rematar y sugerir que "hecha la ley, hecha la trampa", será producto de sus neuronas. Es que a muchos la Constitución los ampara. Tal vez habría que haberle puesto comillas a esta última frase para que suene un poco irónica, pero es la verdad: la Carta Magna fue escrita así por los constituyentes, los únicos que se beneficiaron con el cambio introducido, por lo menos en cuanto a tener la chance de ser reelectos.
Si la Justicia no dice lo contrario y no pone una valla de contención a partir de algunos reparos políticos y planteos legales, el 28 de agosto sus nombres volverán a estar en algunas de las cientos de boletas electorales que llegarán al cuarto oscuro. No será una nueva oferta, sino la misma que de hace cuatro años. ¿Renovación en la política? Ese concepto, cargado de motivaciones y de identificación con una lucha militante, no existe. Si aparece es por casualidad, porque mirando bien el panorama, a los dirigentes que hoy están y que pueden seguir estando hasta se los puede nombrar de memoria, como esos equipos de fútbol históricos del siglo pasado cuya integración se recitaban: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. "La máquina", decía mi "riverplatense" viejo. O Boyé, Corcuera, Sarlanga, Varela y Sánchez, le replicaba mi mamá "xeneixe".
Titulares y suplentes
No. No hay cambios. El banco de suplentes es extenso, pero la legalidad les impide acceder al campo de juego; son otros los competidores y los dueños de la pelota. Y no se lesionan. Como ejercicio democrático, ya que estamos en verano y que se hacen muchas recomendaciones sobre qué hacer en vacaciones en tiempo libre, le podemos sugerir que arme sus propios equipos de la Legislatura y del Concejo. Ah, no deje atrás a los intendentes, ellos también pueden ser los mismos. Arroje nombres. Si quiere divertirse, a cada "jugador" póngale un puntaje y en agosto haga cuentas, sume las figuritas que han resultado reelectas y vea cuántos puntos ha obtenido. Juegue al "gran DT de la democracia"; vamos, anímese, invite a sus amigos y arme grupos. A ver, a ver, ¿quién será el próximo gobernador? No sea tramposo, en este ítem ponga pocos puntos a José Alperovich. Tenga en cuenta, por ejemplo, las apuestas que se hacen cuando compite Barcelona: por la victoria del contrario conceden 14 euros (el caso de Hércules, de ayer) y 1,14 euros por el triunfo del equipo de Lionel Messi.
Cambio. He ahí una palabra que aparecerá asiduamente en los próximos meses. Se escuchará en boca de todos, en los oficialistas pero por la negación: "no cambie, siga con nosotros". También en la de los opositores: "cambie, pero por nosotros". Las jugadas están más que claras, no hay nada que inventar; por ahora. El alperovichismo mantendrá el mensaje de que lo mejor es seguir identificados con el Gobierno nacional, que el kirchnerismo hizo todo para la provincia crezca y que el mejor modelo para que Tucumán siga creciendo es que todo siga como está. Cuando se observa la cantidad de pedidos de acople al titular del Poder Ejecutivo, lo que se deduce es que por muchas cabezas cruza la idea de que habrá reelección o, por lo menos, como dijimos más adelante, los que huelen cómo será el final se cobijan a la sombra del que creen que ganará. A esto bien se le puede denominar "Operación contagio". Si Alperovich te bendice con el acople, estarás con un pie adentro. Por favor, es un chiste.
Los primos pobres
Desde la vereda de enfrente, las cosas son muy distintas. Claro que la oposición juega contra sus propias debilidades y pecados de identificación, debilidad que se acrecentó a partir de la acumulación de poder que supo concretar el gobernador. Casi los arrinconó, los dejó reducidos a pocos nombres, tantos que también pueden recitarse de memoria (como "cucaracha" Sánchez, Miguel Angel Pérez y "pamperito" Toledo. !qué delantera, papá!, permítanme el desliz). Son pocos caballeros y tendrán que enfrentarse a un gigantesco dragón. Pero se toparán con lo que hasta ahora parece una dificultad: motivar el cambio a partir de cuestionar la debilidad institucional -en términos políticos- del sistema, que degeneró casi en una autocracia. Un gran reto: cómo "colar" en la sociedad el mensaje de que hay que pelear por la calidad institucional, cómo advertir respecto de la necesidad de nuevos nombres en el escenario político y, sobre todo, cómo convencer que son mejores que los que están. El 2011, al que se dice año electoral por excelencia, otorgará al ciudadano una nueva oportunidad para expresarse en las urnas. El soberano hablará: por eso, al soberano... hay que seducirlo. Ojo, no a Berlusconi. Operativo "Tentación" en marcha. Todo vale.







