La trascendencia de la pobreza

Por Redacción Política 26 Diciembre 2010
¿Qué puede hacer el ciudadano comprometido en la política cuando debe actuar en una sociedad donde los valores están en decadencia? La pregunta es del arzobispo de Tucumán, Luis Villalba, quien le agrega complejidad. Advierte que, para algunos, los principios morales no son compatibles con una moderna gestión del poder. Otros dicen que, contra la teoría, hoy no es posible hacer política sin ceder a cuestiones éticamente inaceptables. Y hay quienes consideran que esas deficiencias morales son inevitables y hasta normales.

"Todo hombre que obra en política lo hace en la integridad de su persona. Y Cristo ha redimido a toda persona y a todo lo que es humano y que al hombre pertenece, como la política", aseveró.

"La solución del problema -dice el prelado- está en el Evangelio del joven rico, cuando Jesús dice: ?... es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos?. Los discípulos preguntaron: ?entonces, ¿quién podrá salvarse??. Jesús agrega: "para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible (Mt. 19, 24-26)".

"Actuar en política, como todo obrar responsable en este mundo marcado por el pecado, requiere una gran fe evangélica, una fuerte espiritualidad. En caso contrario, nos perderemos haciendo equilibrio entre imposibles", advirtió.

Según el pastor, "cuando comprendamos la seriedad de esta antinomia podremos entrar en este servicio que es la política, con temor y temblor, con un gran sentido de nuestra insuficiencia y pobreza, pero con la confianza en la misericordia de Dios y en la potencia transformadora del Evangelio".

"Se trata de un camino arduo, comprometedor, se trata de entrar en la categoría de los pobres de espíritu a quienes se les prometió el Reino de los Cielos", precisó.

"Sólo así se puede definir la política como una forma de la caridad, un darse a los otros tras una conversión seria, que cambie la orientación de la vida. Conversión que haga elegir en lo interior la pobreza de Cristo y que permita expresar, con corazón libre, el servicio de la política usando los bienes y el poder, pensando en el bien común y superando la tentación que atraviesa la vida del que asume responsabilidades públicas", concluyó.

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