Hasta la muerte les pidió que se okupen

Ni Macri ni las autoridades del Gobierno nacional pudieron sacarse de encima sus prejuicios y rencillas para afrontar un problema que llegó a quitar algunas vidas.

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 12 Diciembre 2010
No hace falta recurrir al Diccionario de la Real Academia Española para confirmar que distinto no es sinónimo de mejor. El duelo por el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner se va destiñendo de la misma manera que la violencia y la búsqueda de la confrontación se diluye de la vida política argentina. En ese camino arrastra a todos los partidos de la oposición que sólo se muerden la cola. Con paso calmo el oficialismo resuelve con paciencia y orden los conflictos que se le van planteando.

Cristina Fernández de Kirchner dio un ejemplo mundial a la forma en que absorbió el estallido Wikileaks. Hubo grandes estadísticas que fueron incapaces de soportar las verdades que salían a la luz. Desde Barack Obama hasta el Papa Benedicto XVI, pasando por Rodríguez Zapatero, Nicolas Sarkozy o Angela Merkel, se molestaron -y lo dijeron- porque todo el mundo se enteró de lo que decían, pensaban o negociaban. La Presidenta no abrió la boca. No dijo ni una palabra. "Este es un problema de los Estados Unidos y son ellos los que tienen que lavar los trapos sucios en su casa" podría interpretarse de su silencio. Eso sí, anotó con lápiz rojo cada uno de los nombres -de su entorno especialmente- que fueron a hablar en contra de ella, de su gestión y la de su ex marido. Mostró pericia, habilidad e inteligencia para resolver esta situación. Tanto que se ganó un especial pedido de disculpas de los Estados Unidos, algo impensado en cualquier otro momento.

No fue esta la Cristina que afrontó el incomprensible e inaceptable estallido de violencia y muerte de Villa Soldati. La Presidenta, devorada por las pasiones, dejó que pasaran los días, creyendo que el conflicto no la iba a salpicar. Incluso dejó que las cosas se desmadraran y que se produjeran muertes. Ella con sus declaraciones y agresiones -que fueron al compás de los ataques de Aníbal Fernández- dejó en claro que el verdadero enemigo del gobierno es Mauricio Macri. Desde lo político lo hicieron crecer y en medio de la multiplicidad de confusiones que es la oposición quedó dibujado el rostro del ex presidente de Boca. Ya durante la semana hubo antecedentes cuando en el histórico lanzamiento por el descubrimiento de yacimientos gasíferos eligió no saludar directamente a Macri y después tuvo que hacerle una deferencia desde los micrófonos y desde lejos. No es eso lo que corresponde a una investidura presidencial.

Oportunidad perdida

Tuvo una oportunidad única y la desperdició. Si minutos después de ver cómo el jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la Presidenta hubiera dicho: "tanto insistió con la Policía y no puede hacer nada y ahora le tengo que sacar las papas del fuego a este chico". Pero no hizo ni dijo eso y la muerte de por lo menos tres argentinos terminó envolviendo en el mismo lodo de la impericia a Cristina de Kirchner y a Macri, las dos figuras más populares y más poderosas del país.

Hasta el momento en que se iba llenando esta página en blanco había muertos; barrabravas involucrados en la violencia; un quiebre social que enfrentaba entre sí a los ciudadanos; policías desubicados; armas sueltas; pobreza; hambre; burocracia meandrosa; vestigios de narcotráfico, xenofobia y una disputa política. ¿No son demasiadas cosas para que los gobiernos más importante del país no busquen una solución? La muerte fue menos importante que la mezquindad de los dirigentes.

Hay una Argentina distinta a la que todos están acostumbrándose después de la muerte de Kircher.

En Tucumán, José Jorge Alperovich y Domingo Luis Amaya han quedado políticamente huérfanos. Tanto el uno como el otro tenían un diálogo especial -y por separado- con el ex presidente. Ahora las cosas han cambiado.

Cristina no atiende el teléfono como lo hacía Néstor. Tampoco ha incumplido ninguno de los acuerdos que Tucumán selló con la Nación. Alperovich aplica la misma política de seducción que en los primeros años de gestión cuando Néstor aterrizaba en el aeropuerto Benjamín Matienzo y el mandatario tucumano ni siquiera se enteraba. Si Cristina lo llama, Alperovich va y no pide nada que no haya estado acordado previamente. Mientras tanto, trabaja para mostrar el año que viene los votos en la mano.

La única que tiene una línea directa es la diputada Stella Maris Córdoba que muchos años antes de que los Kirchner soñaran con la Presidencia, la tucumana ya estaba con ellos. Pero el huracán alperovichista cortó de cuajo cualquier gajo político. Por eso la diputada podrá cumplir con lo que le pida a nivel nacional, pero no llegará a discutirle espacios al al mandatario actual.

Alperovich se siente fuerte y seguro tanto que cree que no le va a hacer falta nada hasta después de los comicios provinciales de agosto. Por eso no le molesta que lo atienda Julio De Vido, aunque no sea el hombre con más llegada al despacho presidencial. Esos son privilegios que tienen el secretario Legal y Técnico y el jefe de la Side, Carlos Zanini y Héctor Izcazuriaga, respectivamente. Obviamente, a ellos se suman los obvios como Aníbal Fernández o Florencio Randazzo, quienes se sienten más libres y menos controlados que cuando vivía Néstor.

En aquellas épocas hasta la corrupción llegaba a disimularse. Por eso hoy dan por descontado que el destino de Ricardo Jaime es de los peores. Los que algunas vez frecuentaron a la Presidenta recuerdan que el ex secretario de Transporte no solía tener el beneplácito de Cristina quien más de una vez lo llamó "el funcionario al que lo rodean las chicas de polleras muy cortas".

En Tucumán, Jaime no hizo de las suyas pero el transporte es un tema cada vez más complicado para la capital tucumana. El Sutrapa es un apelativo difícil de taxi, pero es una mezcolanza de irregularidades idénticas a las que ocurrían cuando los remises truchos dominaban la ciudad. Han habido más concesiones que reglas claras para un servicio que debería ser ejemplar en una provincia que quiere descollar turísticamente. Ahora con la aparición de las tarjetas magnéticas para viajar en ómnibus queda al descubierto que la venta de boletos es una incógnita más difícil de descifrar que las explicaciones del presidente del Ente de Infraestructura de la provincia, Rolando Alfaro.

Logo para el descontrol

La publicación del video en el que se ve a un camión haciendo trabajos en un domicilio particular con el logo de Infraetructura tapado por hojas de LA GACETA terminaron enredando al responsable del área. El funcionario explicó que la repartición contrató un camión mediante un concurso de precios pero no es de uso exclusivo del ente. "Le pintamos el logo para que no tuviera problemas ni demoras en las rutas con los controles camioneros cuando va al interior llevando materiales", indicó. Su aclaración deja que pensar si es que justamente quienes deben cumplir y exigir que se respeten las leyes disfracen de oficial un vehículo privado para que no sea controlado en las rutas donde se extreman cuidados nada más y nada menos que para que todos estén más seguros. También indicó que "el titular del camión pudo haber estado prestando un servicio privado para el que lo contrataron o que pudo haber estado haciéndole un favor a un amigo. Tal vez por alguno de estos motivos tapó el logo con papel de diario". Si hubiera estado todo en orden no habría sido necesario ocultar nada. La casa donde se habría estado prestando servicio el camión -según los vecinos- sería del segundo del Ente de Infraestructura Ramiro Véliz. Tanto este funcionario como Alfaro negaron terminantemente algún vínculo con el propietario de la casa. Mientras los vecinos señalan lo contrario, los funcionarios se desesperan por desmentir en lugar de averiguar realmente qué es lo que ha pasado por el bien de la transparencia de sus gestiones. No vaya a ser que se lleven una sorpresa.

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