Haciendo dedo

La piña de Camaño a Kunkel debería convertirse en una enseñanza para ensayar un cambio profundo. Nuevas designaciones sin concurso. El presupuesto

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 21 Noviembre 2010
"No se aflijan, si ustedes le dicen Camaño de Barrionuevo alcanza para sacarla de quicio". El dueño de este consejo es un diputado que casi no habla en las sesiones de la Cámara de Diputados, pero conoce la matriz de sus integrantes.
Graciela Camaño trabaja, trajina, estudia, porfía y lucha. Pueden decir muchas cosas de la diputada nacional, pero las críticas les resbalan porque hasta sus principales rivales reconocen sus virtudes en el Congreso. Pero carga un marido (Luis Barrionuevo) que nada tiene que ver con esa imagen. Ella lo sabe y no tolera que se lo recuerden. 
Cada vez que pudo en los últimos años, Carlos Kunkel,  le recordó a la propia esposa frases célebres de su marido, el gastronómico-filósofo. Dos semanas atrás habían estado frente a frente y un tucumano que los vio jura que él le prometió que no la iba a chicanear más. El miércoles faltó a su palabra y volvió a acordarse de las urnas quemadas en Catamarca y de la celebérrima frase que dice que "en la Argentina la solución es que los dirigentes dejen de robar dos años". El país se paralizó cuando vio como salía la derecha de Camaño y se incrustaba en la boca de Kunkel como si a la diputada la hubiera estado entrenando Amílcar Brusa. 
La piña fue una señal. En un instante congeló la imagen de un país que resuelve las cosas a las trompadas. En ese instante Elisa Carrió perdió lo que había venido cosechando. Fue el segundo en que vacilan los que no dudan como Kunkel. Fue el momento en el que Mauricio Macri debió callarse en vez de justificar el desborde de Camaño. Los dirigentes no están preparados para este tipo de hechos porque cuando les quitan el control, se des-controlan y sus imágenes quedan borrosas. 
"La experiencia es un peine que te regalan cuando te quedas pelado", enseñó Oscar Bonavena.
Será por eso que en Tucumán el presidente de la Corte Suprema de Justicia cree que los aplausos y alabanzas que recibe por la promesa de realizar concursos para contratar personal el año que viene puede borrar el aluvión de nombramientos de este año. 
Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Obviamente, hubiera sido mucho más sano para el Poder Judicial que primero hubieran llegado los contratos y después, los nombramientos. 
Lo que no se entiende es por qué apenas se conoció que iban a efectuarse los concursos empezó a funcionar más aceitadamente la sección de Recursos Humanos para nombrar más personal. Lamentablemente, por esa obcecación por satisfacer a los amigos y parientes, la Corte Suprema de Justicia (Antonio Estofán siempre aclara que nada lo hace él, sino todos los vocales) le quita prestigio a un poder que debiera lucirse por su transparencia. 
De vuelta al pago
El mismo miércoles de la chicana de Kunkel -y de la trompada de Camaño- el presidente de la Corte fue a visitar a su amigo, el gobernador, en la Casa de Gobierno. "Me sorprende que el tema salga en este momento, y creo que hay algún interés especial y raro en hacerlo, con una mala lectura", dijo Estofán, quien, en abril cuando LA GACETA pidió hablar con él por los primeros 90 nombramientos a dedo no quiso atender al diario. Pasaron los meses ignorando este pedido y él mismo lo instaló cuando  prefirió oír los aplausos de su anuncio y no dar explicaciones sobre el porqué de un centenar de designaciones a "piacere" dando prioridad no a los currículums sino a los pedidos de familiares de jueces, vocales y ex vocales de la Suprema Corte de Justicia. 
Pero, no conforme con el planteo de la prensa, -la semana pasada el ex fiscal de Estado le aclaró a un integrante del cuerpo de magistrados que ahora sólo hablaría con la prensa amiga-, Estofán puso énfasis para que no trascendieran las designaciones que se estaban haciendo aún después del vivado y aplaudido anuncio de los concursos. 
Cuál sería el inconveniente de explicar que esta semana hubo entre tres y cuatro ciudadanos que, por día, se presentaron para completar el proceso de ingreso al Poder Judicial a través de la designación directa, no de los exámenes. Aproximadamente hubo cinco aspirantes al puesto de ordenanza, una candidata para un cargo en la oficina de Mediación y el resto se presentó para ser ayudante judicial. Esta última es la categoría más baja de la carrera judicial y el único que va a concursarse según la acordada 1.029 que tardíamente pudo consensuar la Corte Suprema de Justicia de Tucumán.
Por suerte -y así lo corroboran los propios empleados judiciales- todos los ingresantes que avalan la silenciada Claudia Sbdar, el renacido Antonio Gandur, el belicoso René Goane, el pasivo Alberto Brito y Estofán, han encontrado un trámite más rápido y ágil de lo que era habitualmente. Gracias a que se han aliviado las trabas burocráticas se podrán concretar las incorporaciones antes de la feria de enero y, obviamente, de febrero que es cuando entrará en vigencia la acordada 1.029 que establece los exámenes.
Buen alumno
Estofán estudió política en la escuela alperovichista. Su gestión se apoya en obras y nombramientos hasta ahora. Pero al igual que su alter ego tiene un olfato inesperado. Por eso después de ver que el presidente del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), Gandur, fue bien recibido por el mandatario provincial volvió a recomponerse una amistad que se había roto cuando se produjo la última elección del titular de la Corte. 
Ese cambio en las relaciones también quedó claro cuando en la última sesión del CAM Gandur con soltura atacó con gran dureza e ironía el fallo contra el CAM cuyos principales argumentos habían sido aportados por el vocal Goane. 
Así como la piña fue una señal que marcó un antes y un después en las relaciones del Congreso, los que frecuentan los despachos del último piso de Tribunales dicen que la clave está en el baño. "Cuando Estofán y Gandur están peleados suele verse al fanático del rugby salir a los pasillos con una llave en la mano; en cambio, cuando uno y otro no tienen ganas ni de saludarse, el ex presidente utiliza los sanitarios internos de la Corte". Así lee algunas conductas una experta en la vida pública de los vocales. 
El dinero del futuro
En la Corte como en las principales instituciones de la República las ambiciones personales y su interrelación son vitales. El gancho de Camaño congeló -desgraciadamente- un hito en la vida del Congreso. En la Legislatura provincial también se va a terminar de diseñar esta semana lo que Tucumán será en 2011.
Casi ningún legislador sabe -y a pocos les interesa- cuando se le pregunta sobre el Presupuesto 2011. El presidente subrogante de la Legislatura, Regino Amado, se burló de toda la sociedad dando a entender que era muy caro para la Cámara imprimir el presupuesto y que por eso los legisladores no lo tenían. 
Aún no se sabe si la policía va a tener más o menos nafta para recorrer las calles que suele estar pobladas de motoarrebatadores. Tampoco se conoce si habrá más dinero para educación o políticas sociales, sin contar lo que manda la Nación en este federalismo "sui generis" en el que se premia la conducta y no la gestión. Es que ambos rubros están ligados, por ejemplo, con la droga aunque no se note. Pero ninguna de esas discusiones parecen abrirse a la hora de diseñar el presupuesto, es decir el plan de vida de los tucumanos para el año que viene. "Mirá un fin de semana largo puede ser muy bueno para algunos, pero para los más pobres es un día más de ocio y si no hay una cancha cerca puede significar simplemente un día más de consumo para apaciguar tanto vacío. Es más, en La Costanera los feriados hay veces que hay más movimiento que en la 25" exageró este viernes un legislador que prefiere esconderse en el anonimato para evitar represalias -los subsidios, nombramientos y otros privilegios, que también figuran en el Presupuesto pesan- de los que manejan el poder. Uno de ellos es Amado quien no quiere gastar en papeles escritos con datos públicos, precisamente. 
"Todos son muy amigos pero cuando subís al ring hasta el banquito te sacan", graficó un mal-educado como Ringo Bonavena.

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