Los vecinos no tienen una linda mirada de Bella Vista
Amas de casa, comerciantes y pasivos afirman que la ciudad está estancada, mientras que Famaillá y Lules crecen y muestran obras. Los bellavistenses que dialogaron con LA GACETA expresaron su angustia por la falta de oportunidades para los jóvenes. Excesos nocturnos y escasos controles
Ultimamente, la ciudad fue noticia por hechos resonantes. Como la golpiza a un preso en la comisaría. O cuando un concejal y un funcionario municipal estrenaron el instituto del matrimonio igualitario en la provincia. Sin embargo, en las calles tranquilas y arboladas de Bella Vista, a 25 kilómetros de la capital tucumana, los que resuenan son los reclamos de los vecinos.
Claros y seguros a la hora de valorar, dijeron a LA GACETA que sienten que su pueblo tiene todo que envidiarle a sus vecinas Lules y Famaillá. A saber: pavimento, controles, oportunidades laborales, limpieza y comercios.
Descontrol
A la pregunta "¿qué le falta a Bella Vista?", le sigue una respuesta casi unánime por parte de sus habitantes: "todo".
"No hay nada aquí. En cambio, Lules y de Famaillá crecen: se nota que hay obras", reniega Diego Ledesma, de 23 años, encargado de un kiosco sobre la avenida Riera. El denuncia que por esa vía no se puede circular durante los fines de semana: los jóvenes alcoholizados y las motocicletas toman ambas manos. "De viernes a domingo no se puede cruzar. Van a contramano, sin casco y de a tres. Es un descontrol. Después, se van a correr picadas a la ruta. Antes, las familias venían a tomar mate: ahora se ve cerveza, nomás", describe.
"Los policías están parados y miran pasar a los infractores. Las motos no nos dejan transitar y aquí nadie hace nada. Antes, este era un paseo familiar", ratifica Silvia, un ama de casa de 46 años que prefiere no decir su apellido. La mujer señala la basura en el cordón cuneta, las aguas servidas, y se indigna: "¡todo es una mugre! Es como si no hubiese intendente. Nos quedamos mucho en el tiempo", se lamenta.
"Aquí hace falta de todo. Principalmente, los controles viales y policiales. Vivo en la avenida Alem y todas las noches hay picadas y accidentes. Muchos chicos mueren y nadie se preocupa", advierte Soledad Zárate, una ama de casa de 23 años.
Elisa Jiménez, de 62 años, es tajante: "esta ciudad es una desgracia". "Voy a Famaillá y veo que casi todo está pavimentado y que hay movimiento comercial. Hace años que esto está quieto y parece que seguirá así", delezna.
"Los fines de semana, esto es tierra de nadie: las motos lo invaden todo", afirma Zulma Díaz, una empleada de 34 años. Y se queja de la atención que recibe en el hospital: "tratan mal a la gente. Todos prefieren ir a atenderse en la capital", remarca.
"La ciudad es muy tranquila para vivir, pero el hospital debería tener más médicos... y el trato debería ser más amable. El que no es conocido de los profesionales, no pasa. Tengo dos nenes y los fines de semana nos quedamos sin pediatra", señala Norma Molina.
"Me gustaría que hubiese más iluminación en los accesos a la ciudad. De noche, parece un pueblo fantama. Además, hay una laguna de líquidos hediondos cerca del barrio San José, donde vivo. Es repugnante", se asquea Alejandro Albornoz, de 33 años.
Como hace 100 años
Están compenetrados en el juego: celebran, bromean, anotan, barajan y dan de nuevo. Un grupo de jubilados comparten una partida de truco todas las tardes en la plazoleta Yrigoyen. Y se justifican: no hay nada más para hacer en Bella Vista, denuncian. Porque, advierten, de ciudad sólo tienen la denominación oficial.
"Esto es un pueblo. Los domingos, la avenida principal parece pista de carreras. Y de noche, los boliches tienen la música a todo volumen. Cuando cierran, se pelean con lo que encuentran. Nadie puede dormir. Llamo a la municipalidad, pero no hay respuesta", se enoja Osvaldo Amador, de 74 años. "Hay una inacción total de las autoridades. Parece un pueblo olvidado: hay basura tirada, calles de tierra, pérdidas cloacales...", enumeraa Enrique Rearte, de 52. A su lado, Juan Barrientos, de 61, pide más controles policiales: "hay mucha droga y alcohol entre los jóvenes".
"Vivo aquí desde que nací y antes estuvieron mis padres. Todo sigue igual que hace 100 años", se resigna Marco Antonio López, de 60 años. "Los jóvenes no tienen trabajo ni oportunidades: andan vagueando", lamenta.
Claros y seguros a la hora de valorar, dijeron a LA GACETA que sienten que su pueblo tiene todo que envidiarle a sus vecinas Lules y Famaillá. A saber: pavimento, controles, oportunidades laborales, limpieza y comercios.
Descontrol
A la pregunta "¿qué le falta a Bella Vista?", le sigue una respuesta casi unánime por parte de sus habitantes: "todo".
"No hay nada aquí. En cambio, Lules y de Famaillá crecen: se nota que hay obras", reniega Diego Ledesma, de 23 años, encargado de un kiosco sobre la avenida Riera. El denuncia que por esa vía no se puede circular durante los fines de semana: los jóvenes alcoholizados y las motocicletas toman ambas manos. "De viernes a domingo no se puede cruzar. Van a contramano, sin casco y de a tres. Es un descontrol. Después, se van a correr picadas a la ruta. Antes, las familias venían a tomar mate: ahora se ve cerveza, nomás", describe.
"Los policías están parados y miran pasar a los infractores. Las motos no nos dejan transitar y aquí nadie hace nada. Antes, este era un paseo familiar", ratifica Silvia, un ama de casa de 46 años que prefiere no decir su apellido. La mujer señala la basura en el cordón cuneta, las aguas servidas, y se indigna: "¡todo es una mugre! Es como si no hubiese intendente. Nos quedamos mucho en el tiempo", se lamenta.
"Aquí hace falta de todo. Principalmente, los controles viales y policiales. Vivo en la avenida Alem y todas las noches hay picadas y accidentes. Muchos chicos mueren y nadie se preocupa", advierte Soledad Zárate, una ama de casa de 23 años.
Elisa Jiménez, de 62 años, es tajante: "esta ciudad es una desgracia". "Voy a Famaillá y veo que casi todo está pavimentado y que hay movimiento comercial. Hace años que esto está quieto y parece que seguirá así", delezna.
"Los fines de semana, esto es tierra de nadie: las motos lo invaden todo", afirma Zulma Díaz, una empleada de 34 años. Y se queja de la atención que recibe en el hospital: "tratan mal a la gente. Todos prefieren ir a atenderse en la capital", remarca.
"La ciudad es muy tranquila para vivir, pero el hospital debería tener más médicos... y el trato debería ser más amable. El que no es conocido de los profesionales, no pasa. Tengo dos nenes y los fines de semana nos quedamos sin pediatra", señala Norma Molina.
"Me gustaría que hubiese más iluminación en los accesos a la ciudad. De noche, parece un pueblo fantama. Además, hay una laguna de líquidos hediondos cerca del barrio San José, donde vivo. Es repugnante", se asquea Alejandro Albornoz, de 33 años.
Como hace 100 años
Están compenetrados en el juego: celebran, bromean, anotan, barajan y dan de nuevo. Un grupo de jubilados comparten una partida de truco todas las tardes en la plazoleta Yrigoyen. Y se justifican: no hay nada más para hacer en Bella Vista, denuncian. Porque, advierten, de ciudad sólo tienen la denominación oficial.
"Esto es un pueblo. Los domingos, la avenida principal parece pista de carreras. Y de noche, los boliches tienen la música a todo volumen. Cuando cierran, se pelean con lo que encuentran. Nadie puede dormir. Llamo a la municipalidad, pero no hay respuesta", se enoja Osvaldo Amador, de 74 años. "Hay una inacción total de las autoridades. Parece un pueblo olvidado: hay basura tirada, calles de tierra, pérdidas cloacales...", enumeraa Enrique Rearte, de 52. A su lado, Juan Barrientos, de 61, pide más controles policiales: "hay mucha droga y alcohol entre los jóvenes".
"Vivo aquí desde que nací y antes estuvieron mis padres. Todo sigue igual que hace 100 años", se resigna Marco Antonio López, de 60 años. "Los jóvenes no tienen trabajo ni oportunidades: andan vagueando", lamenta.
NOTICIAS RELACIONADAS








