"Las intervenciones de la contadora general (Patricia Beltrán de Salido) desvirtúan el objeto de la Contaduría General, en su carácter de órgano de contralor. La funcionaria había puesto de manifiesto en los últimos meses un comportamiento que demuestra falta de diligencia, desconocimiento de cuestiones técnicas elementales, imprecisiones administrativas, e incoherencias que violentan los principios de economía procesal y de subordinación a la vía jerárquica". Los lapidarios conceptos fueron formulados por el secretario de Hacienda de la Municipalidad de la capital, Silvio Bellomío, quien manifestó a LA GACETA que la dependencia en cuestión había dejado de tener las características técnicas que le competen, "para transformarse en una usina de rumores y de tráfico de información con claros tintes políticos partidarios".
La ahora ex funcionaria, según Bellomío, "obstruyó el normal funcionamiento de las diversas áreas de la Secretaría de Hacienda, provocando demoras que evidencian o bien un desconocimiento de la normativa aplicable en relación a programas y mecanismos en ejecución con características particulares, o bien la intención de dificultar la normal prestación de servicios y realización de obras consideradas esenciales por la intendencia".
Entre los presuntos comportamientos que el funcionario le endilgó a la profesional, destacó el "rechazo sistemático" a las instrucciones para garantizar la prestación de servicios en horario matutino y vespertino; la ausencia reiterada de su despacho, "impidiendo el normal funcionamiento del área a su cargo, sin delegar tareas"; "el intento permanente de imponer su criterio no sólo en lo inherente al control preventivo"; "el comportamiento hostil hacia sus pares, sus dependientes y superiores"; y la falta de disposición para el trabajo en equipo, "lo que le impidió responder a los requerimientos operativos diarios de la Municipalidad".
La ahora ex funcionaria, según Bellomío, "obstruyó el normal funcionamiento de las diversas áreas de la Secretaría de Hacienda, provocando demoras que evidencian o bien un desconocimiento de la normativa aplicable en relación a programas y mecanismos en ejecución con características particulares, o bien la intención de dificultar la normal prestación de servicios y realización de obras consideradas esenciales por la intendencia".
Entre los presuntos comportamientos que el funcionario le endilgó a la profesional, destacó el "rechazo sistemático" a las instrucciones para garantizar la prestación de servicios en horario matutino y vespertino; la ausencia reiterada de su despacho, "impidiendo el normal funcionamiento del área a su cargo, sin delegar tareas"; "el intento permanente de imponer su criterio no sólo en lo inherente al control preventivo"; "el comportamiento hostil hacia sus pares, sus dependientes y superiores"; y la falta de disposición para el trabajo en equipo, "lo que le impidió responder a los requerimientos operativos diarios de la Municipalidad".









