"Los procesos políticos no siempre son conducidos por los mejores, los más inteligentes, los más carismáticos o quienes hablan bien. Muchas veces están a la cabeza quienes dan la respuesta política a un colectivo que les pide algo. Mario Firmenich fue quien debió ser en ese momento, y los montoneros aceptaron y asumieron que él los conduzca".
La reflexión pertenece a Felipe Celesia, coautor junto a Pablo Waisberg de la biografía del líder guerrillero que fue presentada el viernes en la librería El Griego. En Firmenich, la historia jamás contada del jefe montonero se abarca cronológicamente desde su infancia hasta la actualidad: vive en un pueblo de Cataluña, España, retirado de la política y reticente a la prensa.
Celesia reconoció que fue muy difícil encarar la producción del libro, y lamentó que Firmenich no aceptase hablar con los autores pese a insistentes pedidos. Waisberg recordó que, inclusive, le enviaron un cuestionario por escrito, al cual nunca respondió.
"La mayor complicación es que la conciencia colectiva lo marcó con ciertas características, lo que fue un condicionante y una trampa: que fue un traidor, un doble agente, un cobarde, que se había quedado con dinero. Hubo muchas operaciones de propaganda y de desprestigio para impedir el análisis justo de este emergente de la dirigencia juvenil de los 60 y 70, con aciertos y con errores. Es cierto que fue autoritario, mesiánico y dogmático, pero fue un clásico hijo de su época, con su silencio, potencia su propio mito", dijo Celesia.
El periodista consideró que el líder guerrillero personificó una posibilidad de cambio que amenazó el status quo de los tradicionales sectores de poder. "De allí que su descalificación sirve para desactivar cualquier intento futuro de modificar las cosas, con un mensaje moralista, conservador, perverso, falso e interesado", agregó.
Visiones tranquilizantes
Waisberg aclaró que el objetivo de su trabajo apuntó también a determinar las consecuencias sociales de la teoría de los dos demonios, con la cual se equipara al accionar insurgente con el terrorismo de Estado, y las explicaciones simplistas sobre hechos complejos.
"Hay visiones tranquilizadoras para la gente, que deposita en una sola persona la culpa de todo lo que pasó, cuando en realidad fueron decisiones de un grupo determinado que creyó que había que ir por un cierto camino. Eran militantes políticos que tenían una visión puntual, equivocada o no, y que se jugaron la vida tras ciertos valores, en una coyuntura internacional determinada y con una fuerte incidencia de sectores del cristianismo", recalcó.
El investigador puntualizó que la represión ilegal durante el proceso militar se enmarcó en la disputa por un modelo económico, social y político de país, puja que todavía está vigente.
"Un miembro del grupo fundacional de Montoneros nos dijo, en reserva, que Firmenich servía café al principio, lo que pudo haber sido cierto; otros también mencionaron que estudiaba marxismo, lo que es obvio porque la ideología no aparece de la nada. Pero quedarse en esa imagen es negar la posibilidad individual de modificarse en ciertas circunstancias", señaló Waisberg en respuesta a la supuesta baja formación política del llamado Comandante Pepe. A su vez, Celesia recordó que Firmenich tuvo real consenso interno para llegar y mantenerse como líder del sector insurgente.
La reflexión pertenece a Felipe Celesia, coautor junto a Pablo Waisberg de la biografía del líder guerrillero que fue presentada el viernes en la librería El Griego. En Firmenich, la historia jamás contada del jefe montonero se abarca cronológicamente desde su infancia hasta la actualidad: vive en un pueblo de Cataluña, España, retirado de la política y reticente a la prensa.
Celesia reconoció que fue muy difícil encarar la producción del libro, y lamentó que Firmenich no aceptase hablar con los autores pese a insistentes pedidos. Waisberg recordó que, inclusive, le enviaron un cuestionario por escrito, al cual nunca respondió.
"La mayor complicación es que la conciencia colectiva lo marcó con ciertas características, lo que fue un condicionante y una trampa: que fue un traidor, un doble agente, un cobarde, que se había quedado con dinero. Hubo muchas operaciones de propaganda y de desprestigio para impedir el análisis justo de este emergente de la dirigencia juvenil de los 60 y 70, con aciertos y con errores. Es cierto que fue autoritario, mesiánico y dogmático, pero fue un clásico hijo de su época, con su silencio, potencia su propio mito", dijo Celesia.
El periodista consideró que el líder guerrillero personificó una posibilidad de cambio que amenazó el status quo de los tradicionales sectores de poder. "De allí que su descalificación sirve para desactivar cualquier intento futuro de modificar las cosas, con un mensaje moralista, conservador, perverso, falso e interesado", agregó.
Visiones tranquilizantes
Waisberg aclaró que el objetivo de su trabajo apuntó también a determinar las consecuencias sociales de la teoría de los dos demonios, con la cual se equipara al accionar insurgente con el terrorismo de Estado, y las explicaciones simplistas sobre hechos complejos.
"Hay visiones tranquilizadoras para la gente, que deposita en una sola persona la culpa de todo lo que pasó, cuando en realidad fueron decisiones de un grupo determinado que creyó que había que ir por un cierto camino. Eran militantes políticos que tenían una visión puntual, equivocada o no, y que se jugaron la vida tras ciertos valores, en una coyuntura internacional determinada y con una fuerte incidencia de sectores del cristianismo", recalcó.
El investigador puntualizó que la represión ilegal durante el proceso militar se enmarcó en la disputa por un modelo económico, social y político de país, puja que todavía está vigente.
"Un miembro del grupo fundacional de Montoneros nos dijo, en reserva, que Firmenich servía café al principio, lo que pudo haber sido cierto; otros también mencionaron que estudiaba marxismo, lo que es obvio porque la ideología no aparece de la nada. Pero quedarse en esa imagen es negar la posibilidad individual de modificarse en ciertas circunstancias", señaló Waisberg en respuesta a la supuesta baja formación política del llamado Comandante Pepe. A su vez, Celesia recordó que Firmenich tuvo real consenso interno para llegar y mantenerse como líder del sector insurgente.
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