La obra del prócer que era pacifista

19 Septiembre 2010
Ensayo
El crimen de la guerra
JUAN BAUTISTA ALBERDI
(Terramar - Buenos Aires)

La obra de Juan Bautista Alberdi que hoy conocemos como El crimen de la guerra, fue editada por primera vez incluida en el Tomo II de los Escritos póstumos del gran tucumano, sobre la base de sus manuscritos originales. Estos escritos autógrafos se conservan actualmente en el archivo y biblioteca de la Fundación "Jorge M. Furt", ubicado en la Estancia Los Talas, Partido de Luján, provincia de Buenos Aires.
Ocupan cuatro pequeñas libretas de tapa dura con páginas numeradas, donde se aprecia que Alberdi escribe con un ritmo apresurado y nervioso, con numerosas correcciones y enmendaduras, con su característica letra pequeña, angulosa y extendida, abundando en interlineados y glosas marginales.
Una de aquellas libretas conserva en su interior el folleto de convocatoria al premio ofrecido en enero de 1869, por la Liga Internacional y Permanente de la Paz, con sede en París, para un certamen de ensayos sobre "El crimen de la guerra denunciado a la humanidad". En aquellos meses datamos el proyecto escritural de Alberdi sobre este tema, inconcluso e inédito cuando lo sorprendiera la muerte, en la soledad y en la pobreza, el 19 de Junio de 1884, en la casa de salud pública de Nueilly-Sur-Seine, en los suburbios de París.
Estas libretas contienen subrayados y anotaciones del autor que permiten inferir su motivación original, luego no concretada, de redactar este ensayo como un manifiesto pacifista destinado a competir en dicho premio internacional. Esta obra forma parte de sus escritos inéditos de publicación no autorizada ni corregida por el propio Alberdi, por lo cual estos borradores inconclusos ilustran sobre un proceso reflexivo no clausurado del pensador tucumano.
Para exponer sus ideas pacifistas, estructura la obra en cuatro bloques metodológicamente dedicados a: 1.- Abolición de la guerra.- Educar para la paz.- El comercio es el pacificador del mundo; 2.- El derecho de gentes.- El mundo como un solo pueblo.- Los neutrales; 3.- El soldado del porvenir es el soldado de la paz.- Abolir la frontera barricada; 4.- Naturaleza jurídica de la guerra.- La justicia penal de las naciones.- La guerra es un crimen que implica justicia por sí misma contra el enemigo.
Sentando claramente las bases ideológicas de su pensamiento, Alberdi expresa "?la guerra es incomprensible y monstruosa e instaura el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación a la más grande escala posible. Porque esto es la guerra, y sino es esto, la guerra no es la guerra. Sus actos son crímenes, legitimados por la decisión de los gobernantes. La guerra es el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego que es un sarcasmo contra la civilización humana?".
De manera contundente nos enseña que "...la espada de la justicia, no es la espada de la guerra.- La justicia procura la armonía y es neutral en el debate sometido a su fallo.- La guerra es beligerancia, y su espada es parcial y necesariamente injusta.- La guerra es el crimen de los soberanos?".

Escepticismo

El autor nos advierte que "?el primer efecto infalible de la guerra es la pérdida de la libertad y de la riqueza para el país beligerante. El militarismo y las campañas de los ejércitos consumen la riqueza nacional, causando crisis económicas, aumento de la deuda pública, destrucción de bienes y atentados contra la propiedad privada.- Pero lo más lamentable, la guerra es un factor de despoblación, lo cual se evidencia en grandes bajas de su censo habitacional, erosionando el trabajo humano como base de la riqueza de las naciones.- El crimen de la guerra disminuye la población de los estados y los afecta en su desarrollo futuro?".
Puede vislumbrarse en estos melancólicos párrafos que el propio Alberdi descree de la trascendencia de sus pensamientos pacifistas, en un contexto europeo y americano profundamente desgarrado por luchas armadas de toda índole. Por aquellos años, las colonias de América del Norte libraron la "Guerra de Secesión", en América del Sur cuatro naciones se desangraban con la "Guerra del Paraguay", y en el centro de Europa asolaba la "Guerra franco-prusiana". Quizás allí pueda encontrarse el motivo por el cual estos borradores permanecieron truncos e inacabados en la pluma de su autor.
Este libro constituye también un esbozo anticipatorio del moderno derecho internacional, con numerosas ideas que procuran generar pautas de convivencia pacífica y civilizada entre las nacientes repúblicas americanas. Nos enseña que "?los gobernantes son los responsables de las guerras, el pueblo sólo participa como carne de cañón o como testigo indefenso de las destrucciones?". Propicia acentuar el valor de la diplomacia y de la solidaridad entre las naciones, generando un nuevo derecho al cual denomina "Derecho de Gentes", con el objetivo explícito de limitar el poder soberano de cada país (interés individual y egoísta) frente al respeto de la soberanía suprema del género humano (interés superior y global).
Como herramienta eficaz postula que "?el gran pacificador del mundo, después del cristianismo, es el comercio y la industria internacional, que unifica a todos los pueblos alrededor del pan y del bienestar material. Las naciones no se acercan ni unen entre sí por los consejos políticos de Grocio, sino por el imperio de sus intereses recíprocos, y algún día formarán un pueblo-mundo, produciendo un gobierno universal protector de toda vida humana y de la libertad de las personas?".
Estas ideas, de indudable actualidad y vigencia, nos indican que todo el pensamiento alberdiano estuvo impregnado de un profundo fundamento ético y humano. Su legado inmortal está en sus libros y en la fuerza inclaudicable de sus ideas. Honró la vida, en el cabal sentido del término. El recuerdo de Alberdi debe convocarnos bajo el signo de una obra inconclusa pero posible, asumiendo el deber moral de su puesta en práctica para alcanzar la anhelada reconstrucción institucional de la Patria.

© LA GACETA

Miguel Eduardo Marcotullio

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