La pólvora para la temporada de caza de votos

Septiembre no le sienta bien al oficialismo, que muestra problemas en la gestión y en las candidaturas. La oposición se enteró de que la campaña ya ha comenzado.

Por Álvaro José Aurane 18 Septiembre 2010
El alperovichismo trastabilla. El escándalo de la comisaría de El Manantial, donde un preso habría estado vendiendo drogas (es decir, usando un edificio público como oficina, sin pagar alquiler y con pensión completa) ha descolocado al Gobierno. Los legisladores del oficialismo que rechazan la posibilidad de llevar al Ministro de Seguridad Ciudadana al recinto se encuentran imposibilitados, siquiera, de responder a la más básica de las preguntas: ¿qué tiene que pasar para que interpelen a ese funcionario?
En el Jardín de la Repavimentación sólo florecen la inseguridad, la criminalidad, el tráfico de drogas y de armas y, como obvia consecuencia, la marginalidad. Esto coloca al alperovichismo en una disyuntiva alarmante: o Tucumán no está mejor -todo por el contrario- a pesar del millonario despilfarro populista y, por ende, estos flagelos emergen como síntomas de la tragedia social; o Tucumán sí está mejor socialmente -como pregona al Gobierno- y todas las lacras descriptas, entonces, sólo se explican porque no son combatidas como se debe, lo que siempre es igual a alentarlas.
El alperovichismo hace esfuerzos por mostrarse pragmático pero sus contradicciones son palmarias. El gobernador criticó hace unos días a los opositores que promueven el 82% móvil: "a los pobres viejos se les está mintiendo". El 7 de octubre de 2005, curiosamente, él había prometido lo mismo: anunció que la provincia afrontaría con fondos propios el beneficio de la movilidad y la porcentualidad a los jubilados transferidos, a dos semanas de las elecciones de ese año. "No es una medida electoralista. Que la oposición diga lo que quiera; yo hago lo que siento porque los jubilados no pueden seguir esperando más tiempo", había dicho.
Esta semana volvió a la Expo Tucumán, de la Sociedad Rural local, donde desde 2009 la Provincia volvió a instalar un stand. Eso, pese a que en 2008 había hecho cerrar el stand de Tucumán en la exposición de la Sociedad Rural Argentina, en Palermo.
Todas estas entelequias son justificadas en la Casa de Gobierno en nombre del proselitismo. "José está en campaña", afirman, como si ese sintagma absolviera cualquier incoherencia. Pero si el mandatario camina con aire consensuador es porque hay una instrucción tácita a los miembros de su mesa chica: no hay que ganar sino que hay que ganar bien.
Esto es, para los más políticos, conseguir un resultado que les permita mantener una holgada mayoría parlamentaria. Y para los más insaciables, lograr un aluvión de votos para avanzar en una nueva reforma constitucional que le quite cualquier límite a las reelecciones consecutivas.
Los oficialistas se entusiasman con que la Justicia ya rechazó en primera instancia la acción declarativa de certeza interpuesta por el miembro de la conducción nacional de la UCR, Ariel García, contra la recontra-reelección. Y con que los Kirchner, que rechazaron los planes de continuismo forzado del jujeño Eduardo Fellner y del bonaerense Felipe Solá, dan públicamente en Capital Federal su respaldo a "todo lo que José" ha hecho por Tucumán.
Pero se deprimen con la metamorfosis del vicegobernador, que de activo alperovichista pasa a pasivo electoral, luego de que se conociera su millonaria declaración jurada de bienes. Durante esta semana, los pocos que se suben a la combi oficial ya farfullaron un combo extraoficial. "Hay que cuidar a Juan", propuso alguno, eufemismo por no llevar a Manzur a tantos actos, "para preservarlo". Pero sonó, en verdad, a "hay que cuidar a José de Juan".

El rompecabezas
En la oposición, el desembarco de Julio Cobos y de Ricardo Alfonsín espabiló a los radicales locales, quienes dejaron de repetir que "no hay que apurarse" y se enteraron de que la campaña ya empezó. Y a todo motor.
José Cano, ya presentado como candidato a gobernador del radicalismo (y del Acuerdo Cívico y Social) mantuvo numerosos encuentros a partir de entonces, en los que fue mostrando, como piezas de un rompecabezas, lo que sería -al menos hoy- su plan.
El parlamentario quiere que su armado tenga tres patas extra-partidarias. La primera es el Campo y a ese sector, en principio, le ofrecerá el lugar del vicegobernador en la lista. Por ello, la reedición del tándem Cano - Juan Casañas (esta vez como fórmula) es muy posible. La segunda busca hacer pie en un sector de la Iglesia Católica, y eso le reserva un lugar especial a Silvia Elías de Pérez, de larga y activa trayectoria en grupos de laicos, quien hoy preside la junta departamental capitalina del radicalismo.
La tercera pata es la Universidad. Y por partida doble.
Por un lado, septiembre ha sido el mes del desembarco oficial del secretario administrativo de la UNT, Luis Sacca, en la arena de la política del centenario partido. El salteño fue el organizador de las jornadas de Horco Molle que trajo a Cobos y a Alfonsín. Sacca -para evitar suspensos- quiere ser legislador por la capital y, tras las encarnizadas elecciones de la UNT en las que Cano estuvo en el bando de los adversarios, busca un acercamiento. Especialmente a partir de que las relaciones entre el senador y su histórico socio político, José Hugo Saab, no atraviesan el mejor de los momentos.
Un dato: Sacca lanzó el jueves la línea interna Angel Gerardo Pisarello: Cano no fue al acto pero sí buena parte de su dirigencia.
El "pie universitario" se completa, por otro lado, con la facultad local de la Tecnológica. El senador radical colaboró mucho en la campaña que llevó a Fabián Soria al decanato. Y el sábado pasado, Cobos -ex rector de la Tecnológica- habría dicho que quiere ver a Soria, en 2011, en una banca de diputado nacional. La idea que no le debe simpatizar al legislador Federico Romano Norri, quien -dicho en términos radicales- "ya se hizo tomar la foto" con Alfonsín en el living de su casa.
En síntesis, el radicalismo va camino de las primarias abiertas para los puestos nacionales, y también marcha las internas cerradas para los cargos electivos provinciales: Cano tiene en agenda nombres para las dos secciones del interior también.
Por el Oeste, el ex edil Raúl Albarracín es "favorito" para la intendencia de Concepción, sobre todo a partir de una novedad aún no oficializada: Osvaldo Morelli buscará la reelección como candidato del Frente para la Victoria o como vaya a llamarse la lista oficial. El senador también le apostaría legislativamente a Alejandro Molinuevo, titular del Colegio de Abogados del Sur.
Y en el Este, no se descarta que la nómina parlamentaria pueda albergar en sus primeros lugares a un hombre del campo (Rafael Sánchez es una posibilidad cierta) y a Brígido Ibarreche, hijo del ex director del Banco Hipotecario Nacional, Antonio Ibarreche.
Ese esquema choca con las aspiraciones de dirigentes como el propio Romano Norri, como García y como el ex intendente de Simoca Félix Mothe, sólo por mencionar a los más visibles.
Al menos, de las conversaciones de las últimas horas surgió un principio de coincidencia: sea por interna o por consenso, el radicalismo buscará llevar como nómina oficial de legisladores, intendentes, concejales y delegados comunales su propia lista: para los socios del Acuerdo Cívico y Social se habilitarán acoples.

El mosaico
En el otro partido opositor estructurado en toda la provincia, Fuerza Republicana, se maquinan dos estrategias. La primera ya fue explicitada en LA GACETA por su presidente, Ricardo Bussi: la fórmula de 2011 debe ser Bussi - Bussi.  Que su hermano, Luis José, la desechara temprano -también por este diario- no le cayó bien al ex senador nacional. Pero en las segundas líneas de ambos coinciden en que la falta de referentes nacionales convierte casi en una fantasía la posibilidad de polarizar en favor de ellos los próximos comicios. De modo que dividir las dos "marcas" (el apellido y las siglas del partido) les parecen garantía de desastre.
Eso sí, las conversaciones internas en la UCR y en FR enfriaron los contactos con los otros dos opositores que miden bien en las encuestas que el gobernador le encarga a Hugo Haime: los legisladores Esteban Jerez (los contactos de hace unos meses con Cano se interrumpieron) y el laborista Osvaldo Cirnigliaro.
La escena política local, en definitiva, sigue configurando un mosaico. Pero esta vez, sí surge una lectura lineal de los fragmentos: el espacio territorial es el mismo, pero la variable del tiempo ha cambiado. La idea de que la política es asunto de los "tiempistas", de los que saben especular acerca de cuándo lanzarse, es tan romántica como arcaica. En la tierra de los discursos premodernos, la cuestión se ha tornado más concreta. O si se quiere, más pedestre: la política, a los fines de los resultados exitosos, es cosa de los que trabajan.
Esa es la pólvora que se usará para las próximas elecciones. Por cierto, la temporada de caza de votos no comienza en 2011 sino que termina ese año.

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