Un año antes de la elección provincial, José Cano (UCR) se convirtió en el único dirigente político, entre opositores y oficialistas, que ya tiene el afiche de campaña: la foto abrazado a Raúl Alfonsín y a Julio Cobos. ¡Qué mejor imagen que esa para una estrategia proselitista! Ni siquiera el gobernador José Alperovich tiene hoy algo semejante para explotar, principalmente porque ya no sabe si será Néstor Kirchner o Cristina Fernández el candidato presidencial del Frente para la Victoria. Por ahora mira a los dos y no abraza a ninguno, pero les sonríe a ambos. Claro que, a diferencia del senador radical, el mandatario tucumano ya definió que va a pelear por su tercer período; de no mediar algún fallo judicial que se lo impida. Además, él no tiene que pedirle al partido que lo avale, eso se da por descontado, el PJ que gestiona su esposa, la senadora Beatriz Rojkés, lo proclamará por unanimidad. Cano, aún con la bendición de los dos principales referentes nacionales del radicalismo, tiene que aguardar que la UCR se encamine orgánicamente y lo unja como el adversario del justicialismo tucumano.
Después de tamaño respaldo es impensable que algún correligionario le salga al cruce y que quiera competir por la postulación, por más que la máxima popular diga que allí donde hay dos radicales estalla una interna. Nunca falta el travieso de último momento y con motivaciones dudosas. Pero, como bien lo sugiere un militante radical que aún lamenta la derrota atletiquense a manos de Unión, el aval cierra muchos caminos y afecta intereses en pugna. Por una parte, tapona cualquier negociación a la tucumana para digitar quién será el candidato, especialmente de aquellos que soñaban con imponer condicionamientos para consensuar un nombre y sacar provecho propio. Que los hay los hay, y sus sueños quedaron truncos. El famoso "vos vas pero a mí me das..." quedó marginado. Así también quedó condicionado Cano, que no puede zafar de la designación; será él o él, no puede huir ni sacarle el cuerpo al desafío. Alfonsín y Cobos no dejaron márgenes para las tratativas para que radicales locales elijan un nombre, ellos asumieron la responsabilidad por todos. Como bien se dice, marcaron la cancha. Si hay molestos, sólo puede ser porque ya no pueden estar en la mesa para decidir quién será la cara de la UCR en la competencia con Alperovich. Bien se puede decir que le sacaron la mesa y que quedaron con cuchillo y tenedor en la mano.
Al margen, fronteras afuera de la provincia la foto también parece que ocasionó algún disgusto entre las huestes radicales. Esto es porque Cano consiguió lo que no pudieron Gerardo Morales, un referente regional del centenario partido, ni Ernesto Sanz, presidente del comité nacional de la UCR: mostrar juntos a Cobos y a Alfonsín, algo que el radicalismo a nivel nacional venía gestionando. Sucedió en Tucumán para sorpresa de propios y extraños. Para la dirigencia nacional de la UCR el senador tucumano pasó a convertirse en una astilla un poco molesta con algo de peso específico.
Peligran los "salibles"
Ahora bien, ¿debe preocuparse Alperovich porque la UCR, con Cano a la cabeza, le salga a disputar la gobernación? Según los resultados de las últimas elecciones, Alperovich no tendría que inquietarse. Sólo debería darle alguna comezón por el lado del acople y de la posibilidad de que una eventual polarización aumente las chances de la oposición de lograr más bancas. Es que más legisladores opositores implicarían más ojos para controlar al Gobierno y menos cargos para repartir entre el oficialismo. La aparición de la UCR en el escenario electoral, con la amenaza de convertirse en un eventual polo polarizador, tendría que inquietar más a los que ocupen los últimos lugares "salibles" de las listas oficialistas o a los pseudo-opositores acoplados. Sus chances son las que se verán afectadas.
Para el radicalismo ese puede ser el camino de un lento crecimiento político, dificultoso, estratégico y apuntando más a 2015 que a 2011. El año que viene, si es que hay real vocación de poder entre los hombres de Alem, debería ser el trampolín para que alguna vez le puedan poner fecha de vencimiento la gestión alperovichista. Eso podría ser posible de acuerdo a cómo la UCR y sus eventuales socios se muevan en los próximos meses y años. Ahora bien, si el radicalismo da el batacazo en 2011, habría que pensar en milagros y una frase muy famosa y remanida en las redacciones: "paren las rotativas".
Después de tamaño respaldo es impensable que algún correligionario le salga al cruce y que quiera competir por la postulación, por más que la máxima popular diga que allí donde hay dos radicales estalla una interna. Nunca falta el travieso de último momento y con motivaciones dudosas. Pero, como bien lo sugiere un militante radical que aún lamenta la derrota atletiquense a manos de Unión, el aval cierra muchos caminos y afecta intereses en pugna. Por una parte, tapona cualquier negociación a la tucumana para digitar quién será el candidato, especialmente de aquellos que soñaban con imponer condicionamientos para consensuar un nombre y sacar provecho propio. Que los hay los hay, y sus sueños quedaron truncos. El famoso "vos vas pero a mí me das..." quedó marginado. Así también quedó condicionado Cano, que no puede zafar de la designación; será él o él, no puede huir ni sacarle el cuerpo al desafío. Alfonsín y Cobos no dejaron márgenes para las tratativas para que radicales locales elijan un nombre, ellos asumieron la responsabilidad por todos. Como bien se dice, marcaron la cancha. Si hay molestos, sólo puede ser porque ya no pueden estar en la mesa para decidir quién será la cara de la UCR en la competencia con Alperovich. Bien se puede decir que le sacaron la mesa y que quedaron con cuchillo y tenedor en la mano.
Al margen, fronteras afuera de la provincia la foto también parece que ocasionó algún disgusto entre las huestes radicales. Esto es porque Cano consiguió lo que no pudieron Gerardo Morales, un referente regional del centenario partido, ni Ernesto Sanz, presidente del comité nacional de la UCR: mostrar juntos a Cobos y a Alfonsín, algo que el radicalismo a nivel nacional venía gestionando. Sucedió en Tucumán para sorpresa de propios y extraños. Para la dirigencia nacional de la UCR el senador tucumano pasó a convertirse en una astilla un poco molesta con algo de peso específico.
Peligran los "salibles"
Ahora bien, ¿debe preocuparse Alperovich porque la UCR, con Cano a la cabeza, le salga a disputar la gobernación? Según los resultados de las últimas elecciones, Alperovich no tendría que inquietarse. Sólo debería darle alguna comezón por el lado del acople y de la posibilidad de que una eventual polarización aumente las chances de la oposición de lograr más bancas. Es que más legisladores opositores implicarían más ojos para controlar al Gobierno y menos cargos para repartir entre el oficialismo. La aparición de la UCR en el escenario electoral, con la amenaza de convertirse en un eventual polo polarizador, tendría que inquietar más a los que ocupen los últimos lugares "salibles" de las listas oficialistas o a los pseudo-opositores acoplados. Sus chances son las que se verán afectadas.
Para el radicalismo ese puede ser el camino de un lento crecimiento político, dificultoso, estratégico y apuntando más a 2015 que a 2011. El año que viene, si es que hay real vocación de poder entre los hombres de Alem, debería ser el trampolín para que alguna vez le puedan poner fecha de vencimiento la gestión alperovichista. Eso podría ser posible de acuerdo a cómo la UCR y sus eventuales socios se muevan en los próximos meses y años. Ahora bien, si el radicalismo da el batacazo en 2011, habría que pensar en milagros y una frase muy famosa y remanida en las redacciones: "paren las rotativas".
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