El gerente de Mario Benedetti

Recordamos al gran poeta uruguayo, que este martes cumpliría 90 años, desde un café en el que todavía hay una silla para él.

POPULAR Y METODICO. Además de una colección de cartas, el autor de La tregua reunió más de 5.000 volúmenes en su departamento de Montevideo. POPULAR Y METODICO. Además de una colección de cartas, el autor de La tregua reunió más de 5.000 volúmenes en su departamento de Montevideo.
12 Septiembre 2010
Por Irene Benito
Para LA GACETA - Montevideo

En el café San Rafael todavía hay una mesa reservada para Mario Benedetti (1920-2009). Un retrato y el poema Pasatiempo indican el sitio que ocupó con puntualidad religiosa, dos carteles que nada nuevo dicen a los parroquianos y que, sin embargo, emocionan a los turistas deseosos de explorar los rincones del escritor más vendido de la historia de Uruguay.
En esa tabla apoyó los codos el mentor de La tregua (1960) durante incontables sobremesas y resulta difícil creer que, de las cuatro sillas disponibles, no eligiese la mejor ubicada para observar el trajín del local y, vidriera mediante, el de la calle adyacente, un paisaje que cautiva con su sobrecogedor horizonte de pax montevideana.
El ex secretario de Benedetti enfila derecho hacia allí, pide una infusión y relata con un dejo de asombro cómo él, Ariel Silva, un tímido escritor de cuentos con más de 20 empleos en su currículo, terminó asistiendo a un poeta acostumbrado a trabajar solo, que no sabía fabricar instrucciones. Aunque Benedetti ha muerto el 17 de mayo del año pasado, Silva sigue sin creer en su buena suerte: "¡a menudo me interrumpía para conversar! Comentábamos las noticias o discutíamos sobre literatura. Siempre compartía su opinión con cautela y humildad, más interesado en comprender las posiciones ajenas que en exponer las propias".

Padre en la viudez

La poco convencional relación de dependencia comienza en 2006, tras el fallecimiento de Luz, esposa y cómplice del autor de Corazón coraza durante seis décadas. El escritor asmático, protagonista de tantas expatriaciones como para inventar la palabra "desexilio", no saldrá del duelo, pero tampoco esperará su hora de brazos cruzados. Durante esa pena activa consigue organizar su interminable archivo (discográfico, bibliográfico y epistolar), publicar los últimos trabajos (como el ensayo Vivir adrede -2007- y el poemario Testigo de uno mismo -2008-) y redactar un testamento. En la viudez breve, Benedetti, que nunca tuvo hijos, procrea una fundación, la designa heredera universal de sus bienes y dispone expresamente que Silva sea su gerente.
La ONG, que lleva el nombre y el apellido de su progenitor, tiene por objeto la promoción de la cultura y los derechos humanos, cometido que también involucra a un puñado de amigos y colegas uruguayos del autor de Andamios (1999), como los escritores Eduardo Galeano y Sylvia Lago, el músico Daniel Viglietti, el político Guillermo Chifflet y el médico Ricardo Elena. La fundación nace con una tarea de máxima importancia: imprimir Biografía para encontrarme, el libro de poemas que Benedetti dejó inédito.
Partidarios del Frente Amplio, del -entonces- presidente Tabaré Vázquez y de José Mujica animan con sus comentarios la tertulia del café San Rafael mientras Silva describe los anhelos de la institución recién parida, que proyecta construir un museo y una biblioteca para conservar los objetos y papeles de Benedetti. El gerente detalla: "Mario era sumamente prolijo: se quedaba con una copia de cada carta que enviaba. Guardó tanto la correspondencia que escribió como la que recibió. Esta valiosa actividad epistolar incluye intercambios con Alfredo Zitarrosa y Julio Cortázar".

Integro y ejemplar

La colección de cartas y los más de 5.000 volúmenes acumulados en el departamento montevideano ponen de manifiesto la existencia metódica del poeta de multitudes que nunca ganó el Premio Cervantes, el máximo galardón de las letras hispánicas. Recuerda Silva: "el escritor mexicano José Emilio Pacheco -que en abril recibió aquel reconocimiento- decía que Mario escribió lo que nosotros necesitábamos que fuese escrito. Muchos objetan su producción afirmando que es simple. A mí me parece sencilla, que no es lo mismo".
El atardecer echa su manto rojizo. Silva defiende a su ex jefe sin ponerse colorado, con palabras que expresan gratitud y admiración: "fue un hombre íntegro que predicó con el ejemplo. Vivía aquello que escribía; puso ideas en circulación, pero también actitudes". El gerente, que confiesa su devoción por las poesías No te salves y Táctica y estrategia, insiste en que un poeta popular debe llegar a los lectores proponiendo un discurso contrahegemónico: "hay que hablar de la identidad de la gente y de las cosas cotidianas. El lo hizo muy bien sin buscarlo expresamente".
Él, el intelectual con rutina sagrada en el café San Rafael, deslumbró al único secretario que tuvo con su literatura anotada en una libretita de hojas cuadriculadas y su inigualable contracción al trabajo, una disciplina rigurosa que le permitió decodificar las inquietudes de la época y tocar a millones de lectores. "Expresó lo que nosotros sentíamos de un modo que después todos estuvimos de acuerdo", define Silva y sonríe con nostalgia, quizá echando de menos al Benedetti que rechazaba los elogios incómodos con un ademán y, presuroso, cambiaba de tema o, taciturno, optaba por refugiar la mirada en el vaivén indiferente de la ciudad.
© LA GACETA

Irene Benito - Abogada, periodista de LA GACETA.

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