Shakespeare escribió que estamos hechos de la misma sustancia que nuestros sueños. Para él, vivir y soñar eran actividades análogas como el drama y la comedia. Este año, tanto las autoridades tucumanas como los artistas y el público mismo sintieron que un sueño se puede dirigir hasta concretar nuevas formas. Porque la gran variedad de espectáculos que se realizan en esta ciudad hace pensar que, después de todo, Tucumán no está tan lejos de aquellos años en que artistas como Duke Ellington, Roxette o Luis Miguel llegaban a estas latitudes para el deleite de fanáticos provenientes de todo el NOA.
Tucumán volvió a convertirse en un centro de cultura indiscutible. Los mismos productores lo reconocen al afirmar que la provincia no sólo es paisaje para los turistas. También es música, teatro y danza. Es cultura en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, lo que se hace no siempre sirve para construir aquello que los tucumanos sueñan desde hace tiempo. Para empezar, se sigue actuando sin planificación. O, mejor dicho, con una planificación aislada. Esto quiere decir que cada sector hace lo que puede, como puede y cuando puede. A la hora de planificar el año en materia de espectáculos, nunca se puede concretar una reunión entre los distintos sectores para lograr, al menos, que algunos shows no se superpongan entre sí. La situación se complica aún más tras el inicio del Septiembre Musical, que este año cumple medio siglo y que, por supuesto, tiene una cartelera que apabulla. Claro que el Estado no es el único que moviliza la actividad en la provincia. También la UNT, con sus variadas actividades y las agrupaciones independientes con sus estrenos de teatro y espectáculos en peñas y bares, ha llevado la pujanza del sector a niveles nunca antes vistos. Esto pone al público ante la dura tarea de tener que elegir entre una u otra propuesta, lo cual provoca una diáspora que termina perjudicando a los mismos artistas. Hoy, por ejemplo el gran trompetista "Fats" Fernández tocará en el Teatro San Martín; y, a la misma hora, la Sinfónica de la UNT presentará en el Alberdi su famoso concierto de música de películas. ¿Como hace el que quiere ver las dos propuestas? Además hay una abultada cartelera de shows musicales y obras de teatro. Esta concentración de shows y de estrenos provoca no sólo desorientación, sino también asombro y hasta tristeza. Es cierto que en Tucumán hay público para todo, pero cuando la oferta es superior a la demanda, el esfuerzo cae en saco roto. Dio pena, por ejemplo, ver la sala del San Martín medio vacía días atrás cuando actuó el gran pianista argentino Eduardo Hubert. Y también da pena escuchar a los teatristas locales cuando hablan del escaso público que asiste a sus obras cada vez que una producción foránea llega a la provincia. Esta falta de planificación es, por supuesto nociva. Las autoridades podrán decir que las quejas son gratuitas. Puede ser: es mejor hacer mucho que no hacer nada. Pero, ya que se está trabajando, sería bueno que ese hacer tenga también una organización. Por ejemplo: el mes de julio para la UNT, el septiembre, para la provincia y, en el medio, las actividades independientes agendadas dentro de un esquema que asegure una ganancia para todos. No es tan difícil. A lo mejor es utópico, pero no está mal intentarlo.
Otra época
Esta suerte de renacimiento que vive la cultura tucumana no puede compararse, claro está, con los años 60, en los que las expresiones artísticas de la provincia consiguieron un vuelo inusual. Casi podría decirse que todo lo que hoy se hace en materia cultural es una consecuencia de aquellos años. Pero los tiempos, como la vida de los hombres, cambian. Hoy los productores aseguran que traer un espectáculo de nivel internacional a Tucumán es todo un riesgo. Un riesgo que ahora sí están dispuestos a asumir. Y, para eso, se necesita planificación. De hecho, una de las visitas más esperadas de este año es la de Marco Antonio Solis, que se pudo concretar después de mucho tiempo de dudas.
Los teólogos aseguran que si Dios se distrajera un segundo, todas las constelaciones del universo se esfumarían como se esfuma un sueño tras la llegada del alba. De hecho, la conservación de algo involucra una perpetua creación. Tal vez esta sea la explicación del empeño que tienen los tucumanos para labrar continuamente el arca que los salvará del diluvio. Ahora que el Septiembre Musical está en pleno desarrollo y que hay nuevos artistas imponiendo su estética, sería bueno recrear, con una planificación acorde y abarcadora, aquel sueño de ser el centro cultural del NOA.
Tucumán volvió a convertirse en un centro de cultura indiscutible. Los mismos productores lo reconocen al afirmar que la provincia no sólo es paisaje para los turistas. También es música, teatro y danza. Es cultura en todo el sentido de la palabra. Sin embargo, lo que se hace no siempre sirve para construir aquello que los tucumanos sueñan desde hace tiempo. Para empezar, se sigue actuando sin planificación. O, mejor dicho, con una planificación aislada. Esto quiere decir que cada sector hace lo que puede, como puede y cuando puede. A la hora de planificar el año en materia de espectáculos, nunca se puede concretar una reunión entre los distintos sectores para lograr, al menos, que algunos shows no se superpongan entre sí. La situación se complica aún más tras el inicio del Septiembre Musical, que este año cumple medio siglo y que, por supuesto, tiene una cartelera que apabulla. Claro que el Estado no es el único que moviliza la actividad en la provincia. También la UNT, con sus variadas actividades y las agrupaciones independientes con sus estrenos de teatro y espectáculos en peñas y bares, ha llevado la pujanza del sector a niveles nunca antes vistos. Esto pone al público ante la dura tarea de tener que elegir entre una u otra propuesta, lo cual provoca una diáspora que termina perjudicando a los mismos artistas. Hoy, por ejemplo el gran trompetista "Fats" Fernández tocará en el Teatro San Martín; y, a la misma hora, la Sinfónica de la UNT presentará en el Alberdi su famoso concierto de música de películas. ¿Como hace el que quiere ver las dos propuestas? Además hay una abultada cartelera de shows musicales y obras de teatro. Esta concentración de shows y de estrenos provoca no sólo desorientación, sino también asombro y hasta tristeza. Es cierto que en Tucumán hay público para todo, pero cuando la oferta es superior a la demanda, el esfuerzo cae en saco roto. Dio pena, por ejemplo, ver la sala del San Martín medio vacía días atrás cuando actuó el gran pianista argentino Eduardo Hubert. Y también da pena escuchar a los teatristas locales cuando hablan del escaso público que asiste a sus obras cada vez que una producción foránea llega a la provincia. Esta falta de planificación es, por supuesto nociva. Las autoridades podrán decir que las quejas son gratuitas. Puede ser: es mejor hacer mucho que no hacer nada. Pero, ya que se está trabajando, sería bueno que ese hacer tenga también una organización. Por ejemplo: el mes de julio para la UNT, el septiembre, para la provincia y, en el medio, las actividades independientes agendadas dentro de un esquema que asegure una ganancia para todos. No es tan difícil. A lo mejor es utópico, pero no está mal intentarlo.
Otra época
Esta suerte de renacimiento que vive la cultura tucumana no puede compararse, claro está, con los años 60, en los que las expresiones artísticas de la provincia consiguieron un vuelo inusual. Casi podría decirse que todo lo que hoy se hace en materia cultural es una consecuencia de aquellos años. Pero los tiempos, como la vida de los hombres, cambian. Hoy los productores aseguran que traer un espectáculo de nivel internacional a Tucumán es todo un riesgo. Un riesgo que ahora sí están dispuestos a asumir. Y, para eso, se necesita planificación. De hecho, una de las visitas más esperadas de este año es la de Marco Antonio Solis, que se pudo concretar después de mucho tiempo de dudas.
Los teólogos aseguran que si Dios se distrajera un segundo, todas las constelaciones del universo se esfumarían como se esfuma un sueño tras la llegada del alba. De hecho, la conservación de algo involucra una perpetua creación. Tal vez esta sea la explicación del empeño que tienen los tucumanos para labrar continuamente el arca que los salvará del diluvio. Ahora que el Septiembre Musical está en pleno desarrollo y que hay nuevos artistas imponiendo su estética, sería bueno recrear, con una planificación acorde y abarcadora, aquel sueño de ser el centro cultural del NOA.
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