Qué puede hacer, no qué hace

Los márgenes de acción de la oposición están acotados por la tremenda estructura política e institucional del alperovichismo.

Por Juan Manuel Asis 08 Septiembre 2010
Institucionalmente, en la provincia hay sólo seis opositores: los hermanos Luis José y Ricardo Bussi, Renzo Cirnigliaro, Esteban Jerez, Federico Romano Norri y Jorge Mendía; y todos ocupan bancas en la Legislatura. Políticamente, la oposición abarca un espectro más amplio de dirigentes pero, dentro de un poder del Estado, aquellos son los únicos. ¿Por qué se remarca? Porque la función pública permite al político llegar a la ciudadanía -la "clientela", por decirlo de una forma pragmática en el rubro proselitista-, contando para ello de recursos limitados, de un obligado protagonismo mediático y de mucha imaginación para captar la atención del votante. Más aún en un escenario totalmente hegemonizado por el oficialismo.

Y cuando se observa cómo el alperovichismo fue deglutiendo instituciones desde 2003 a la fecha, sumando adeptos a su causa -de todos las ideologías- y cómo convirtió al PJ en una máquina de ganar elecciones, la pregunta a hacerse no parece ser ¿qué hace la oposición para ser opción en 2011? sino ¿qué margen de acción les deja el oficialismo para hacer política y proselitismo?

Sólo los eventuales tropiezos de la gestión (posible descontento popular, denuncias de supuestos hechos de corrupción o acciones equivocadas en la administración) pueden resultar usufructuados por los opositores, ya que en los papeles no manejan la distribución de subsidios, de pensiones graciables, de planes sociales. Además, tampoco pueden llevar adelante obras. Todo eso lo puede hacer la provincia gracias a la inapreciable ayuda de la Nación; y esa mano parece que seguirá tendida hacia el gobernador, José Alperovich.

Será difícil pelear el año entrante contra ese gigante, portentoso en recursos y con una clientela institucionalizada inmensa. Aclaración: no es en desmedro de la oposición hacer proyecciones y sugerir que la victoria del oficialismo en agosto (o en septiembre) pueda ser aplastante. Es como salir a la guerra con una pistolita de agua, intentando "mojar" -por así decirlo- algún cargo.

Tal vez no haya que cargar tanto las tintas sobre la oposición, ya de por sí debilitada y reducida a una mínima expresión (institucional, no política), sino fijarse en la forma en que Alperovich fue acumulando espacios de poder, convirtiendo a la Legislatura en un despacho más del Ejecutivo e "infiltrando" al Poder Judicial. "Alperovich lo hizo", se podría decir, parafraseando un idea que se popularizó durante el menemismo. El concepto de poder del riojano fue emulado por quienes lo siguieron, y aunque el ex presidente haya quedado terriblemente devaluado, por la forma en que condujo la gestión y al peronismo y ejerció el poder, sigue marcando rumbos, con algún retoque -ideológico, político o económico- a sus sucesores. El mandatario tucumano no escapa a esa tradición verticalista y, como bien se dice hoy en voz baja sólo por vergüenza: "menemistas fueron todos". Ni Néstor Kirchner puede negarlo.

Alperovich, desde 2003 a la fecha, se sacó de encima a sus "socios" Julio Miranda y a Fernando Juri, reformó la Constitución provincial y habilitó su reelección -y capaz que intente repetir la hazaña-, se quedó con el PJ, dispone de una Cámara propia, tiene a un amigo de presidente de la Corte Suprema de Justicia, tiene el acople para seducir a opositores, y va por su tercer período. ¿Hay algo que pueda hacer la oposición para evitarlo? Un esfuerzo tremendo, con seguridad, porque juega un partido desigual, algo así como si un combinado de vecinos del barrio 0?Connor jugara contra la selección de fútbol de España (bueno con la campeona del mundo, no con la de ayer). Necesitarán de mucha imaginación, y de alguno que otro milagro político.

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