"Es preocupante que un porcentaje tan bajo de concursantes calificara de modo aceptable", advierte el rector de la Universidad San Pablo-T, Juan Pablo Lichtmajer.
Para el politólogo, el asunto debe ser encarado desde tres ángulos. El primero: diversificar los contenidos académicos. "Hay un excesivo privilegio de la formación del abogado como litigante, en desmedro de otras aplicaciones del Derecho, como el referido a las empresas, al medio ambiente, la resolución alternativa de conflictos y las Relaciones Internacionales", dijo.
En según lugar, el académico advierte que se está ante una profesión en la que se valora de manera desmesurada la actividad profesional por sobre la académica. "Hay abogados destacados por su actividad en Tribunales, que no necesariamente han acompañado esa tarea con capacitación e investigación. O sea, se prioriza el ejercicio sobre la formación", diagnosticó.
"Sin conocer estadísticas de la selección, entiendo que la oferta de posgrados no cubre la demanda. Me atrevo a decir que el tener o no un posgrado debe haber sido clave para que más de la mitad haya quedado afuera", aseveró.
Según Lichtmajer, "el problema es grave y estructural". Por eso, en tercer término, postuló que las facultades deben tener planes de estudio, de grado y de posgrado, que atiendan la innovación en el Derecho. "La mayoría de los postulantes fracasó porque no preguntan cuántos juicios ganaron sino si hicieron un doctorado", puntualizó.
"Un sistema bueno"
Consultado por LA GACETA, el decano de la Facultad de Derecho de la UNT, José Luis Vázquez, precisó que no conocía el contenido de los exámenes, por lo que no podía abrir juicio de valor al respecto.
"La única evaluación que puedo hacer es que los concursos son un sistema bueno: forma una mejor calidad de jueces. Todo examen tiene imponderables, tanto del lado de los jurados como de los postulantes. El tiempo y la experiencia perfeccionan el método", afirmó.
Para el politólogo, el asunto debe ser encarado desde tres ángulos. El primero: diversificar los contenidos académicos. "Hay un excesivo privilegio de la formación del abogado como litigante, en desmedro de otras aplicaciones del Derecho, como el referido a las empresas, al medio ambiente, la resolución alternativa de conflictos y las Relaciones Internacionales", dijo.
En según lugar, el académico advierte que se está ante una profesión en la que se valora de manera desmesurada la actividad profesional por sobre la académica. "Hay abogados destacados por su actividad en Tribunales, que no necesariamente han acompañado esa tarea con capacitación e investigación. O sea, se prioriza el ejercicio sobre la formación", diagnosticó.
"Sin conocer estadísticas de la selección, entiendo que la oferta de posgrados no cubre la demanda. Me atrevo a decir que el tener o no un posgrado debe haber sido clave para que más de la mitad haya quedado afuera", aseveró.
Según Lichtmajer, "el problema es grave y estructural". Por eso, en tercer término, postuló que las facultades deben tener planes de estudio, de grado y de posgrado, que atiendan la innovación en el Derecho. "La mayoría de los postulantes fracasó porque no preguntan cuántos juicios ganaron sino si hicieron un doctorado", puntualizó.
"Un sistema bueno"
Consultado por LA GACETA, el decano de la Facultad de Derecho de la UNT, José Luis Vázquez, precisó que no conocía el contenido de los exámenes, por lo que no podía abrir juicio de valor al respecto.
"La única evaluación que puedo hacer es que los concursos son un sistema bueno: forma una mejor calidad de jueces. Todo examen tiene imponderables, tanto del lado de los jurados como de los postulantes. El tiempo y la experiencia perfeccionan el método", afirmó.








