13 Junio 2010 Seguir en 

Cuenta la leyenda que por sus venas argentinas fluye el chorro de sangre azul que heredó de su padre, poseedor de un título nobiliario de origen ruso. Y como nobleza obliga, Eugenia de Chikoff ha labrado su prestigio nacional a partir de la divulgación y enseñanza de las reglas de urbanidad. Ella, que se resiste a verlas como una sofisticación patricia, defiende su carácter básico y primordial hasta el extremo de aseverar: "la buena educación distingue a la persona del mono pensante".
Lejos de la exquisitez y el glamour, "la condesa", como todos la llaman, se expresa de un modo llano y espontáneo, y se define a sí misma como una mujer exigente y sincera, que, sin embargo, nunca revela su edad.
Desde su domicilio en la Ciudad de Buenos Aires, De Chikoff explica por teléfono a LA GACETA que la sociedad que no promueve los buenos modales se expone a convertirse en un jardín zoológico. "La gente sin educación puede llegar a comportarse como el animal que hace sus necesidades al aire libre", advierte sin vacilar.
- ¿Quién tiene la obligación de enseñar los buenos modales?
- La primera educadora es la madre, que enseña a decir "buenos días", "por favor" y "gracias". Esas son las reglas básicas, junto con los diez mandamientos. Estas raíces se transmiten de generación en generación, pero, a medida que avanza en la instrucción, el ser humano aprende otras formas de comportarse; pule la educación casera, por ejemplo, comprendiendo que dar la mano no significa estrujar o que para decir "sí" o "no" no hace falta menear la cabeza como un burro.
- ¿Qué otras reglas de trato social deben ser incorporadas a la vida cotidiana?
- Tampoco hay que gesticular porque hemos recibido la voz para hablar. La gesticulación está bien en el teatro. Debemos sonreír como una Gioconda y no comentar nuestros problemas personales al primero que se acerca. Es decir, preservar la privacidad propia y ajena, que supone no hablar nunca mal de la persona ausente. Estas reglas enseñan también que el dinero no hace a la persona; el dinero a veces fabrica guarangos. La gente educada jamás es guaranga y la mona vestida de seda, mona queda.
- ¿Cuál es su norma preferida?
- Todas las reglas son necesarias. Si uno es invitado a comer a una casa desconocida, debe preguntar dónde está el baño antes de sentarse a la mesa por las dudas necesite usarlo con urgencia. También es fundamental dejar ese recinto tal y como se encontraba antes. En la vida siempre hay que pensar en el que viene después de uno. Tal vez esta sea la máxima que más me guste.
- Muchos ciudadanos creen que los buenos modales están en peligro de extinción. ¿Coincide?
- Antaño existían reglas de urbanidad fundadas en el principio de que todas las personas tienen los mismos derechos. No sé por qué desaparecieron, por qué la sociedad permite el uso permanente de las malas palabras. Hoy en día es raro el que no las pronuncia a cada rato. Pero esa forma de hablar es propia de un huno, de un salvaje, de un bárbaro. Pocos se preocupan por emplear los epítetos correctos. ¿Por qué usamos "fenómeno" y no "correcto" y "estupendo"? ¡Es tan rico el idioma castellano! Pero nosotros lo destruimos y guillotinamos todo el día.
-¿ Qué le espera al individuo que no cultiva las normas de trato social?
- Está totalmente desprotegido. El que no tiene modales, no tiene futuro. Todo cuesta mucho más: desde conseguir un trabajo hasta construir amistades. La grosería es impiadosa con el que la practica. La educación, por el contrario, abre las puertas en cualquier lugar del mundo. No creo que la vida contemporánea tenga la culpa de la falta de modales: yo estoy en la vorágine de 2010, pero dispongo de una formación que me contiene. Nada puede cambiar mis convicciones. La persona educada mantiene sus principios hasta la sepultura. Y el que carece de educación, siempre puede aprender lo que le falta. No hay seres superiores e inferiores: todos nacemos del útero materno, tanto el rey como el pordiosero. Sólo la educación, insisto, distingue a los seres humanos.
Lejos de la exquisitez y el glamour, "la condesa", como todos la llaman, se expresa de un modo llano y espontáneo, y se define a sí misma como una mujer exigente y sincera, que, sin embargo, nunca revela su edad.
Desde su domicilio en la Ciudad de Buenos Aires, De Chikoff explica por teléfono a LA GACETA que la sociedad que no promueve los buenos modales se expone a convertirse en un jardín zoológico. "La gente sin educación puede llegar a comportarse como el animal que hace sus necesidades al aire libre", advierte sin vacilar.
- ¿Quién tiene la obligación de enseñar los buenos modales?
- La primera educadora es la madre, que enseña a decir "buenos días", "por favor" y "gracias". Esas son las reglas básicas, junto con los diez mandamientos. Estas raíces se transmiten de generación en generación, pero, a medida que avanza en la instrucción, el ser humano aprende otras formas de comportarse; pule la educación casera, por ejemplo, comprendiendo que dar la mano no significa estrujar o que para decir "sí" o "no" no hace falta menear la cabeza como un burro.
- ¿Qué otras reglas de trato social deben ser incorporadas a la vida cotidiana?
- Tampoco hay que gesticular porque hemos recibido la voz para hablar. La gesticulación está bien en el teatro. Debemos sonreír como una Gioconda y no comentar nuestros problemas personales al primero que se acerca. Es decir, preservar la privacidad propia y ajena, que supone no hablar nunca mal de la persona ausente. Estas reglas enseñan también que el dinero no hace a la persona; el dinero a veces fabrica guarangos. La gente educada jamás es guaranga y la mona vestida de seda, mona queda.
- ¿Cuál es su norma preferida?
- Todas las reglas son necesarias. Si uno es invitado a comer a una casa desconocida, debe preguntar dónde está el baño antes de sentarse a la mesa por las dudas necesite usarlo con urgencia. También es fundamental dejar ese recinto tal y como se encontraba antes. En la vida siempre hay que pensar en el que viene después de uno. Tal vez esta sea la máxima que más me guste.
- Muchos ciudadanos creen que los buenos modales están en peligro de extinción. ¿Coincide?
- Antaño existían reglas de urbanidad fundadas en el principio de que todas las personas tienen los mismos derechos. No sé por qué desaparecieron, por qué la sociedad permite el uso permanente de las malas palabras. Hoy en día es raro el que no las pronuncia a cada rato. Pero esa forma de hablar es propia de un huno, de un salvaje, de un bárbaro. Pocos se preocupan por emplear los epítetos correctos. ¿Por qué usamos "fenómeno" y no "correcto" y "estupendo"? ¡Es tan rico el idioma castellano! Pero nosotros lo destruimos y guillotinamos todo el día.
-¿ Qué le espera al individuo que no cultiva las normas de trato social?
- Está totalmente desprotegido. El que no tiene modales, no tiene futuro. Todo cuesta mucho más: desde conseguir un trabajo hasta construir amistades. La grosería es impiadosa con el que la practica. La educación, por el contrario, abre las puertas en cualquier lugar del mundo. No creo que la vida contemporánea tenga la culpa de la falta de modales: yo estoy en la vorágine de 2010, pero dispongo de una formación que me contiene. Nada puede cambiar mis convicciones. La persona educada mantiene sus principios hasta la sepultura. Y el que carece de educación, siempre puede aprender lo que le falta. No hay seres superiores e inferiores: todos nacemos del útero materno, tanto el rey como el pordiosero. Sólo la educación, insisto, distingue a los seres humanos.
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