27 Abril 2003 Seguir en 
La vieja historia de descontrol inflacionario causa un temor desmesurado a la política monetaria expansiva, de la que sólo se espera la suba generalizada de los precios. Por ello, resulta útil recordar que se debe analizar el mercado de dinero y la inflación no sólo a través de la oferta de dinero. Por el contrario, resulta imprescindible la incorporación adecuada de la demanda de dinero.
La reactivación de la economía, aunque incipiente, genera una mayor demanda de dinero que sigue al mayor nivel de actividad. Entonces, un aumento de la oferta monetaria como respuesta a esa demanda, no tiene por qué acarrear mayor inflación. Esta se produce cuando la nueva emisión no es demandada por la gente, que lo gasta inmediatamente.
Si en lugar de gastarse en bienes y servicio doméstico, el dinero emitido se destina a la compra de dólares, lo que se observaría ante nuestro régimen actual de flotación del precio de la divisa es un aumento del tipo de cambio. Pero la estabilidad del precio del dólar y su leve tendencia a bajar son un signo claro de que lo que existe es una presión más de oferta que de demanda de dólares.
Una mayor oferta monetaria por parte del Banco Central, como la anunciada, suena a sensatez; sobre todo ante la falta de crédito. Una política monetaria restrictiva causaría efectos recesivos ante la conocida inflexibilidad de los precios hacia la baja; se abortaría, una vez más, la muy ansiada recuperación del crecimiento de la economía nacional. Y el dólar acentuaría la actual tendencia a bajar, agravando la situación fiscal.
La reactivación de la economía, aunque incipiente, genera una mayor demanda de dinero que sigue al mayor nivel de actividad. Entonces, un aumento de la oferta monetaria como respuesta a esa demanda, no tiene por qué acarrear mayor inflación. Esta se produce cuando la nueva emisión no es demandada por la gente, que lo gasta inmediatamente.
Si en lugar de gastarse en bienes y servicio doméstico, el dinero emitido se destina a la compra de dólares, lo que se observaría ante nuestro régimen actual de flotación del precio de la divisa es un aumento del tipo de cambio. Pero la estabilidad del precio del dólar y su leve tendencia a bajar son un signo claro de que lo que existe es una presión más de oferta que de demanda de dólares.
Una mayor oferta monetaria por parte del Banco Central, como la anunciada, suena a sensatez; sobre todo ante la falta de crédito. Una política monetaria restrictiva causaría efectos recesivos ante la conocida inflexibilidad de los precios hacia la baja; se abortaría, una vez más, la muy ansiada recuperación del crecimiento de la economía nacional. Y el dólar acentuaría la actual tendencia a bajar, agravando la situación fiscal.







