Frente a otra oportunidad

Muchos no advierten la gravedad de la crisis. Los empresarios deberán mejorar su eficiencia. (Por Luis Alberto Peña. Jefe de Redacción).

27 Abril 2003
Tucumán está de rodillas y le costará mucho ponerse de pie. Hoy se dará un paso para resolver, dentro del sistema democrático, como la sociedad quiere, la crisis política, social y económica. Esta vez se esfumaron los grandes partidos: el peronismo y el radicalismo están fragmentados.
En un proceso electoral complicado, con candidatos que no logran sacar diferencias que definan al toque al ganador, la segunda vuelta creará renovados desafíos sobre la legitimidad del que triunfe y la gobernabilidad.
En el mundo de los negocios se espera que retornen la racionalidad y la confianza. No se sabe si los políticos son conscientes de las dificultades y de lo que tendrán que remar para: 1) atender la coyuntura y 2) encontrar soluciones de fondo.
Lo que ocurra en los próximos meses con la economía definirá la suerte de las empresas y los niveles de empleo de miles de tucumanos.Los futuros gobernantes no harán lo que quieren ni lo que prometen, sino lo que puedan, o lo que la realidad y el FMI los dejen hacer.

Volcán en erupción
La estructura empresaria tucumana está intacta, pese a que sobrellevó sufrimientos peores que cruzar el desierto sin agua o vivir dentro un volcán en erupción. Está quebrada, pero, milagrosamente, sobrevivió.
Se siente golpeada, empobrecida, desalentada, confundida, endeudada y furiosa, pero no está tan estropeada y puede funcionar. Muchas firmas, de todos los tamaños, desaparecieron.
No aguantaron los efectos tequila, caipiriña y vodka, la inestabilidad económica y política, la locura del costo financiero, los vaivenes del dólar, le recesión y los exabruptos de los dirigentes.
Varias industrias tucumanas y el agro, además de los que sustituyen importaciones o trabajan para ramas cautivas del mercado interno, disfrutan con la política trazada por Eduardo Duhalde.
Las cadenas de producción azucarera, citrícola, textil, metalúrgica, alimentaria, camiones, papel y minería están trabajando con viento a favor.
En el sector servicios (bancos quebrados, comercio, empresas privatizadas, transportes, educación, salud) sólo hay preocupación. La devaluación destrozó sus negocios.
El futuro es inestable, por la herencia terrible que recibirá la futura administración. También se determinará si es permanente la recuperación de las industrias que desplazaron a las importaciones, por la suba del dólar.
Con el tiempo, el tipo de cambio descenderá a un nivel normal y bajarán las trabas para importar. La caída del 30% del salario por la devaluación creó ventajas que no se podrán sostener. El congelamiento de sueldos, jubilaciones y tarifas de servicios es inviable en el tiempo.
Los empresarios deberán mejorar su eficiencia y competir en base a costos y variables normales, que no estén disfrazados.
Para que cierren los números del Estado, quebrado y en default, faltan reformas y acciones para terminar con la evasión. De otra forma, de nuevo quebrará las reglas, estafará a los ciudadanos y les confiscará sus bienes, se endeudará, emitirá bonos para financiar el déficit y presionará con nuevos tributos. Tampoco podrá atender la crisis social y evitar la inseguridad.
El sector privado exige créditos para invertir, reglas claras, impuestos razonables, seguridad jurídica, menos corrupción y mercados que no sean alterados por la irracionalidad de los funcionarios.
La economía concentra las consecuencias de la crisis. La gente votará, como siempre, con la esperanza de que se produzca un cambio profundo y que la vida sea más tolerable.

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