Los Simpson, el fenómeno

La revista Time la eligió como la mejor serie del siglo XX. Con más de dos décadas al aire tiene el récord Guiness de permanencia para una comedia televisiva y es seguida por millones de televidentes de todo el mundo. La serie creada por Matt Groening es un fenómeno cultural complejo que refleja la sociedad en que vivimos.

06 Junio 2010
El reverso de la familia Ingalls

Por Mario Kostzer
Para LA GACETA - Tucumán

No quiero caer en la exageración de decir que los Simpson me cambiaron la vida, aunque debería reconocer que al menos me sirvieron. Providencialmente se aparecieron dos años antes de que me convirtiera en padre -hito ya muy fuerte en la vida de algunos hombres-. Al principio creí que era una propuesta infantil de las que abundan, pero en realidad fue diferente. No sé si atribuirlo a algún mecanismo de identificación o en todo caso de proyección que podrían llenar páginas de estudios de otro tipo. Sinceramente creo que no me preocupa detenerme a analizar esto.
Lo cierto es que otras familias habían pasado ya por el vecindario de la televisión con diferente suerte: Los supersónicos, Los locos Adams, Los Picapiedras, entre tantos otros. Debo confesar aquí que los que realmente me irritaban eran los  Ingalls. Los Ingalls eran la familia que vivía en "la Casa de la Pradera". Conformada por  seres perfectos, pulcros, intachables,  con un padre agraciado, que hacía ostentación de fortaleza y disponía de un valor ético para convidarnos en cada paso. Lo acompañaban unas niñas de miradas melancólicas -sus hijas- y una esposa dócil que completaban un esquema propuesto como la perfección misma. Todo  desparramado en el marco del lejano oeste norteamericano aunque con aspecto de campiñas salidas de algún paisaje renacentista.
Un día que se abrió una ventana, irrumpieron los Simpson con sus caras amarillas y una estética dominada por colores primarios. Un padre díscolo con su capacidad intelectual deteriorada por continuos golpes recibidos por su inocultable torpeza. Una madre que tal vez como tantas quiso ser cualquier otra cosa y logró sólo ser madre - que ya no es poca cosa. Un pícaro travieso y dos hermanitas, entre las cuales se incluye una que es la voz de la conciencia del hogar -porque alguien debe serlo-. Circundan a la familia en Springfield -la arquetípica ciudad- otros  arquetipos que bien vale la pena tenerlos en cuenta: el vecino  Ned Flanders -hombre medido, devoto, padre ejemplar, al que Matt Groening se encargó de contrastar hasta el ridículo con Homero y que bien podría haber sido  parte de aquella familia Ingalls que mencionaba antes-; el padre de Homero -un anciano que aunque vive en el mundo desarrollado padece los problemas que uno solo espera ver en geografías más cercanas-. No puede faltar un villano y el rol lo asume el empleador de Homero, el multimillonario Señor Burns. Policía corrupto es una definición casi tautológica en la serie. La misma consideración cabe al rol de funcionarios de la ciudad o bien del mismo colegio al que acude Bart.
 Los dibujitos animados que ven los niños son valorados por su exagerada violencia. Las pasiones, inclusive las que algunos consideran bajas, no se tratan de disimular. La vida transcurre en Springfield y en la misma familia Simpson como transcurren nuestras propias vidas. Los héroes son de carne y hueso y la cortina de la hipocresía se ha corrido para mostrarnos en ese espejo tal y como somos. Esto primero nos alivia de una gran carga y, luego de reírnos, nos da la oportunidad de conocernos.
                
© LA GACETA

Mario Kostzer - Escritor, editor y librero. Es autor de best sellers como El Chanta argentino, Así no hay cuerpo que aguante y Chicos insoportables.

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