El final de Lost

Después de seis años de éxito arrollador, el martes de esta semana se transmitió el último capítulo de la serie televisiva norteamericana que mantuvo cautivos a millones de televidentes en todo el mundo.

30 Mayo 2010
Rompiendo moldes ante el fantasma de la copia

Por Rogelio Ramos Signes
Para LA GACETA - Tucumán

Cuando se trabaja con un material tan rico en posibilidades es difícil cubrir las expectativas de todos los consumidores. Lost no es la excepción. Tal vez por eso el final de la serie no sea el punto a considerar, sino las características de las adhesiones que fue despertando a lo largo de seis temporadas
El vuelo 815 de la empresa Oceanic Airlines, que viaja de Sidney a Los Ángeles, se estrella en una isla del Pacífico e inaugura una nueva manera de contar historias. Es más, sin que tengamos la certeza de que dicho vuelo se llevó a cabo, ya se ha convertido en el vuelo de los vuelos.
Los personajes, diferentes entre sí y muy definidos en el comienzo, mutaron constantemente, transitando una gama de posibilidades que los fue convirtiendo en seres adorables y detestables al mismo tiempo. En otras palabras: fueron imprevisibles.
Esta serie sobre la que mucho se ha hablado, sobre la que tantos estudios, ensayos y artículos sesudos se han escrito, es (tras bambalinas) el paraíso de todo guionista.
Sucede que aquí no hay límite para la imaginación; y aunque se sabe que varios puntos quedarán sin aclarar, poco importa. El fenómeno social que ha despertado no puede detenerse en el consabido final feliz, sea cual sea la idea de felicidad que tengamos.
Los personajes, a veces a punto de desaparecer, vuelven una y otra vez, reciclados, cambiados, contradictorios, favorecidos por saltos en el tiempo que no sólo van hacia atrás o hacia adelante (algo típico de la literatura de ciencia ficción), sino que pueden saltar hacia los dos lados al mismo tiempo, sin perder su conexión con el presente; ese otro tiempo que no debemos olvidar.
Como escritor envidio este tipo de libertad; la libertad que los productores le dieron a los guionistas para que volaran sin límites. Y ellos, a sabiendas de que nada era definitivo, se estrellaron una y mil veces y renacieron a través de sus personajes; porque no debemos olvidar que, al menos desde el Quijote para acá, los personajes son los que hacen gala de su libre albedrío, mientras que los escritores somos simples escribas puestos a cronicar esos avatares.
Cada espectador tiene su temporada favorita, tal vez porque hasta allí logró seguir el hilo lógico de la historia que creía entender. Y así como la tercera es la que más se aproxima a las historias de aventuras, la cuarta temporada es mi favorita, la que muestra a los sobrevivientes que lograron salir de la isla. No obstante, a diferencia de lo ya dicho, me gusta esa cuarta temporada porque a partir de ella no tengo ninguna certeza acerca de la historia narrada; es el caos de un nuevo big bang que baraja y da de nuevo.
Asimismo, todos tenemos nuestros personajes favoritos. Como una continuación de los héroes de historietas degustados en la infancia, esos personajes representan alguna parte de nosotros mismos a la hora de enfrentarnos con un hecho crucial. Llegado a este punto debo confesar mi preferencia: me quedo con Kate Austen, interpretada por la modelo canadiense Evangeline Lily. De haber sido su guionista, le hubiese reservado los mejores capítulos. Así somos de elementales cuando nos enamoramos de un personaje.
Creo que los escritores, al ser varios, contribuyeron a la riqueza de esta serie. Al mismo tiempo, la gran cantidad de recursos (sobre todo argumentales) hará muy difícil la tarea de quienes deban guionar historias de este tipo de aquí en más. El molde puede romperse tras esta primera experiencia, y el fantasma de la copia estará siempre presente.
Ignoro si la mejor literatura actual, como algunos afirman, se está haciendo hoy en series de televisión. Tal vez el talento narrativo, con espíritu vendedor, esté necesitando este formato para escapar a la "morosidad" propia de la lectura. En tiempos tan veloces como los que vivimos, todo es posible. De más está decir que me resisto a aceptar esa posibilidad.
Palabra por palabra hasta configurar una frase; frase por frase hasta completar una idea; e idea por idea, impresa sobre un papel, sigue siendo hoy por hoy, y como van las cosas hasta el fin de mi tiempo, la mejor forma que conozco para entender la literatura.

© LA GACETA

Rogelio Ramos Signes
- Cuentista, novelista, poeta y ensayista. Con su última novela, Por amor a Bulgaria, ganó el premio Tejada 2009.

Los números de la serie

16 millones
son los televidentes promedio que vieron cada capítulo de la primera temporada (2004) en los Estados Unidos.

9,8 millones
son los espectadores estadounidenses que vieron el primer capítulo de la temporada 2010.

950.000
son los dólares que costaron los 30 segundos de publicidad del último capítulo.

18 - 49
es la franja etaria en la que tiene más éxito.

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