20 Abril 2003 Seguir en 
Uno de los pilares discursivos modernos en favor de la democratización de la economía se asentó siempre sobre la visión de un sistema de intercambios donde todos participan y donde la recompensa material que cada uno obtiene se corresponde exactamente con la contribución marginal en la producción de bienes y servicios.
En términos idealizados, en el sistema económico moderno cada individuo actúa con absoluta libertad, sin tutelas ni imposiciones nacidas de la autoridad política. Para ello resulta imprescindible la participación plena y voluntaria de los sujetos económicos, capaces de elegir libremente lo que consideran más conveniente para sí mismos y para la comunidad.
Las instituciones jurídicas y políticas tienen que estar al servicio de los valores que permiten acercarse a este ideal, centrado en la libertad individual y la justicia social. En un sistema político democrático, esto sólo se consigue a través de la continua participación de la gente, garantía última de control del funcionamiento de las instituciones clave.
En la Argentina, por razones difíciles de explicar, la participación en los asuntos políticos deja mucho que desear. Mucha gente se desentiende de esto y sólo se inquieta cuando es llamada a votar. Entonces, un argumento usado y por demás simplista consiste en asociar de manera directa y mecánica la situación personal con el presidente o político de turno.
Un mal endémico
Limitada la participación política al momento del voto, no queda mucho más que razonar de esta forma: "si a mí me fue mejor cuando estaba tal candidato, él es mi elegido". De esta forma es muy poco lo que se puede esperar para superar la profunda crisis socioeconómica y política del país.
En estas elecciones se instaló la idea de que para asegurar la gobernabilidad es necesario elegir un candidato que no se oponga demasiado al statu quo dominado por facciones mafiosas, enquistadas en el poder político y económico. Si a la falta endémica de participación se le suma esta suerte de chantaje colectivo que cierra virtualmente las puertas de todo cambio, la democracia seguirá irremediablemente perdiendo vigor.
La visión económica de sujetos libres y soberanos seguirá formando parte de las clases cándidas de Introducción a la Economía que, sin pudor, se imparten en nuestras universidades.
En términos idealizados, en el sistema económico moderno cada individuo actúa con absoluta libertad, sin tutelas ni imposiciones nacidas de la autoridad política. Para ello resulta imprescindible la participación plena y voluntaria de los sujetos económicos, capaces de elegir libremente lo que consideran más conveniente para sí mismos y para la comunidad.
Las instituciones jurídicas y políticas tienen que estar al servicio de los valores que permiten acercarse a este ideal, centrado en la libertad individual y la justicia social. En un sistema político democrático, esto sólo se consigue a través de la continua participación de la gente, garantía última de control del funcionamiento de las instituciones clave.
En la Argentina, por razones difíciles de explicar, la participación en los asuntos políticos deja mucho que desear. Mucha gente se desentiende de esto y sólo se inquieta cuando es llamada a votar. Entonces, un argumento usado y por demás simplista consiste en asociar de manera directa y mecánica la situación personal con el presidente o político de turno.
Un mal endémico
Limitada la participación política al momento del voto, no queda mucho más que razonar de esta forma: "si a mí me fue mejor cuando estaba tal candidato, él es mi elegido". De esta forma es muy poco lo que se puede esperar para superar la profunda crisis socioeconómica y política del país.
En estas elecciones se instaló la idea de que para asegurar la gobernabilidad es necesario elegir un candidato que no se oponga demasiado al statu quo dominado por facciones mafiosas, enquistadas en el poder político y económico. Si a la falta endémica de participación se le suma esta suerte de chantaje colectivo que cierra virtualmente las puertas de todo cambio, la democracia seguirá irremediablemente perdiendo vigor.
La visión económica de sujetos libres y soberanos seguirá formando parte de las clases cándidas de Introducción a la Economía que, sin pudor, se imparten en nuestras universidades.







