La Argentina debe aprender a ser un país normal

El economista afirma que el próximo gobierno afrontará demasiados problemas con una escasa fortaleza politíca. Impaciencia social.

20 Abril 2003
El economista Enrique Szewach afirma que la Argentina tiene por delante la difícil tarea de convertirse en un país normal. He aquí su opinión.


- ¿Cómo está la economía a una semana de las elecciones?
- A tan pocos días de la primera vuelta electoral llegó la hora de mirar bien. Y no sólo la coyuntura y la herencia que Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna le dejarán al futuro gobierno, en especial en materia de cuestiones no resueltas, sino también la política económica de los candidatos. La verdad es que, en general, es una campaña electoral vacía de contenido. También sobresale la necesidad de todos los candidatos, en especial de los justicialistas, de parecerse más que diferenciarse. Esto, por un lado, es para estar en condiciones de atraer a los votantes de los otros en una eventual segunda vuelta. Y, en segundo lugar, para no meter la pata frente a un electorado extremadamente volátil y contradictorio en sus preferencias. Todo esto hace difícil describir las diferencias en la política económica de lo que vendrá, más allá de algunos exabruptos nacionalistas de Adolfo Rodríguez Saá y de Néstor Kirchner, o de los arranques socializantes de Lilita Carrió.

- ¿Pero, en concreto, no advierte ninguna diferencia?
- Lo que está claro, en función de las promesas electorales, es que esta vez no habrá señales potentes de cambio de régimen, al estilo de los planes Austral o de Convertibilidad, aunque algunos candidatos son, en sí mismo, una fuerte señal de cambio, como López Murphy o Carrió; claro, en dos extremos distantes de la política económica. El modelo Harry Potter está desgastado en la Argentina después de la experiencia Domingo Cavallo-José Luis Machinea-Cavallo. Pero no es menos cierto que esta demanda por un país normal, sin atajos raros y sin emergencias, que viene del exterior y que en alguna medida ha prendido en la sociedad argentina es, paradójicamente, lo más mágico que, de lograrlo, la Argentina haría en los próximos años.

- ¿Por qué dice eso?
- En las últimas décadas, la Argentina nunca fue en términos de política económica un país normal. Es más, el primer discurso del primer ministro de Economía del Presidente Duhalde auguraba que se "iba a hacer lo que se hace en los países normales". No obstante, al mismo tiempo ponía en práctica la violación de todos los contratos, una maxidevaluación, la pesificación asimétrica, la indexación asimétrica, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, etcétera, etcétera, etcétera...

- ¿Qué significaría emprender el camino hacia la normalidad?
- En primer lugar, un largo proceso de reconstrucción institucional de la cuestión fiscal hasta el sistema financiero, pasando por la relación nación-provincias y con los acreedores, los contratos de los servicios públicos y el sistema de fondos de pensiones, sólo por mencionar una lista no taxativa de temas importantes. Todo ello lleva mucho tiempo y la clave está en saber si la sociedad, por un lado, y la debilidad política en la que parece que nacerá el próximo gobierno (cualquiera sea este), por el otro, dará ese tiempo. Esa es la gran pregunta del momento.

- ¿Cómo influye en todo esto la actual coyuntura?
- Un elemento clave es saber si la actual reactivación sin crédito, basada exclusivamente en la sustitución de importaciones, en la rentabilidad del sector exportador -incluyendo el turismo- y en la construcción y refacción de viviendas a partir de la falta de ahorro en dólares de la clase media alta, puede sostenerse lo suficiente como para que caiga la tasa de desempleo y mejoren los ingresos de los sectores más rezagados de la población; mientras tanto, deberían surtir efecto las reformas institucionales que se realicen. La respuesta es una incógnita, pero todo dependerá del grado de credibilidad que logre el nuevo gobierno y del diseño e instrumentación de dicha reconstrucción institucional, para poder enganchar la actual reactivación con el crecimiento.

- Entonces, ¿no se puede hacer ningún pronóstico serio?
- Ocurre que la cuenta final de la feroz redistribución de la riqueza en favor de los deudores del sistema financiero -y en contra de los depositantes y acreedores internos y externos- sólo se conocerá cuando se empiecen a pagar la nueva y la vieja deuda, dependiendo de la institución fiscal que se cree. Además, la regresiva distribución del ingreso, surgida de la actual estructura de precios relativos, parece ser insostenible desde el punto de vista de la oferta de largo plazo de los servicios públicos y del tamaño del mercado interno.

- ¿En definitiva, qué puede pasar en la Argentina?
- Se parte desde un punto muy alejado del equilibrio. Entonces, todo hace suponer que, paradójicamente, habrá que usar todos los poderes de Harry Potter para que la magia consista en convertir en exitoso un intento de política económica inédito en la Argentina: la de tratar de emprender la larga marcha hacia un país normal. El problema es que Voldemort está en los detalles.

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