IMPUNIDAD. La venta callejera de DVD crece sin control en Tucumán.
12 Marzo 2010 Seguir en 

"Las calles fueron abandonadas por las autoridades", dijo el responsable de un videoclub tucumano que prefirió mantener en reserva su nombre. El comerciante afirmó, incluso, que vio en dependencias oficiales a policías eligiendo DVD truchos, en lugar de hacer cumplir la ley que prohíbe fabricar y vender copias sin autorización.
La situación, según fuentes consultadas por LA GACETA, es similar en todo el país, con la única excepción de la ciudad de Rosario (Santa Fe), donde se realizan controles estrictos y periódicos.
"Con esta gente no se puede competir, y los videoclubes subsisten porque hay gente que valora la calidad o busca películas que no se venden en la calle porque no son estrenos o taquilleras. Pero así esto no va a durar mucho tiempo, y los amantes del cine lo van a terminar lamentando", señaló el responsable de otro local que tampoco quiso ser identificado.
Raquel Tahafá, encargada de Zelig (Junín 308), reconoció que por la piratería se alquilan menos películas. "Uno trata de darle una vuelta al asunto con promociones. Por ejemplo, alquilás un estreno y te llevás un filme viejo gratis. Pero si sigue así, va a desaparecer el videoclub. Lo feo es que el negocio ilegal funciona porque la gente los compra y nadie hace nada para impedirlo. Es una pena, un día ya no va a ver videoclubes y la gente no va a saber qué pasó", remarcó.
"La piratería bajó un poco nuestras ventas, pero la gente sigue alquilando. Pero igual no es lo mismo", planteó una de las empleadas de otro local de Zelig (Mate de Luna al 2200).
Todos ellos coincidieron en que las autoridades deberían hacer cumplir la ley y combatir con seriedad el mercado negro.
Sin embargo, hay quienes no se sienten afectados por la industria pirata del cine. "No nos perjudica el negocio. Actualmente tenemos cinco o seis socios nuevos por día. La gente prefiere ver la película con mayor calidad", afirmó Miguel Sotillo, empleado de DVD Movies (Corrientes y Monteagudo).
La situación, según fuentes consultadas por LA GACETA, es similar en todo el país, con la única excepción de la ciudad de Rosario (Santa Fe), donde se realizan controles estrictos y periódicos.
"Con esta gente no se puede competir, y los videoclubes subsisten porque hay gente que valora la calidad o busca películas que no se venden en la calle porque no son estrenos o taquilleras. Pero así esto no va a durar mucho tiempo, y los amantes del cine lo van a terminar lamentando", señaló el responsable de otro local que tampoco quiso ser identificado.
Raquel Tahafá, encargada de Zelig (Junín 308), reconoció que por la piratería se alquilan menos películas. "Uno trata de darle una vuelta al asunto con promociones. Por ejemplo, alquilás un estreno y te llevás un filme viejo gratis. Pero si sigue así, va a desaparecer el videoclub. Lo feo es que el negocio ilegal funciona porque la gente los compra y nadie hace nada para impedirlo. Es una pena, un día ya no va a ver videoclubes y la gente no va a saber qué pasó", remarcó.
"La piratería bajó un poco nuestras ventas, pero la gente sigue alquilando. Pero igual no es lo mismo", planteó una de las empleadas de otro local de Zelig (Mate de Luna al 2200).
Todos ellos coincidieron en que las autoridades deberían hacer cumplir la ley y combatir con seriedad el mercado negro.
Sin embargo, hay quienes no se sienten afectados por la industria pirata del cine. "No nos perjudica el negocio. Actualmente tenemos cinco o seis socios nuevos por día. La gente prefiere ver la película con mayor calidad", afirmó Miguel Sotillo, empleado de DVD Movies (Corrientes y Monteagudo).
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