Un nuevo e innecesario arrebato de las reservas

Un nuevo e innecesario arrebato de las reservas

Por Luis Garcia Hamilton, master en la universidad de Oxford y asesor financiero.

04 Marzo 2010
Con la firma de dos nuevos decretos, el gobierno nacional suplantó el DNU que daba origen al Fondo del Bicentenario y logró así apropiarse de las codiciadas reservas del Banco Central. La nueva medida del gobierno es otra muestra de autoritarismo y prepotencia, que evidencia la leve consideración del gobierno por las instituciones. Esta nueva bribonada podría tener efectos ruinosos sobre la economía real.

El primer y más palpable resultado sería una "disparada" inflacionaria y depreciación del peso, pues al reducirse las reservas en US$ 6.500 millones, se estaría modificando la relación entre el dinero existente en la plaza y su contrapartida en divisas resguardada por el BCRA. De acuerdo al análisis de algunas consultoras, la relación de cambio peso-dólar bajo un tipo de flotación libre equivaldría hoy a $ 4.40 por cada dólar que posee el BCRA. Con la salida de los US$ 6.500 millones, el tipo de cambio se ubicaría cerca de los $ 5.30 por dólar.

En segundo término, este nuevo atropello del Poder Ejecutivo aumenta los niveles de incertidumbre en los mercados, pues la falta de reglas claras y la arbitrariedad del funcionario diluyen la estabilidad y aumentan la inseguridad jurídica. Esta creciente incertidumbre podría acelerar la fuga de depósitos. Estimaciones privadas indican que en febrero de este año se fugaron más de US$ 1.000 millones, revirtiéndose la tendencia descendente de los meses anteriores. Adicionalmente, los abusos del matrimonio gobernante llevarían a una reducción de la inversión directa en el país y contracción en la creación de empleo, pues cualquier inversionista exige reglas de juego claras para invertir.

La excusa esgrimida por el gobierno para hacerse de los fondos de BCRA, fue la de dar señales de voluntad de pago a los mercados internacionales. Pero aún cuando los mercados pueda reaccionar positivamente en las próximas ruedas, la medida del gobierno no disipa la incertidumbre de mediano y largo plazo, sino todo lo contrario. Muy probablemente la restauración de las funciones del Congreso, el respeto por la independencia del Poder Judicial, la eliminación de los "controles de precio" de Moreno, o el saneamiento del INDEC, significarían señales más contundentes hacia el mercado.

En 1876, ante el inminente default de la Argentina, el entonces Presidente de la Nación Nicolás Avellaneda, declaró ante la Asamblea Legislativa que los tenedores de bonos argentinos no debían preocuparse, porque "los dos millones de Argentinos ahorrarán en hambre y sed, ante una situación de emergencia, para honrar los compromisos de nuestra Nación en el exterior". La Argentina salvó el default y hacia 1910 era la décima economía del mundo. El mensaje de la presidenta bien podría haber ido en ese mismo sentido, evitando así un nuevo avasallamiento institucional que nos aleja cada vez más de las naciones desarrolladas.

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